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Fernando Rueda, máximo especialista español en espionaje: “El servicio secreto tiene más separaciones y divorcios que otras profesiones"

Fernado Rueda, el autor de la novela
Fernando Rueda. Alicia Gil y Sandra Rueda
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En 2010 una sentencia condenó a un espía del CNI por traición. Es una historia un tanto olvidada hoy, pero es el punto de partida para una novela, ‘No me llames traidor’ (HarperCollins), que acaba de publicar Fernando Rueda. “Ha pasado a la historia como que hubo un agente del servicio secreto que se vendió a los rusos. Me fascinó esta historia, porque había un montón de cosas que podían sorprender”, cuenta su autor al otro lado del teléfono a la web de 'Informativos Telecinco'. ‘No me llames traidor’ explora, de hecho, todas las versiones de la historia.

Hace un par de años, se filtró a los medios que se investigaba un caso de supuesta venta de secretos a Estados Unidos por parte de agentes del servicio secreto. “Ni el primer caso, ni los que vendieron supuestamente (porque esto no está juzgando) a Estados Unidos, a ninguno los pillaron con las manos en la masa. Demostrar una traición sin pruebas es tremendo”, apunta el escritor. Pero ¿por qué alguien querría vender secretos? “Esa es la gran pregunta de la novela y es una de las preguntas que hice a la gente cuando investigaba el libro. Es decir, ¿por qué motivo tú traicionarías a tu país?”, responde Rueda.

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Cómo son los espías españoles

La novela de Rueda se remonta a los primeros años 90, cuando su protagonista, Beto Romero, es un agente infiltrado en el País Vasco. Romero viene de la Guardia Civil, un perfil 'blue collar' (cuello azul por su traducción del inglés, que son empleados que realizan labores manuales, técnicas, operativas o industriales, generalmente fuera de una oficina) que a su jefe no le acaba de convencer como potencial espía. ¿Son los prejuicios del jefe de Romero algo que ya se ha superado? “Cuando ocurre esa historia, había una consideración de que determinadas personas eran muy buenas para unas cosas, pero que no servían para lo demás. Había un cierto desprecio por algunos agentes”, responde el escritor. “Hay un cierto clasismo”.

Un espía oculta su identidad
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Rueda cuenta que, cuando se estableció el servicio de inteligencia en democracia, en los primeros 80, “no había prácticamente civiles, ni mujeres. Se consideraba que la gente que servía era la que venía de las Fuerzas Armadas o la Guardia Civil”. “Eso ha evolucionado, pero el servicio secreto es, según me decían hace años, una maquinaria fría”, señala. Todavía pervive una cierta idea de escalones y “unos ciertos problemas interiores”.

Al fin y al cabo, cuenta Rueda, son “humanos que tienen los mismos problemas que podemos tener nosotros, solo que acrecentados”. “El servicio tiene más separaciones y divorcios [que otras profesiones], porque la vida de los agentes es muy complicada, una en la que no tienen horarios y trabajan un montón”, apunta. Y, por supuesto, no pueden decirles nada a sus parejas de lo que han hecho.

Pero ¿cuáles son las características para el espía ideal? “Hay muchos tipos. Es una de las cosas que quiero transmitir en la novela”, apunta Rueda, que lista las variantes. “Está el espía que tiene capacidad de entrar a tu casa y robar o hacer fotos de documentos, el que es capaz de meterse en una organización mafiosa, que tiene capacidad de vivir esa identidad falsa y conectar dentro del grupo”, ejemplifica. Por tanto, si hubiese que hacer un retrato robot de capacidades, habría que incluir que tenga “unas dotes humanas muy especiales, que sea simpático, encantador, capaz de mantener y establecer relaciones y acercarse a la gente”. “Esa persona que es un tipo simpático, que todo el mundo le acoge y nadie sospecha”, resume.

"El servicio secreto no es Mortadelo y Filemón"

La imagen colectiva sobre el espionaje se ha construido en base a las películas de Hollywood y otros elementos de la cultura popular. ¿Cómo es en verdad el servicio secreto español, es 'cutrecillo' en comparación a lo que la CIA de ficción nos ha hecho imaginar? “El servicio secreto no es Mortadelo y Filemón. No es un cachondeo, no es supercutre”, asegura rotundo Rueda. “Eso es lo que a mucha gente, incluso dentro del propio servicio, les encanta que pienses. Cuando menos piensas que son muy buenos, pueden actuar, digamos, con mayor libertad”, comenta.

Rueda asegura que “el servicio secreto está muy valorado en Europa y tiene unos desarrollos increíbles. Han llevado a cabo operaciones fantásticas. Es verdad que también se han equivocado, pero desde que publiqué mi primer libro sobre ellos hace 33 años he conocido de todo y son muy buenos”. La CIA, recuerda, tiene unos recursos mucho más amplios, una mayor inversión; pero el espionaje español juega en las primeras divisiones de intercambio de información y es muy valorado por sus conocimientos en ciertas áreas clave.

¿Y a qué se dedican los espías hoy? ¿Son las amenazas del presente muy diferentes a las del pasado? “Las amenazas siguen siendo las mismas, Rusia, el narcotráfico, el terrorismo”, enumera Rueda. “También es verdad que han crecido las defensas del servicio secreto para hacerles frente”, asegura. Por ejemplo, colaborando con otros servicios secretos europeos.