"Las bebidas con gas dañan los huesos": la verdad científica sobre una creencia muy extendida
Las bebidas con gas no dañan los huesos solo por contener burbujas, el problema está en otros ingredientes, como el azúcar o el ácido fosfórico de algunos refrescos
El cabello y las uñas siguen creciendo después de la muerte: la explicación médica que desmonta uno de los mitos más inquietantes
MadridDurante mucho tiempo, las bebidas con gas han tenido una amplia mala fama. Se ha dicho que hinchan, que estropean el esmalte, que suben la tensión y, sobre todo, que dañan los huesos. La idea se repite con frecuencia: si una bebida tiene burbujas, algo malo debe hacerle al organismo.
Sin embargo, la ciencia no señala al gas como culpable de debilitar los huesos. El dióxido de carbono que se añade al agua para formar las burbujas genera ácido carbónico, una sustancia débil que da esa sensación ligeramente ácida y chispeante. Por lo que el agua con gas sin azúcar no se ha relacionado de manera clara con la pérdida de masa ósea ni tampoco con un mayor riesgo de osteoporosis.
El gas no es el problema
El primer punto importante es separar la carbonatación del resto de ingredientes. El gas, por sí solo, no puede robar el calcio a los huesos. Beber agua con gas no puede hacer que el esqueleto se vuelva más frágil ni tampoco que el calcio vaya a desaparecer del cuerpo.
El mito, posiblemente, nace de una mezcla de ideas: como algunas bebidas carbonatadas son ácidas, se asumió que esa acidez podía afectar a los huesos. Pero el cuerpo regula el pH de la sangre de una manera muy estricta. Una bebida ligeramente ácida no llega a los huesos como si fuera un líquido corrosivo. El sistema digestivo y el metabolismo procesan esas sustancias mucho antes.
Otra cosa es que algunas bebidas con gas sí que contengan ingredientes que merecen más atención, como azúcar, cafeína o ácido fosfórico.
Agua con gas no es igual que un refresco
El agua con gas simple suele contener agua y dióxido de carbono. Algunas variedades minerales pueden aportar sodio, calcio, magnesio u otros minerales dependiendo de su origen, pero no contienen azúcar ni los aditivos propios de muchos refrescos.
Sin embargo, un refresco de cola puede incluir azúcar o edulcorantes, cafeína, colorantes y ácido fosfórico. Una tónica suele llevar azúcar. Algunas bebidas “de sabores” tienen ácido cítrico u otros acidulantes. Las bebidas energéticas pueden sumar cafeína en grandes cantidades.
Qué pasa con las bebidas de cola
La relación entre refrescos de cola y salud ósea se ha investigado más que la del agua con gas. Uno de los estudios más citados, dentro del Framingham Osteoporosis Study, encontró una asociación entre el consumo de colas y una menor densidad mineral ósea en mujeres, especialmente en la cadera. Sin embargo, no se observó la misma relación con otras bebidas carbonatadas que no eran de cola.
Este dato es relevante porque apunta a que el problema no sería la carbonatación en general, sino algo más concreto de las colas o del patrón de consumo asociado a ellas. Entre las hipótesis se han propuesto el ácido fosfórico, la cafeína o el hecho de que quienes toman muchos refrescos pueden desplazar otras bebidas más interesantes para los huesos, como pueden ser la leche o alternativas con calcio.
El ácido fosfórico, el calcio y el equilibrio de la dieta
El ácido fosfórico se utiliza en algunas bebidas de cola para aportar acidez y sabor característico. El fósforo no es malo: es un mineral esencial y forma parte de los huesos y dientes. El problema aparece cuando la dieta tiene mucho fósforo añadido y poco calcio, o cuando se consumen grandes cantidades de refrescos en lugar de alimentos y bebidas más nutritivas.
Los huesos no dependen de un solo ingrediente. Necesitan calcio, vitamina D, proteínas, actividad física, hormonas, genética y un estilo de vida saludable. Tomar una lata de refresco ocasionalmente no va a deshacer el esqueleto, pero sustituir habitualmente agua, leche, yogures u otras fuentes de nutrientes por refrescos azucarados sí que puede empobrecer la dieta.
¿Y el esmalte dental?
Otro mito muy cercano es que el agua con gas destroza los dientes. Aquí también hay que hacer una diferencia. Las bebidas ácidas pueden contribuir a la erosión dental cuando se toman con mucha frecuencia, se mantienen mucho tiempo en la boca o se consumen a sorbitos durante horas. Pero el agua con gas natural, sin azúcar ni sabores ácidos añadidos, parece tener un potencial erosivo mucho menos que los refrescos, bebidas deportivas o zumos ácidos.
El riesgo aumenta cuando hablamos de aguas con gas saborizadas con cítricos, refrescos light ácidos o bebidas con azúcar. En esos casos, no solo cuenta la burbuja, sino el pH, los ácidos añadidos, la frecuencia de consumo y el contacto prolongado con los dientes.
Una recomendación sencilla es no estar bebiendo este tipo de refrescos todo el día, sino solo con las comidas, alternar con agua y esperar un rato antes de cepillarse los dientes en caso de haber tomado algo ácido.
Cuándo conviene tener más cuidado
El agua con gas puede ser una gran alternativa para personas que quieran beber más agua y les apetezca algo con una mayor sensación de frescor. Sin embargo, hay casos en los que conviene revisar las etiquetas debido a que algunas aguas minerales con gas contienen bastante sodio, algo importante para aquellos que tienen que controlar la sal. También pueden ser incómodas para quienes tienen gases, reflujo o distensión abdominal.