Francesc Augé, a pocos días de recibir la eutanasia tras dos años de espera judicial: "Pido respeto. Es mi vida y mi decisión"
Francesc Augé, de 56 años, accederá a la eutanasia el 26 de noviembre tras el cierre de la causa judicial
La Generalitat autorizó en 2024 la muerte digna de Francesc, con secuelas graves por dos infartos y cuatro ictus
BarcelonaFrancesc Augé, de 56 años, no se lo acaba de creer. El 26 de noviembre accederá a la eutanasia tras dos años de laberinto judicial. "Estoy eufórico, con ganas, tachando los días. Veo la luz al final del túnel. Ha sido mucho tiempo y una agonía. No estoy triste. Me siento muy afortunado. No me da pena. Me cuesta todo en el día a día. No tengo calidad de vida. Por eso, pido la eutanasia. El dolor mental no se pasa. Esta vida no la quiero para mí. No soy yo. He pensado en la muerte desde el primer ictus", explica desde su casa en Vallirana (Barcelona).
La primera fecha que escogió fue el día de las elecciones generales: "El 29 de noviembre no puede ser porque es domingo. Ningún partido político me ha respetado porque aún sigo aquí. La eutanasia es una opción, para mí, de no suicidarme. Lo intenté y se ha movido todo. Era el plan B que tenía".
Su final será "en un hospital, pero no diré cuál porque no quiero un circo como con Noelia Castillo. Para mí, la han torturado porque no la han respetado. Los Abogados Cristianos son la Inquisición".
"Ha sido una agonía"
En 2010, este camionero de profesión sufrió su primer infarto. Años después, tuvo otro más y cuatro ictus. "No puedo escribir. Si leo un texto, me pierdo. Me cuesta hablar. No es calidad de vida porque soy muy independiente. Psicológicamente, estoy mal porque esta vida no la quiero. Quien la quiera, se la regalo. Es un dolor que no se ve y algunos no lo entienden", lamenta Francesc.
La Comisión de Garantía y Evaluación de la Generalitat ha reactivado su caso después del archivo definitivo de la causa judicial tras la renuncia de su padre, de 96 años, a paralizar la eutanasia. Francesc asegura que entiende su oposición "porque es muy mayor y mi familia es muy católica. Unos examigos míos le convencieron".
Una batalla legal de dos años: "Ha sido una agonía. Me sobraba todo esto. Eso sí, he recibido mucho apoyo. Una amiga está escribiendo nuestro libro. Será póstumo. Le falta el final. Es triste que tenga que intentar un suicidio para conseguir la eutanasia. Se sumó el tiempo, la impotencia y un dolor de muelas que colmó el vaso. No tiene sentido esperar tanto tiempo. La eutanasia es libertad. Si llega el día y me echo atrás, puedo hacerlo. He luchado por ello. No todo el mundo puede despedirse así. No quiero convencer a nadie. Quiero que respeten mi decisión".
"La muerte digna es un regalo porque dejas de sufrir"
Echando la mirada atrás, "me quedo con el recuerdo del Francesc de los 18 años. Era muy feliz. No tenía problemas". Y también se queda con el acompañamiento, entre otros, de la Asociación Derecho a Morir Dignamente (DMD) en el proceso. Un tiempo en el que "he luchado mucho. Aún puedo hacerlo. Espero que mi lucha sirva a los demás porque si no, estos dos años de espera no tienen sentido para mí. Lo único que quiero es que respeten a quien quiera irse y piense diferente. Pido respeto. Es mi vida y mi decisión. La lucha de dos años me ha dado energía y no he perdido el humor. Ya no tengo miedo escénico. Tengo miedo de quedarme así".
El fin de semana antes del 26 de noviembre, Francesc quiere hacer una fiesta de despedida en la que no falte la música. "El último día aún no sé si será llorando o riendo. No me lo creo del todo. Tengo claro que no donaré los órganos como en el caso de Noelia. La muerte digna es un regalo porque dejas de sufrir".
"Ahora tengo los permisos para volar hacia un destino desconocido. Estoy esperando en la pista de despegue. Este viaje lo hacemos todos, tarde o temprano. No quiero sufrir más", concluye Francesc.