Paloma, la última vecina de un bloque de Granada que lucha por mantener su contrato de alquiler: "Si no han tenido piedad con Maricarmen, imagínate conmigo"
En 2023 una empresa inmobiliaria adquirió el edificio del piso donde vive desde hace 35 años y no le renuevan el contrato de alquiler: "Quieren convertirlo en apartamentos turísticos"
Es la única vecina fija que queda viviendo en el edificio de seis pisos; pronto tendrá el juicio que decidirá sobre su desahucio
Paloma tiene 42 años y desde que tenía 7, vive en la que fue la casa de sus abuelos y luego de sus padres. Pero ellos no eran los propietarios: se tiraron toda la vida pagando religiosamente el alquiler, como ha venido haciendo ella hasta el día de hoy.
Pero un día, el propietario del inmueble, que poseía los seis pisos del bloque de viviendas, cedió a la jugosa oferta de una empresa inmobiliaria que quería hacerse con el edificio entero para supuestamente convertirlo en un complejo de apartamentos turísticos. La condición era "todo o nada", así que los anteriores propietarios vendieron todos los pisos, aún con sus inquilinos dentro.
Uno de ellos era Paloma, que es la última vecina que queda residiendo en el bloque. Un año antes de que su casa cambiara de manos, había perdido a su madre: "En 2023, cuando no había hecho un año del fallecimiento de mi madre, vendieron el edificio a un gran tenedor", cuenta esta vecina a la redacción digital de 'Informativos Telecinco'. Antes de que sus padres murieran, en su día quisieron comprar el piso donde sigue viviendo ahora, pero los dueños se negaron: "Querian vender el edificio entero de golpe", explica.
Expulsión de los vecinos
En 2024, Paloma recibió el primer burofax de 'Estudios y Gestión Integral de Inmuebles', la empresa propietaria de su casa que según ella, pretende echarle de la casa donde ha vivido casi toda su vida: "Me comunicaron que no iban a renovarme el contrato de alquiler". Ella aún goza de una renta antigua, apenas 360 euros al mes. El contrato de alquiler lo firmó su padre, que también falleció. Después, continuó su madre. A día de hoy, ella sigue ingresando el dinero de la renta cada mes.
Cuando recibió aquel burofax, intentó llegar a un acuerdo con los arrendadores. Según explica, Paloma acudió personalmente a las oficinas de la empresa propietaria -que posee otro edificio completo en la misma calle- para llegar a una solución: "Les expuse mi situación, intenté negociar con ellos una subida del precio del alquiler y me dijeron que no iban a renovar ningún contrato porque tenían que hacer unas obras en el bloque", detalla la granadina, quien tiene muy claro que el verdadero objetivo de esas obras es echar a todos los vecinos y convertir el bloque en apartamentos vacacionales.
Juicio pendiente
El pasado 21 de septiembre estaba previsto el juicio por el procedimiento de desahucio contra Paloma. Aunque la vista por el momento se ha retrasado, la empresa propietaria le había ofrecido 2.000 euros parra que se marchara voluntariamente ese mismo lunes. Ante su negativa, subió la oferta a 5.000 euros. Un dinero que ella ha rechazado: "Pienso quedarme aquí hasta el final", asegura.
Con un contrato de trabajo inestable a media jornada y una nómina de 600 euros al mes, Paloma no sabe qué hará si llega el momento. Está inscrita como solicitante de vivienda protegida y los servicios sociales del Ayuntamiento de Granada han emitido un informe de su situación de vulnerabilidad, pero no tiene aún ninguna solución encima de la mesa. "Tal y como están los pisos, yo con mis ingresos no puedo pagar ni una habitación", lamenta.
"Nos tratan como a delincuentes"
La rabia y la frustración surge cuando recuerda que su familia ha estado pagando una renta durante décadas y que ahora la quieren echar como si fuera una okupa: "MI familia y yo hemos pagado toda la vida y luego cuando venden los edificios a fondos buitre y a grandes tenedores, nos tratan como a delincuentes", denuncia.
Paloma se descompone al ver las imágenes del violento desahucio de Maricarmen, la vecina de 87 años desalojada de su casa en Madrid: "Si con esa edad no han tenido piedad con ella, imaginate conmigo que soy muchisimo mas joven y es un caso similiar", lamenta. "Es muy fácil echarnos".
Su caso es claro legalmente. La ley de Arrendamientos de 1994 dice que un contrato de renta antigua no se puede subrogar dos veces. Aunque Paloma dice que intentará luchar y que jamás ha dejado de pagar su alquiler, el empresario quiere pisos turísticos y con la Ley en la mano, seguramente lo logrará.