Especulación inmobiliaria

Los vecinos de Patraix salvan de la especulación inmobiliaria el "espacio intercultural" Espai Sankofa: "La respuesta colectiva ha sido hermosa"

Espai Sankofa seguirá en el local que ha ocupado durante más de una década después de comprarlo. @espaisankofa
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Frente a la especulación inmobiliaria, que alcanza cotas nunca vistas en ciudades como Valencia, los vecinos del barrio de Patraix se han unido para salvar Espai Sankofa, un "espacio intercultural" colaborativo y participativo formado por diferentes organizaciones, vecinos y artistas. "Somos un espacio que la gente utiliza y disfruta. El concepto es de familia, de tribu", explica Pep Beltrán, miembro del colectivo.

Después de una década alquilados en una planta baja, la alarma saltó el pasado año cuando la propiedad les comunicó que quería venderla. Un local situado en la calle Beata Inés que, sin duda, era un caramelo para los inversores que han atestado el barrio de apartamentos turísticos. "La única opción que teníamos para seguir adelante era comprarlo", asegura Pep.

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El primer paso fue contactar con el dueño para exponerle su intención de adquirir el local. "Desde un primer momento, valoró el trabajo que estamos realizando en el barrio e hizo un esfuerzo para que nos quedáramos aquí. Nos lo pusieron fácil, dándonos un precio razonable y tiempo necesario para organizar una estrategia de compra".

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Los recursos de Espai Sankofa, sin embargo, son limitados. El proyecto se autofinancia con las aportaciones de sus miembros y no recibe ninguna subvención institucional. "No hemos pedido nunca ayudas para mantener nuestra libertad y no ponemos tampoco cuotas".

Con estas peculiaridades, contactaron con una entidad bancaria también comprometida con el barrio y sus vecinos. "Valoraron nuestra situación y nos ofrecieron una hipoteca para comprar el local, pero necesitábamos 30.000 euros para pagar los gastos de apertura y los impuestos", explica.

Crowdfunding

Con las cifras en la mano y sin dinero en el banco, hicieron un llamamiento al barrio y lanzaron un crowdfunding. "La respuesta de la gente fue terapéutica y muy potente. Recibimos donativos de 600 personas que aportaron lo que pudieron, desde 1 euro hasta 1.000", explica Pep, que aún recuerda emocionado lo conseguido. "Lo hermoso es que se ha conseguido de manera colectiva y se ha demostrado que hay un proyecto comunitario detrás que hemos podido sacar adelante, además de frenar la especulación inmobiliaria que está sufriendo el barrio".

En total, llegaron a superar la barrera de los 30.000 euros y han conseguido una hipoteca menor de lo que esperaban. "Para pagarla haremos igual que antes con el alquiler, dependemos de los donativos de la gente".

Lo que no va a cambiar es la gestión colectiva del espacio. "Hay un esfuerzo de muchas personas para sacarlo adelante. Todos somos voluntarios, nadie cobra ni un duro y es un valor añadido porque nadie depende del proyecto y se busca la rentabilidad social y no económica".

Una libertad que les permite seguir creciendo. "Cada son más colectivos y personas que se unen a nosotros. Es un orgullo", asegura Pep, que insiste en que "hemos demostrado que la comunidad organizada funciona, que los espacios culturales y vecinales se defienden, y que el barrio, cuando se une, es imparable".