Dos hermanos toman el relevo de la centenaria La Vermuteria del Tano en Barcelona: "No he venido a cambiarla sino a cuidarla"

Tras 40 años al frente de la histórica bodega, Cayetano Gabernet y su mujer, Maricel, se han jubilado
Dos vecinos, Miguel y Marta Jiménez, quieren mantener la autenticidad de la vermutería
Barcelona"Es una auténtica vermutería como eran antes, con una decoración que muchos creen que están en una sala de arte. Unirlo ha sido mi propósito". Así es como Cayetano Gabernet describe su segunda casa durante 40 años: La Vermuteria del Tano. Una bodega histórica con recuerdos de clientes viajeros en una vitrina, cuadros y dibujos en las paredes y una colección de 50 relojes antiguos que llegaron sin querer. "Todo el mundo cree que colecciono despertadores y la verdad es que no", confiesa.
Fue el azar, según Tano, quien hizo que en 1991 su vida diera un giro. "Mi mujer y yo teníamos un pequeño colmado en l'Hospitalet del Llobregat. En una cena conocí al propietario y me preguntó si conocía algún camarero para la bodega y que en dos años se la traspasaba. Vine un domingo a verla y dije: '¡Esto es para mí!'. Al día siguiente, le contesté que lo había encontrado y le dije: ¡Soy yo! Y aquí estamos 40 años después", recuerda.
Un negocio que poco después descubrió que había nacido en 1927 como bodega, que se ha convertido casi en su hogar. "Estás en un trabajo 11 o 12 horas diarias y encima te lo pasas bien. Siempre digo muchísimas gracias a los clientes que pasaron por aquí porque me han hecho ganar la vida dignamente con todo el esfuerzo y el cariño. He llegado a trabajar de lunes a domingo, pero te acostumbras porque lo quieres".
Como en el salón de casa
Una bodega clásica, que sigue trabajando como en los años 40 y 50. Sobre las mesas de mármol, no falta un buen vermut en vaso corto, acompañado de unos berberechos, boquerones, anchoas, gildas, anchoas o quesos. "Un vermut tiene que ser agradable al paladar y, al final del sorbo, tienes que encontrar todos los sabores de las hierbas que lleva. Y las tapas, de calidad y a un precio justo". Con esa autenticidad ha conseguido que los clientes se sientan "como en el salón de su casa y se logra con un trato agradable, familiar y con una sonrisa que así es como se gana a la gente.", asegura Tano. Un lugar de culto y también escenario de anuncios, programas de televisión, la presentación de un disco de Los Manolos y de una serie alemana llamada 'Barcelona Crime'.

Tano y su mujer, Maricel, decidieron jubilarse y empezaron a dar voces. Les tentaron sociedades y fondos buitre hasta que un día un vecino se interesó. "Llegó mi querido amigo y vecino Miguel y me dijo que le interesaba y su hermana, Marta, podía llevarlo". Con ellos, Tano vio que su bodega no perdería la esencia: "Tendrán un seguimiento en nuestra forma de trabajar y hacer las cosas. Se quedan los dos camareros. Incluso les he dejado toda la decoración". Sabe que "todo seguirá igual" en las manos de Miguel y Marta, que está al frente de la barra y tiene años de experiencia en la hostelería. "Me llamó mi hermano y me dijo que se iban a jubilar. Y tiramos para adelante", apunta Marta Jiménez.
Patrimonio de barrio
"Creo en este proyecto y lo que representa. No es solo un negocio. Esta vermutería es un patrimonio de barrio. Es una responsabilidad y un honor poder asegurar que continúe siendo lo que ha sido siempre: un sitio auténtico, donde los clientes que vienen desde hace años se sientan como en casa y queremos mantenerlo", subraya Marta.
Una apuesta que va contracorriente de los tiempos. "Se están perdiendo lugares como bodegas auténticas con identidad propia y no quiero que eso pase aquí. Tengo mucho respeto por el trabajo que han hecho Maricel y Tano". Una continuidad que tranquiliza a los clientes más habituales. "No he venido a cambiarla sino a cuidarla". Y así espera hacerlo día a día. En el horizonte, llegar a soplar las velas por el centenario de la bodega el próximo año.
Ahora Tano y Maricel piensan en disfrutar de la vida sin prisa y sin horarios. Eso sí, continuarán pasando por su segunda casa, que "se convertirá en mi residencia de verano", adelanta, entre sonrisas, Tano.
