Los expertos se ponen de acuerdo sobre lo que pasaría si un meteorito impactase contra la Tierra

Las consecuencias de un meteorito impactando contra la Tierra dependen sobre todo de su tamaño, velocidad, composición y lugar de caída
Si la Tierra dejara de girar durante apenas 5 segundos habría consecuencias: los humanos lo percibiríamos
MadridCuando se habla de un meteorito impactando contra la Tierra, es fácil que la imaginación recree una escena de película: una roca gigantesca atravesando la atmósfera, una explosión global y un planeta sumido en el caos. No obstante, la ciencia ofrece una respuesta más esperanzadora. Los expertos coinciden en una idea clave: las consecuencias de un impacto dependen casi por completo del tamaño del objeto, su velocidad, su composición y el lugar donde caiga.
También conviene aclarar que, antes de impactar se habla de asteroide o meteoroide. Cuando entra en la atmósfera y produce un destello se denomina meteoro; y si algún fragmento llega al suelo, entonces se llama meteorito. Aun así, en el lenguaje cotidiano se suele usar “meteorito” para referirse a cualquier roca espacial que pueda chocar con la Tierra. Esa diferencia de términos, no cambia lo esencial: los impactos existen, han ocurrido en el pasado y debido a ello las agencias espaciales los vigilan de forma constante.
No todos los impactos son iguales
La primera conclusión en la que coinciden los astrónomos es que no hay un único escenario posible. Un objeto de pocos metros puede desintegrarse en la atmósfera sin causar daños relevantes. Uno de decenas de metros puede provocar una explosión aérea con efectos locales o regionales. Uno de cientos de metros o kilómetros ya entraría en otra categoría: podría causar destrucción a gran escala e incluso alterar el clima global.
La NASA distingue precisamente entre diferentes niveles de amenaza. Según su estrategia de defensa planetaria, los objetos cercanos a la Tierra de más de un kilómetro son capaces de producir efectos globales, mientras que los mayores de 140 metros podrían causar devastación regional. La agencia calcula que se conocen aproximadamente el 95% de los objetos de más de un kilómetro, y ninguno de ellos representa una amenaza actual, pero todavía queda una parte importante por descubrir entre los objetos de menor tamaño.
La ESA dice que los impactos de grandes asteroides como el que provocó el cráter de Chicxulub son extremadamente raros, pero los cuerpos pequeños y medianos son mucho más abundantes y también pueden generar daños serios.
Si un objeto de pocos metros entra en la atmósfera terrestre, lo más común es que se queme por completo antes de llegar al suelo. En ese caso puede producir una bola de fuego visible, un estruendo o fragmentos pequeños, pero en ningún caso una catástrofe. Cuando son objetos mayores de unos 20 metros, como el que explotó sobre Chelyabinsk, Rusia, en 2013, sí que puede causar daños. Aquel meteoroide liberó una energía estimada de unas 440 kilotoneladas y causó más de 1.600 heridos, en su mayoría por cristales rotos y efectos de la onda expansiva. Fue un recordatorio claro de que incluso un objeto relativamente pequeño puede tener consecuencias importantes si explota en una zona poblada.
Objetos de varias decenas o cientos de metros pueden generar una onda de choque, incendios, un cráter de gran tamaño y daños severos en una región amplia. En caso de que el objeto caiga en el océano, el escenario puede incluir tsunamis, aunque la magnitud de éste dependería de otros factores.
Qué pasaría si cae un asteroide de 500 metros
Según los modelos divulgados, un objeto de ese tamaño podría provocar consecuencias mucho más allá del lugar del impacto. Entre los posibles efectos estarían un enfriamiento global de varios grados, reducción de las precipitaciones y una especie de invierno prolongado provocado por el polvo y aerosoles lanzados a la atmósfera.
La clave está en que un impacto así no solo destruye por energía directa. También puede levantar enormes cantidades de material que bloquearían parte de la radiación solar. Si entra menos luz del Sol, la temperatura global baja, se altera el ciclo del agua y pueden resentirse los cultivos. Es por eso que un asteroide mediano no tendría por qué destruir el planeta, pero sí podría provocar una auténtica crisis climática y alimentaria de gran alcance.
El caso más famoso de la historia terrestre es el impacto asociado a la extinción de los dinosaurios no avianos hace unos 66 millones de años. El objeto habria tenido unos 10 kilómetros de diámetro y generó el cráter de Chicxulub, en la actual península de Yucatán. Este impacto inició una cadena de efectos globales que la comunidad científica relaciona con la extinción masiva del final del Cretácico.
Un objeto así no solo produciría una destrucción inmediata enorme en la zona donde impactara, también lanzaría material a la atmósfera, provocaría incendios a gran escala, oscurecimiento solar, enfriamiento global y alteraciones profundas en los ecosistemas. Es el tipo de evento que se considera de escala planetaria, pero también sería algo extremadamente extraño.
Por eso hay que saber que aunque sería un impacto gravísimo de gran tamaño, la posibilidad de que pueda pasar de forma inesperada es muy baja, porque estos objetos grandes son los más fáciles de detectar y seguir. De hecho, en 2022, la misión DART de la NASA demostró que una nave puede modificar la órbita de un asteroide mediante impacto cinético. En aquél momento, no se trataba de una amenaza, sino una prueba que supuso un paso histórico para la defensa planetaria.
Si se detecta un objeto peligroso con suficiente antelación, no hace falta destruirlo. Solo hay que cambiar ligeramente su trayectoria para que, años más tarde, pase de largo. La clave de esto es el tiempo. Cuanto antes se detecte, más pequeña puede ser esa corrección.
