Aunque la caña es el término universal, este puede hacer referencia a cosas distintas en el momento en el que cambiamos de comunidad autónoma
El histórico vaso de tubo que dominó las barras españolas en las décadas de los 80 y 90, hoy se encuentra en peligro de extinción
La diversidad de la cultura española no solo se mide por sus paisajes, su historia o su gastronomía, también se hace por la forma en la que su gente pide cerveza en bares, tabernas o terrazas. Para evitar malentendidos en la barra, Cerveceros de España presenta la guía definitiva para solicitar este trago en cualquier parte de España.
No es lo mismo entrar en una taberna de San Sebastián, un bar en Madrid, una terraza frente al mar en Alicante o un local de tapas en León. Cada lugar exige un mínimo conocimiento del 'lenguaje cervecero' para no ser reconocido como un forastero. Aunque la caña, habitualmente de 200 ml, es el término más universal, esta puede hacer referencia a cosas distintas en el momento en el que cruzamos las fronteras autonómicas del país.
“La forma en que pedimos una cerveza habla de quiénes somos y de cómo nos relacionamos. En nuestro país, el consumo de cerveza es eminentemente social y ligado a la alimentación. Por eso, el tamaño del recipiente y cómo se consume es algo único de cada región”, señala Jacobo Olalla, director general de la Asociación Cerveceros de España.
De norte a sur, del zurito al botijo
En el norte, dependiendo de la provincia o comunidad autónoma, los formatos y tamaños varían. En el País Vasco piden el zurito, con un volumen de entre 100 y 150 ml. Su medida es perfecta para acompañar los pintxos durante un sábado de poteo. Además, está pensado para garantizar que la cerveza conserve siempre su temperatura fría y el gas perfecto.
En Castilla y León, La Rioja y Asturias, el equivalente a este zurito vasco sería el corto, pero si lo que se busca es un cerveza más larga, en el País Vasco y en Navarra piden un cañón, que equivale a unos 300 ml.
En Zaragoza y Aragón se refieren a este trago como el penalti. Se llama así porque, técnicamente, se bebe de un disparo, como en la pena desde los 11 metros.
En las regiones del centro y del sur de la península, el principal objetivo es evitar que la cerveza se caliente con las altas temperaturas. En Madrid y la zona centro de la península hablan del doble, que contiene unos 350 ml, como el formato estrella de grifo que se sirve en vaso alto.
El tercio (333 ml) y el quinto o botellín (200 ml) son términos universales en toda España, sin embargo, en algunas zonas rurales de Castilla y Andalucía se emplea un lenguaje coloquial propio y se le llama 'botijo' al quinto y 'gorda' o 'ceporra' al tercio.
También se puede pedir un katxi en el norte de España o un mini en Madrid. Ambos hacen referencia a vasos de gran tamaño destinados a ser compartidos con amigos, sin embargo, este último suele causar confusión por el uso del diminutivo.
A pesar de todo, son muchos los que no olvidan el histórico vaso de tubo que dominó las barras españolas en las décadas de los 80 y 90, pero que hoy se encuentra en peligro de extinción. Algunos sumilleres y hosteleros lo descartan en favor de la copa de cristal fino.
El motivo vuelve a ser el asegurar la correcta temperatura de la bebida: el vaso de tubo calienta la cerveza al obligar al consumidor a abrazar el recipiente con toda la mano, mientras que la copa permite sostenerla por el pie, manteniendo el frío intacto. En España, no hay duda de que la cerveza forma parte de nuestra cultura gastronómica y de socialización.

