Trasplantes

Victoria Esperanza recibe, 37 días después, el alta tras el trasplante de médula: "No ha tenido ni un solo día malo"

Victoria Esperanza da las gracias tras recibir el alta 37 días después de su trasplante de médula. Redacción Andalucía
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SevillaVictoria Esperanza ha salido del hospital. Lo ha hecho después de 37 días de aislamiento, de un trasplante de médula que ha marcado un antes y un después en su vida y en la de su familia, y tras un proceso que ha tenido en vilo a miles de personas que han seguido su historia desde que se pidió ayuda para encontrar un donante compatible. Este viernes, la pequeña sevillana cruzará la puerta del hospital con el alta médica y con la sensación de haber superado una de las etapas más duras de su corta vida.

Su madre, Mar, atiende a la web de Informativos Telecinco a escasos minutos de abandonar la habitación. Estaba recogiendo las cosas cuando ha descrito cómo se sentía: "Estoy pletórica, súper contenta por salir, pero sobre todo porque, gracias a Dios, ha ido todo súper bien". La emoción es evidente. No solo por el alta, sino por todo lo vivido desde que Victoria ingresó para someterse al trasplante el pasado 18 de diciembre, una fecha que la familia ya ha bautizado como su "cumplevida".

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El agradecimiento es lo primero que sale del corazón y de las palabras de Mar ha querido. "Se lo debo todo a esa persona que altruistamente quiso hacerse donante de médula, que dijo que sí cuando lo llamaron y que no dudó en darle su médula a Victoria. Estaré en deuda toda la vida con esa persona por habernos dado una oportunidad", afirma. Un gesto anónimo que ha cambiado el rumbo de la enfermedad y que ha permitido que hoy Victoria prepare su regreso a casa.

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Agradecimiento a todo el personal sanitario y a todos los trabajadores del hospital

El reconocimiento también ha sido extensivo a todo el personal sanitario del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla. "Estoy súper agradecida al hospital, a los médicos, enfermeras, limpiadoras, personal de cocina, a todo el personal sanitario. Todos se han portado súper bien con mi hija, el trato ha sido excelente, no puedo poner un pero a nadie", asegura. Durante más de un mes, esa habitación de aislamiento se ha convertido en su mundo y en un espacio donde, pese a las dificultades, se ha sentido cuidada.

Mar ha confesado sentirse emocionada y abrumada por el apoyo recibido durante todo el proceso. "Evidentemente estoy súper agradecida a todas las personas que han estado pendientes de Victoria. La cantidad de personas que me han escrito, que han estado pendientes de ella sin conocerla, que no conocen a Victoria, pero han rezado por ella, se han preocupado, nos han escrito dando ánimo…", relata. Un acompañamiento constante que ha sido clave en los momentos de mayor incertidumbre. "No te puedes imaginar lo que se siente cuando tu hija está pasando por este proceso y te sientes tan arropada por tantas personas”.

La valentía de una niña de seis años

El miedo y la incertidumbre han estado presentes, como ella misma ha reconocido. "Tener que pasar por esto no se lo deseo a nadie, porque el miedo está, la incertidumbre, todas las cosas que podían haber pasado", explica. Sin embargo, el proceso ha sido mejor de lo esperado. "Gracias a Dios, Victoria ha sido muy fuerte y ha respondido súper bien a todo, y después ella lo ha hecho muy fácil".

Durante los 37 días de ingreso, Victoria no se ha quejado ni un solo día. "No ha protestado con los pinchazos, con la medicación, con el estar aquí encerrada…", cuenta su madre. Incluso la propia niña ha sido consciente de lo vivido. "Ayer me decía: ‘Mamá, yo pensaba que esto iba a ser más duro, pero hemos tenido tanto cariño de la gente, ha venido tanta gente, que se nos ha pasado súper rápido’".

Después está la habitación de aislamiento, habitualmente temida por su tamaño y falta de luz, que ha acabado teniendo un significado especial para ellas. "Normalmente es la que nadie quiere porque es más pequeña y tiene menos luz, pero tiene una ventana mágica", dice Mar. Desde allí, Victoria ha podido recibir visitas, regalos y muestras de cariño de amigos y de personas que no la conocían, pero que han querido acercarse a ella. "Estoy abrumada por ello", reconoce.

Para esta madre, el estado anímico de la pequeña ha sido determinante durante todo el proceso. "No ha tenido ni un día malo. Se ha levantado todos los días de la cama y eso es importante, porque su ánimo ha sido clave para llevar mejor todo esto", afirma. Victoria ha colaborado en todo momento. "Ha sido una paciente excelente, siempre ha puesto de su parte. Cuando no ha tenido ganas de hacer algo, lo ha hecho, para no dejar que el miedo o la fatiga le afearan el estar aquí en aislamiento".

La necesidad de abrazar a los suyos

Ahora, con el alta, Victoria solo piensa en volver a abrazar a los suyos. A sus abuelos, a sus tíos y a todas las personas que han estado a su lado durante estos meses. También tiene muy presente a Blanca, la niña con la que compartió habitación la primera vez que estuvo enferma y que el mismo día del trasplante de Victoria, el 18 de diciembre, supo que había recaído. "Están conectadas y quiere darle un abrazo", explica Mar.

Antes de salir del hospital, la familia quiere volver a insistir en un mensaje que ha acompañado toda esta historia: la importancia de la donación de médula. "Estamos agradecidas a todos los que nos habéis dado voz, a que la donación de médula se haya hecho visible y a que hayan aumentado tanto los números de donantes", señala Mar. Y añade: "Tenemos que seguir pidiendo donantes de todo. Hay que ser solidarios con los demás y no sabemos a quién le puede hacer falta".

Victoria Esperanza sale del hospital. Lo hace con una mochila llena de cuidados por delante, pero también con una red de apoyo que ha demostrado que, cuando una historia se comparte, puede mover conciencias y salvar vidas.