En las calles no solo se leen nombres, se puede entender la geografía, la cultura y las leyendas de cada municipio
La Amargura o la Sangre hacen referencia al paso cristiano, mientras que la Prisión o las Horcas recuerdan los momentos más oscuros del medievo
En las ciudades y los pueblos, las calles no solo tienen nombres, sino que caminamos por lugares donde se han escrito historias, leyendas, tradiciones o sucesos. Denominaciones que hoy nos parecen violentas o trágicas responden, en realidad, a una tradición en la religión cristiana.
La calle de la Sangre en Reus no hace referencia a crímenes o guerras, sino la presencia de la Cofradía de la Purísima Sangre, institución clave en la Edad Moderna que organizaba procesiones de Semana Santa, acompañaba a condenados y realizaba obras de caridad cerca de los templos.

Lo mismo ocurre con la calles de Barcelona, la calle de la Amargura, que señala los recorridos del Vía Crucis que recreaban el camino de Jesús hacia el Calvario, una expresión de penuria que terminó dando pie al célebre dicho popular. En la misma línea las vías dedicadas al Purgatorio o a las Almas, vinculadas a antiguas capillas por los difuntos. En casos singulares como el del desaparecido callejón de las Almas de Barcelona, la palabra derivó de una leyenda sobre unos fuegos fátuos, en un antiguo cementerio de animales.
Calles con memoria
Las calles también muestran la justicia de hace siglos. La calle de la Prisión, colinas, caminos o plazas "de las Horcas" era la ubicación de los presos y donde se ejecutaban a las personas, delante de la sociedad para presionarles. Asimismo, la denominación de calle del Cementerio o Fossar evidencia la localización de los antiguos camposantos parroquiales anexos a los templos que fueron trasladados fuera de los núcleos urbanos durante el siglo XIX por estrictas razones de higiene pública.

Otros nombres inquietantes responden al terreno o a la crónica de la época. La calle del Mal Paso señalaba la peligrosidad de un tramo, como curvas pronunciadas o pendientes. En el caso de la calle de las Brujas, se relaciona con sitios aislados o antiguos caminos de murallas. Por su parte, la calle de los Penitentes de Barcelona debe su nombre a los eremitas afincados en Collserola en 1860 junto al padre Francesc Palau, mientras que la desaparecida calle del Infierno de la capital catalana se refería al escandaloso taller de los herreros con la leyenda de un hostal de mala fama frecuentado por bandoleros.

Leyendas, geografía e historia
Aunque los tiempos cambien, las calles siguen adaptándose al humor y a las tendencias. Así se muestra en la calle Degollada, que aunque suene siniestro, es en honor a Rafael Degollada, un abogado y político liberal de Barcelona. "Ja-hi-som", en castellano "ya estamos", es la calle del punto más alto del distrito de Sarrià-Sant Gervasi. Esquirol volador "ardilla voladora" o Pantomima, son otros nombres curiosos, el primero transformado con la palabra añadida "volador", para distinguirla de otra calle, mientras que Pantomima, junto con otras calles cercanas como Lírica, Mímica y Ritme, recuerdan la importancia de la cultura en el barrio. Calle de los Besos, de la Duda, de las Tres señoras...solo Barcelona, cuenta con más de 7.500 calles, 106.942 en toda Cataluña y cada una de ellas, tiene su historia.

