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Juan Vaello, 'El Pintao', el pintor y el poeta de 100 años del barrio del Raval de Barcelona: "El arte me aporta una gran felicidad"

Juan Vaello, en su piso en el barrio del Raval de Barcelona
Juan Vaello, en su piso en el barrio del Raval de Barcelona. Carlos Jiménez
  • Juan Vaello, 'El Pintao', nació el 6 de marzo de 1926 en Barcelona

  • Cada día dedica un tiempo a pintar, escribir poesía y a recitar versos

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BarcelonaA sus 100 años, Juan Vaello desprende energía y vitalidad. Nació el 6 de marzo de 1926. "Los llevo bastante bien porque siempre tengo cositas que hacer. No me aburro nunca", afirma risueño. Y no lo hace porque le mueve su pasión por el arte: "Es una gran felicidad. Es una sensación como si estuvieses en una nube". Así cada día: "Pinto, hago poesías y pensamientos como por ejemplo: 'Vecina, te veo salir al balcón y, sin decir una palabra, ya alegras mi corazón'". Y mientras lo cuenta, Juan se arranca con unos toques con una caja de galletas porque "recordando su dulzor, hago música dulce".

En un tercer piso sin ascensor del barrio del Raval de Barcelona, vive este artista centenario en el que "me siento como un pájaro en mi nido". Y en ese nido lo primero que hace al levantarse "es beber un vasito de agua porque limpia", aunque confiesa que se concede un capricho: "He cogido con afición, que no es buena del todo, y es que me gusta el café con leche con magdalenas". Y añade: "No he fumado ni me he emborrachado nunca y he hecho gimnasia bailando. Y eso me ha ido muy bien porque el trabajo ya sabemos que es un concentrado de cosas malas que quedan en ti".

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Una vez desayunado, "cojo fuerzas y miro por el balcón. Solo no puedo salir. Me gusta pasear que es como una gimnasia, tomar café y distraerme. Lo recomiendo porque así no piensas en la enfermedad, y sí en todas las cosas tan buenas de la vida y te da ansia de seguir, seguir y seguir".

La pasión de Juan Vaello es la pintura
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Y ese afán es el que le mueve desde su juventud: "Mi vida de pequeño fue un poco triste, pero enseguida que tuve un poco de conocimiento no me gustaron las penas que, aunque vienen sin quererlas, se enganchan. Tengo un carácter alegre. Si voy por la calle y me reconocen, me he puesto a cantar o a bailar y me da vida. No soy como un cuadro que lo pones en un rincón".

Juan recuerda cómo "de pequeño no podía leer y las letras se movían. Pasaban los años e iba de colegio en colegio. No era por voluntad, sino porque tenía glaucoma. No aprendí hasta que no me operaron a los 18 años". Y con otra mirada, sintió "el ansia de aprender, de dibujar y me dediqué a la pintura".

Pero este artista inquieto hizo antes "otras cositas", como encargos para un restaurante yendo al mercado de La Boqueria "donde me daban de comer y unas pesetillas" y también tuvo tiempo para el circo, las variedades cantando, bailando o recitando en las salas de cine o para tener un puesto de monedas en la plaza Real.

'El Pintao'

"Amo la pintura", así de claro es Juan, que recuerda que fue "el primer pintor que puso sus obras en La Rambla. Las dejaba en el suelo y me las compraban. Cuando pasaban los del ayuntamiento me advertían que no se podía pintar y les contestaba: 'No se puede porque nadie ha querido hacerlo. Y como me vieron risueño, se marcharon y lo continué haciendo. Nunca me cobraron ni una peseta".

Un amor que cultiva cada día buscando la inspiración que "me viene cerrando los ojos y me pregunto: ¿Hoy qué voy a hacer?". Al menos una hora toma los pinceles. "Mi apodo es 'El Pintao'. Me caían gotas de pintura en el pantalón y eran difíciles de sacar, y me llamaban 'El que va pintao', y de ahí se quedó el nombre. Tengo un secreto. Cuando una pintura no me sale lo bien que quiero, la firmo como 'El Pintao' y, si me sale muy bien, pongo 'Vaello', confiesa.

Juan Vaello, junto a Carlos Jiménez

Un trovador

La poesía también es su compañera de viaje. Calcula que tiene un centenar escritas, una parte de ellas recogidas en el libro "Poemas", de la mano de Carlos Jiménez, que conoció a través de un familiar y que el flamenco y la rumba les unió. "A veces me siento reflejado en él porque mantiene esa curiosidad que le ha acompañado toda la vida", apunta Carlos.

Fruto de esa amistad, Juan le ha abierto sus recuerdos para preparar un libro de memorias, pero antes se ha convertido en el documental 'El último trovador de Barcelona', que recibió como regalo el día que cumplió un siglo de vida. "Es un reconocimiento a esos personajes secundarios porque nos fijamos en los artistas conocidos. Le doy voz porque tiene muchas historias. Y le puse trovador porque me recuerda a la Edad Media, en la que contaban historias, recitaban y eran compositores. Lo veo como un creador y un contador con una gran elocuencia. Es la forma de aglutinarlo todo", cuenta Jiménez.

A sus 100 años y tres meses, Juan mantiene esas ganas de seguir y seguir porque "me queda mucho por hacer", como subirse de nuevo a una bicicleta o preparar sus memorias con Carlos pero, por encima de todo, con su arte: "Lo mío será hasta el último día de mi vida la pintura y la poesía".