Jon Hernández, experto en IA: "Me da esperanza que sea capaz de acelerar la medicina hasta niveles que cuesta imaginar"
De los peligros existenciales de los algoritmos al uso de nuestra capacidad de razonamiento, pasando por el mercado laboral: charlamos con el divulgador de IA Jon Hernández, que ha publicado su primer libro titulado “La hostIA que viene”
La IA logra detectar cambios invisibles en las mamografías años antes del cáncer de mama: "Estos hallazgos pueden predecir el riesgo futuro"
“Si pudiera pulsar un botón rojo para cargarme la IA e irme a vivir en una granja en Wisconsin lo haría. Pero como no puedo, entonces quiero explicar todo lo que implica esta tecnología”, arranca el divulgador y autor del libro 'La hostIA que viene', Jon Hernández.
También explica que “ama y odia a partes iguales a la IA”, y que aunque hay que ser "muy humildes al respecto de lo que puede hacer” también nos da problemas serios como lo son la manipulación de la verdad y la alteración de nuestra realidad.
En una entrevista concedida a la web de 'Informativos Telecinco' el experto aborda cuestiones que van desde los riesgos más cotidianos hasta lo que todavía sólo se puede imaginar sobre el papel.
Pregunta: En el libro hablas de las superinteligencias artificiales como riesgo y que nos hace replantear lo que somos como especie. Sin embargo, ya tenemos riesgos que van desde los sesgos hasta los 'deepfakes'. ¿Cómo podemos darles un tratamiento adecuado?
Respuesta: Cuando hablamos de superinteligencias artificiales o de riesgos existenciales parece que todo lo demás queda pequeño, cuando son los problemas que ya tenemos encima. No hace falta esperar a una superinteligencia para que la IA nos dé problemas serios. Basta con que una imagen falsa parezca real, que una voz clonada pueda suplantar a alguien, que una respuesta inventada se presente con total seguridad o que una IA refuerce tus ideas sin cuestionarlas nunca.
Estos riesgos son urgentes porque atacan algo básico: la confianza en lo que vemos, en lo que escuchamos, en la información que recibimos y también en nuestro propio criterio. No son el mismo tipo de riesgo que una superinteligencia fuera de control, evidentemente, pero sí son riesgos sociales inmediatos. Son las primeras hostias de la IA, las que ya estamos empezando a recibir.
P: Se habla en el libro de la IA como algo potencialmente más inteligente que nosotros. Si no sabemos cómo funciona nuestro cerebro a día de hoy de forma exacta, ¿cómo podemos asegurar que algo es más inteligente, o va a serlo, que nosotros si nuestro eje de referencia todavía se está construyendo?
R: La clave aquí es no confundir inteligencia con conciencia, emoción o humanidad. No estoy diciendo que una IA sea humana, que sienta o que piense como nosotros. Lo importante es que puede hacer tareas cognitivas que hasta hace muy poco solo podíamos hacer los humanos, como por ejemplo escribir, programar, analizar, resolver problemas complejos o tomar decisiones con más información. Eso ya cambia la ecuación.
A mí me gusta verlo de una forma muy práctica: si una máquina empieza a superar a los humanos en cada vez más tareas donde antes nuestro valor diferencial era la inteligencia, entonces da igual si por dentro funciona como un cerebro o no. El impacto será real. El mundo no te va a preguntar si la IA tiene conciencia; te va a preguntar si hace tu trabajo mejor, más rápido o más barato.
P: En el libro planteas que la IA va a sustituir y cambiar muchas cosas. Sin embargo, ¿dónde queda nuestro criterio para decidir cómo y cuándo aplicarla?
R: Está más en el centro que nunca. Precisamente porque la IA es tan potente, necesitamos más criterio, no menos. El error sería pensar que, porque una tecnología puede hacer algo, automáticamente debe hacerlo.
No hay que darle la espalda ni hay que usarla como si fuese verdad absoluta, por lo que hay que decidir siempre para qué tiene sentido usarla, qué riesgos aceptamos y qué cosas no queremos delegar. La IA no debería sustituir nuestro juicio. Debería obligarnos a afinarlo.
P: Por último: tres cosas que hayan sido ‘hype’, tres cosas que te preocupen y tres cosas que te den esperanza en cuanto a IA
R: Tres cosas que han sido 'hype': Muchos productos que se vendían como “agentes autónomos” cuando en realidad son automatizaciones bastante simples con una capa de IA por encima; la idea de que con cuatro 'prompts' (patrones) cualquiera se iba a hacer rico y que muchas ‘startups’ que básicamente son una interfaz bonita conectada a un modelo de otro.
Tres cosas que me preocupan: la concentración de poder. Si la inteligencia artificial acaba en manos de muy pocas empresas y muy pocos países, el desequilibrio puede ser brutal; la dependencia tecnológica y que aumente muchísimo la desigualdad: personas con IA compitiendo contra personas sin IA.
Tres cosas que me dan esperanza: se democratiza muchísimo la capacidad de crear y construir; la accesibilidad a la hora de romper barreras, adaptar contenidos y dar capacidades a personas que antes lo tenían mucho más difícil y la aceleración de la medicina hasta niveles que ahora mismo nos cuesta imaginar.