Nieve

Las nevadas del otoño cubren al Pirineo con un manto blanco tras la masa de frío polar que pasa por España: "¡El invierno ya está aquí!"

Imágenes de la cámara de seguridad del Cap de Comella de La Molina, después de la nevada caída en las últimas horas. Informativos Telecinco
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PirineosEl bajón térmico que está sufriendo la Península en las últimas horas ya ha tenido sus consecuencias. Las primeras nieves del otoño han caído en las montañas de los Pirineos, como celebran desde las estaciones de esquí de la zona. El manto blanco de nieve ha cubierto las montañas por encima de los 1.900 metros. Como avanzaba la Aemet, durante estos días las temperaturas mínimas se encuentran en descenso, situación que ha provocado este paisaje que ha encandilado a los amantes de los deportes de invierno.

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Las precipitaciones débiles y dispersas que han caído a 1.400-1.600 metros han dejado grandes acumulaciones de nieve. Algunas pistas de esquí como la estación de Esquí y Montaña de Masella, situada en la vertiente norte de la Tosa d'Alp, al sur de la Baja Cerdaña, han celebrado estos acumulados a través de sus cuentas en las redes sociales.

Los glaciares del Pirineo sufren su tercera mayor pérdida de espesor desde 2012

Precisamente, estas nieves llegan después de conocerse que los glaciares pirenaicos han registrado en el año de balance 2025-2026 su tercera mayor pérdida media de espesor desde que se dispone de datos anuales, en 2012, pese a una primavera con acumulaciones de nieve récord, según la campaña de monitorización del Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CSIC).

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Los investigadores del Grupo CryoPyr sitúan este ejercicio únicamente por detrás de los años extremos de 2021-2022 y 2022-2023 y constatan pérdidas medias superiores a los dos metros en los glaciares de Ossoue, Aneto y Monte Perdido.

El balance refleja “un año de pérdidas extremas, a pesar de una primavera con nieve récord”, con valores de acumulación que a principios de marzo de 2026 alcanzaron máximos en la serie histórica, como recoge el grupo en los resultados publicados el pasado 29 de octubre. El glaciar de Ossoue, en el macizo de Vignemale, vuelve a ser el más afectado, con una pérdida media de espesor de 3,1 metros y descensos máximos de 4,9 metros.

En el Aneto, la reducción media ha sido de 2,4 metros, con un máximo de 4,8, mientras que el vecino glaciar de la Maladeta, monitorizado por la Confederación Hidrográfica del Ebro, presenta un comportamiento similar, con una pérdida promedio de 2,3 metros. Monte Perdido también ha perdido una media de 2,3 metros de espesor y ha registrado la mayor reducción local de la campaña, de seis metros, además de nuevos afloramientos rocosos en distintas zonas de su superficie.

La creciente presencia de rocas y polvo sobre glaciares

Por su parte, el pequeño glaciar de Llardana, en el macizo de Posets, ha sufrido una pérdida media de 1,5 metros y máxima de 3,4, pese a encontrarse en una ubicación favorable para la acumulación de nieve.

La campaña confirma asimismo una nueva fragmentación del Aneto, bajo el Pico del Medio, que se suma a la división registrada en 2025 bajo el Pico Coronas y prolonga “su proceso de desmembramiento en cuerpos de hielo cada vez más pequeños y aislados”.

En Monte Perdido, el cuerpo inferior occidental presenta “claros signos de degradación hacia un helero residual”, mientras que Ossoue lleva varias temporadas sin mostrar signos de movimiento aparente, aunque los investigadores mantienen su consideración de glaciar por su gran extensión.

La degradación resulta especialmente marcada en Llardana, cuya superficie está quedando prácticamente cubierta de derrubios (rocas y polvo) y que apenas conserva una zona de acumulación donde la nieve puede transformarse en hielo. Los científicos han observado, en general, una creciente presencia de rocas y polvo sobre glaciares que, debido a su escasa dinámica, ya no pueden expulsar estos materiales, lo que condiciona su evolución y provoca un oscurecimiento de la superficie.

Este proceso resulta especialmente visible en Llardana e igualmente se refleja en los glaciares del Taillón y Gabietous, donde se tomaron datos durante la campaña, al igual que en el helero de Infiernos.

Las acumulaciones de nieve de la primavera no han bastado para frenar el retroceso

Para analizar los cambios, los investigadores visitaron los glaciares a finales del verano y utilizaron drones para obtener modelos tridimensionales de alta resolución, cuya comparación con los de años anteriores permite calcular las pérdidas y ganancias de espesor.

El grupo concluye que las acumulaciones de nieve de la primavera no han bastado para frenar el retroceso, lo que pone de manifiesto “la extrema sensibilidad de los glaciares pirenaicos” ante veranos cada vez “más cálidos y prolongados”.

Los trabajos cuentan con financiación del Gobierno de Aragón y de la Agencia Estatal de Investigación, además del apoyo puntual de la Unidad Aérea de la Guardia Civil, el GREIM de Benasque y los refugios de La Renclusa y Góriz.