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Los burros 'bomberos' de Tarragona, para prevenir los incendios forestales: "El éxito es que se rehabilitan y tienen una vida digna"

Un grupo de 63 burros forman parte del proyecto Tivissa Donkeys Firefighters
Un grupo de 63 burros forman parte del proyecto Tivissa Donkeys Firefighters. Cedida
  • El proyecto Tivissa Donkeys Firefighters impulsa la recuperación y la rehabilitación de burros

  • Cuentan con 63 burros, que participan en la limpieza del sotobosque para prevenir incendios forestales

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TarragonaUna finca de Tarragona es el hogar de los 63 burros 'bomberos' del proyecto Tivissa Donkeys Firefighters. "Nuestro propósito es recuperar animales abandonados, maltratados o que los propietarios no pueden hacerse cargo. Los recogemos, los rehabilitamos física y psicológicamente y les damos una segunda oportunidad, que es vivir casi en libertad y ellos nos dan la limpieza de los bosques", resume su fundador, Joan Cedó.

"Los burros no apagan fuegos. Ayudan a prevenir incendios forestales comiendo todo el sotobosque. Eso sí, menos el madroño, que los emborracha", precisa. Y lo hacen de la mano del Consorci Serra de Llaberia. "Nos indican las zonas estratégicas para intervenir con los burros. Son áreas de unas diez o quince hectáreas. Son puntos clave como, por ejemplo, para el acceso de bomberos o para hacer cortafuegos", concreta. Su apetito contribuye a reducir la carga de masa forestal con una limpieza ecológica del bosque, lo que facilitaría las labores de extinción. "Desde que están en la Serra de Llaberia no ha habido ningún incendio forestal", asegura.

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Unas brigadas, a las que faltan cuatro burros: "Están muy humanizados. Se les ha tratado tanto como personas que no son capaces de reintegrarse en el grupo y sentirse burros por un momento. Eran animales de compañía. Estaban acostumbrados a comer galletas y terrones de azúcar. No saben buscarse la vida en el monte".

Así nació el proyecto para limpiar los bosques

El primer rescate llegó sin esperarlo. Fue al inicio de la pandemia en 2020. Un matrimonio suizo volvió a su país dejando atrás a sus tres asnos. "El veterinario que los llevaba era el mismo que atendía a mis caballos. Aún no sé por qué me llamó para cuidarlos. Mi primera respuesta fue una negativa porque los caballos y los burros no se llevan bien. Al final, acepté. Decidí que tenía que hacer algo con ellos. Un día se escaparon y vi que se lo comían todo. Eran unos todoterreno. Hice una prueba y parcelé dos hectáreas. Así nació el proyecto para limpiar los bosques, inspirado en la asociación onubense El Burrito Feliz en Doñana", recuerda Joan.

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Sus actuaciones son en la Serra de Llaberia

Y poco a poco, fueron llegando más. La siguiente fue Paloma, de unos vecinos que se marcharon sin ella: "Es uno de los casos más graves. Sufría obesidad mórbida. Es una forma de maltrato. Pesaba 600 kilos y multiplicaba por tres el peso habitual. No se podía ni mover. La tuvimos que trasladar con una grúa. Con un veterinario y un nutricionista, hemos conseguido que esté saludable".

Con el empuje de las redes sociales, el proyecto fue creciendo y rescatan burros de Cataluña, Comunidad Valenciana y Aragón. Llegan de "abandonos, decomisos, de los que no pueden mantener o por edad no se pueden encargar. Hubo una moda de tener burros como animales de compañía. En vez de tener un perro en una parcela, tenían un burro. Tenemos muchos ejemplos de raza enana. Son caprichos porque ya casi no se utilizan para trabajar con la mecanización en el campo".

Una recuperación física y, sobre todo, emocional: "La parte psicológica es la que más nos cuesta, sobre todo, los que han sido utilizados como sementales o los que han maltratado. Necesitan mucho tiempo, mucha paciencia y mucho cariño. El último rehabilitado ha necesitado dieciocho meses. Era un animal agresivo. Solo veía la luz del día cuando tenía que cubrir a una hembra, y todo, a base de palos. Ahora es uno más. Es el éxito del proyecto ver que se rehabilitan y vuelven a tener una vida digna. La clave es no tener prisa y dar cada día un paso", explica el fundador. Y paso a paso, cuidarán a Glòria, una burra de 12 años, abandonada y maltratada, que acaba de llegar con una gran herida abierta en el lomo.

En esos cuidados, cuentan con "dos burros rehabilitadores, poco dominantes, que les ayudan a incorporarse en el grupo". Una manada que se organiza "por sus afinidades y también por el número de hectáreas y las características del terreno. Tienen grupos de amigos. Cuando salen todos a la vez, van encabezados por una hembra alfa".

Un proyecto que enorgullece a Joan, también alcalde de Tivissa, y a los seis voluntarios, con Jordi García a la cabeza en el día a día. "Mi pasión siempre han sido los animales. Me llena poder ver esta segunda oportunidad a animales que posiblemente no estarían entre nosotros. No soy ningún salvador, pero hacernos cargo de ellos, que han caído en malas manos, es una satisfacción".