Desde los 18 años, Amparo está al frente de Bunyols Bienve, un negocio familiar puesto en marcha en 1928, donde elabora sus famosos buñuelos siguiendo la receta de su abuela
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Con solo 11 años, Amparo Bonet empezó a hacer buñuelos y a los 18 se tuvo que hacer cargo del negocio familiar, después de que su madre enfermara. Así ha pasado toda una vida al frente de Bunyols Bienve, que en 2028 cumplirá un siglo de historia.
Hace dos años decidió jubilarse, para descansar y poder vivir las Fallas desde la barrera, como una valenciana más. "Yo me quiero jubilar de verdad, pero no puedo", asegura.
Ya en las Fallas del año pasado se puso al frente de la caseta que montan en Reino de Valencia. "En 2025 volví porque quería cumplir la promesa que hice a mi madre de estar 50 años haciendo buñuelos en el barrio de Ruzafa", explica.
Una aniversario que sirvió de homenaje a la dedicación de esta buñolera, convertida en una institución en la ciudad.
Tras cumplir su palabra, este año esperaba disfrutar del merecido retiro, pero ha tenido que ponerse de nuevo el delantal y el gorro para seguir elaborando los mejores buñuelos de calabaza de Valencia. "Me he tenido que dar de alta de nuevo porque no hay buñoleras. No hay nadie dispuesta a seguir con este oficio tradicional y se está perdiendo. Llevamos desde octubre buscando y no hemos encontrado a nadie. Yo estoy dispuesta a enseñar a quien quiera dedicarse a esto porque hay trabajo. Hoy precisamente he quedado con dos chicas que dicen que saben hacer buñuelos, a ver si hay suerte porque hay trabajo y nos hace faltan más manos".
Afortunadamente, los cinco hijos de Amparo están involucrados en el negocio familiar. "Este año estamos trabajando la tercera, la cuarta y la quinta generación. Mis dos hijas están conmigo haciendo buñuelos y hemos incorporado a mis dos nietos que están aprendiendo, el chico ya está amasando y atendiendo a clientes y mi nieta viene también los fines de semana", explica.
Elaboración tradicional
Para elaborar estos bocados exquisitos, además del cariño, mantienen el mismo proceso que llevan años realizando. "Nosotros solo utilizamos nuestras calabazas. Yo elijo las semillas y nos las plantan cada año en Villamarxant para garantizar la máxima calidad".
Con esas calabazas elaboran a diario una crema que utilizan para amasar los buñuelos. "Tienes que hacer un puré para que realmente tengan sabor a calabaza y por eso por dentro tienen esa crema única".
Los otros ingredientes son, una limpieza escrupulosa y el aceite traído de Requena. "Solo utilizamos los mejores productos valencianos. El aceite se cambia a diario para freír los buñuelos y así mantienen todo el sabor. Yo no sé hacerlo de otra forma".
Junto a los clásicos buñuelos de calabaza, Amparo prepara con maestría unos buñuelos de higo con cazalla y mistela. "Es una receta mía. Nació en una horchatería llamada la Flor de Ruzafa. Allí desayunaba el tío Leandro que se tomaba una cazalla y yo me tomaba una mistela. Un día el tío Leandro me comentó que los higos con cazalla estarían buenos y yo pensé que con mistela también. Así que cogí un bote de cristal y puse a macerar los higos con cazalla y mistela y de ahí nacieron los buñuelos borrachos que hago desde 1976", recuerda Amparo, que advierte que "hay que tomarlos con moderación. No se venden ni a embarazadas ni a niños".
Una receta que se compromete también a transmitir a las buñoleras dispuestas a seguir una tradición que ha cuidado con mimo desde hace ya 51 años.

