El secreto de la longevidad de Jonathan, la tortuga de 194 años: más genes de inmunidad, telómeros y reparadores de ADN

El secreto de la longevidad de Jonathan, la tortuga de 194 años. EFE
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Jonathan, la tortuga gigante de Aldabra que vive en la isla de Santa Elena y que, con 194 años, es el animal terrestre más viejo del mundo y no muestra deterioro genético. Lleva en la tierra desde Fernando VII, fue coetánea de Charles Darwin, ha vivido dos guerras mundiales y grandes pandemias, desde la gripe española al covid.

El estudio, publicado en la revista Science Advances, combina el análisis de su genoma y de su epigenoma para entender cómo ha logrado mantenerse con vida durante casi dos siglos.

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Los científicos identificaron 287 variantes genéticas únicas que reducen el envejecimiento

Los científicos identificaron 287 variantes genéticas únicas que reducen los efectos habituales del envejecimiento. El análisis reveló que Jonathan posee cientos de genes con variantes únicas relacionadas con procesos claves para el envejecimiento: la reparación del ADN, el mantenimiento de los telómeros (las capuchas protectoras de los cromosomas), la regulación de la insulina, la función mitocondrial y la respuesta inmunitaria. Algunos de esos genes también aparecen en otros animales longevos, tan diferentes entre sí la ballena de Groenlandia o la llamada medusa inmortal.

Jonathan, de hecho, tiene copias adicionales de ciertos genes relacionados con la inmunidad y la eliminación de células dañadas, lo que podría ayudarle a evitar el cáncer y a mantener sus tejidos en buen estado durante más tiempo.

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Los investigadores extrajeron material genético de Jonathan a partir de raspados en la mejilla y de un análisis de sangre con extracción a través de la boca (tentaron al animal con comida hasta que abrió bien las mandíbulas).

Jonathan tiene copias adicionales de ciertos genes relacionados con la inmunidad y la eliminación de células dañadas, lo que podría ayudarle a evitar el cáncer y a mantener sus tejidos en buen estado durante más tiempo.

Este ejemplar de tortuga gigante fue llevado desde las Seychelles hasta la isla de Santa Elena (un territorio británico de ultramar situado a 1.860 kilómetros de distancia de la costa de Angola) en el año 1882 como un regalo para sir William Grey Wilson, quien al poco de recibirlo fue nombrado gobernador de la isla.

"En Jonathan, los reguladores genéticos implicados en la producción de energía y la reparación del ADN se han mantenido increíblemente estables durante casi dos siglos, lo cual es llamativo porque generalmente se deterioran con el tiempo", señaló uno de los autores,

Justin Gerlach, investigador de la ecología de las tortugas gigantes en la Universidad británica de Cambridge. "El genoma de Jonathan nos ofrece un modelo de resiliencia celular. Ahora nuestro objetivo es aprovechar estos conocimientos evolutivos y traducirlos inmediatamente en tratamientos prácticos y asequibles para la gente corriente", señala otro de los autores, Stephen Clark, director de la fundación Kallel que estudia los procesos de envejecimiento.