Júlia, de 10 años, corona el Mont Blanc, la cima más alta de los Alpes: "Me enseña que se necesita mucho esfuerzo"
Júlia Nadal, de Solsona (Lleida), sube montañas desde los tres años junto a su padre
En su palmarés, acumula quince ascensiones a picos de más de 3.000 metros de altura
LleidaA sus diez años, Júlia ha coronado el Mont Blanc, la cima más alta de los Alpes y de Europa Occidental, a 4.805 metros de altura. "No sabía muy bien lo que había hecho, pero viendo a mi padre cómo le caían las lágrimas, me di cuenta de que habíamos conseguido un gran reto", confiesa. Junto a ella, inseparable, su padre. "La sensación es inexplicable de reír, de llorar, de abrazarla, porque no te lo esperas. Casi no puedes hablar. Es muy emocionante y más con tu hija. Es una emoción máxima", reconoce Albert Nadal, alpinista y director de la estación de esquí nórdico de Tuixent-La Vansa.
Es un sueño cumplido para Júlia. Sus primeros pasos en la montaña los dio a los tres años. Y su primer recuerdo es en el Monte Perdido, en los Pirineos. "A los seis años me comentó que quería subir y nos aventuramos. Era su primer tres mil y lo consiguió. Así empezó todo. Con siete años, el Aneto, en condiciones invernales. Ha hecho quince picos de tres mil metros. El Gran Paradiso fue el primer cuatro mil cuando tenía ocho años", resume su padre. Fue bajando ese pico de los Alpes italianos cuando Júlia tuvo claro que el siguiente sería el Mont Blanc: "Mi padre lo había hecho. Pensé que algún día lo quería intentar para ver cómo era. Se lo comenté y me dijo que nos teníamos que preparar muy bien. Era un reto que estaba esperando y poder conseguirlo hace que me sienta muy satisfecha".
Y en esa preparación lo primero fue "encontrar material de su medida como las botas de alpinismo, crampones o piolets" para entrenar con rutas a tres mil metros de altura y preparar la aclimatación para no tener mal de altura una semana antes. "No me imaginaba que podría llegar tan bien. Ha significado mucho esfuerzo. Si no hubiésemos entrenado tanto, no habríamos conseguido subir. Estoy muy contenta", destaca Júlia.
Dos días de ascensión
La ascensión al Mont Blanc fue por la vía del Papa, la vertiente italiana. Una expedición formada por Júlia, su padre y un primo de Albert. El primer tramo hasta el refugio fue una jornada de siete horas hasta el refugio de Gonella. "Ahí descansamos. A las seis y media, cenamos. A las nueve, nos pusimos a dormir un par de horas. Y a medianoche, salimos hacia la cima. Atravesamos el glaciar, con grietas, luego pasamos una zona de rocas y hielo con crampones. De ahí, llegamos a una arista muy afilada. Íbamos encordados. Me dijo que iría con cuidado y lo atravesamos. Paramos a comer en un refugio, donde tenían caras de incredulidad al verla", detalla Albert.
Y paso a paso, tras dieciséis horas, llegaron a la soñada cima: "Era un reto con mayúsculas. Ella no es consciente de lo que ha hecho. Con mi primo no podíamos ni hablar. De bajada, en otro refugio, recibió felicitaciones y se preguntaban cómo era posible. Toda una experiencia".
Una experiencia conseguida porque "tiene un físico muy potente. Su afición es desde bien pequeña y con una preparación física que, realmente, llevamos siete años sin darnos cuenta porque desde los tres años no ha parado de caminar, hacer montaña, rutas, ir en bicicleta, rocódromo o escalada. Todo ello hace que se sienta más segura para afrontar una cima. Aprende muy rápido. Es una esponja. Es capaz de aprender y memorizar. Es lo que la ha llevado a hacer el Mont Blanc con diez años. Con el interés de superarse a sí misma. Lo hace por ella. Se marca un reto y hace lo posible para conseguirlo con mucho esfuerzo. Eso se refleja en los estudios y en la capacidad de sufrimiento en el día a día".
Unos retos que van más allá del alpinismo. "Disfruto de un tiempo tranquila y sin pensar qué haré después. Puedo pensar en la escuela, hablar con mi padre y, cuando llego arriba, me encanta el paisaje. Me enseña que se necesita mucho esfuerzo para los grandes retos", cuenta Júlia. Para Albert, las travesías son momentos "para hablar conmigo o con mi primo que siempre nos acompaña. Siempre vamos dos adultos. Le gusta explicar cosas y también preguntar para aprender. Además, le aporta la emoción. El mundo va muy deprisa. Subir una montaña en tres días se para el tiempo. No hay prisas. Para mí, es básico. Las cosas requieren un esfuerzo. La montaña has de subir por tu propio pie tardes lo que tardes".
Júlia ya sueña con el próximo verano y con coronar una cima de 5.000 metros como el Kilimanjaro en Tanzania o el monte Elbrús, el pico más elevado de Rusia y de Europa. Más allá, con ser bombera del grupo de rescates o monitora de esquí de fondo para continuar unida a su pasión por la montaña.