El significado oculto que desvela nuestra firma, del nombre a los apellidos elegidos, según una grafóloga: "Representa nuestro yo social"

Un hombre firmando un documento. Pexels
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Cuando falleció su madre, Montse Perelló tenía 33 años. En aquel momento no tenía previsto ser grafóloga, pero la muerte accidental de su madre le obligó a revisar su vida por completo. "Mi madre murió ahogada en el canal de mi pueblo. Paseaba por allí, como hacía a menudo, y aquel día no volvió a casa. La buscamos durante tres largos días en una movilización intensa en la que participaron Mossos d’Esquadra, perros de rastreo, buzos y muchas personas del pueblo. Fueron días marcados por la incertidumbre de no saber qué había ocurrido ni dónde estaba", narra en su libro 'Reescríbete. Grafoterapia: cambia tu letra, cambia tu vida' (Luciérnaga, 2026). Tras esos días intensos de búsqueda, finalmente pudieron localizarla. Estaba en el agua, en la antigua central eléctrica del Collet, al parecer la corriente la había llevado hasta allí. Según la autopsia, luchó por su vida, pero nunca pudieron saber qué había ocurrido realmente.

Aquel suceso, en el 2009, marcó un antes y un después, sobre todo en su profesión. Se especializó en grafología, una técnica que permite analizar la escritura para descubrir los rasgos de personalidad y el carácter de una persona. Es una técnica que se puede aplicar en muchas disciplinas. Existe, por ejemplo, la grafología forense o la grafología especializada en política. En su caso, se especializó en grafoterapia y lo puso en marcha consigo misma; ella fue su primera paciente. "Para mí, estudiar grafología fue descubrir un mundo. Me di cuenta de que las letras guardaban una memoria inmensa y eso me hizo reflexionar sobre cuánto conocimiento llevamos dentro y cuánto podemos llegar a descubrir de nosotros mismos. La grafología me ayudó, primero, a conocerme y comprenderme mejor, y también a hablarme de una manera más bonita. Después llegó la grafoterapia y, especialmente a través de la evolución de mi firma, me ayudó a definir un propósito de vida y a tenerlo presente incluso en los momentos en los que me despisto o me alejo de él".

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Poco a poco empezó a tener pacientes a los que ayudar mediante esta técnica. Desde personas que tenían bloqueos sexuales, hasta con mucho estrés o sensación de tristeza permanente. "Recientemente, he tenido el caso de un CEO de una multinacional con un nivel de estrés muy elevado y un importante desgaste profesional, especialmente en el ejercicio de su liderazgo. A través de la grafoterapia, estamos trabajando diferentes aspectos de su escritura. Uno de los primeros ha sido reducir progresivamente la velocidad y mejorar la legibilidad. También estamos trabajando la ligazón entre las letras, con el objetivo de explorar una manera de relacionarse y comunicarse que dé más espacio a la dimensión emocional, tanto en la valoración de las situaciones como en los vínculos con los demás.Y, por último, estamos trabajando su firma, que representa el yo social: cómo quiere presentarse ante el mundo, cómo desea que lo perciban y qué propósito quiere transmitir a través de su liderazgo", explica Montse en una entrevista para la web de 'Informativos Telecinco'.

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Qué es la grafoterapia y cómo puede ayudarte

Para entender cómo nos puede ayudar, primero hay que conocer qué es la grafoterapia. Y, en este sentido, es un proceso de transformación personal a través de la escritura. Para aprender y consolidar nuevos hábitos, nuestro cerebro utiliza diferentes mecanismos, como la repetición (la práctica reiterada), la asociación (vincular una experiencia con un estímulo, una idea o una emoción) y la experiencia corporal, a través del movimiento y de las sensaciones. Precisamente, la escritura es una actividad en la que intervienen de forma coordinada el pensamiento, la emoción y el movimiento. En una sesión de grafoterapia trabajamos sobre aquellos gestos gráficos que queremos modificar o entrenar, mediante ejercicios personalizados y una práctica consciente y repetida. El objetivo es favorecer nuevos hábitos y generar recursos que nos ayuden a afrontar determinadas situaciones de una manera diferente", subraya la grafóloga.

Así pues, una hoja en blanco es la mejor forma de empezar una sesión, porque a través de lo que escribimos el grafólogo puede empezar a ver cómo puede ayudarnos. Las letras le darán pistas, pero también cómo las distribuimos en los márgenes del papel. Después, analiza los ocho géneros gráficos: el orden, el tamaño, la inclinación, la presión, la forma, la velocidad, la dirección de las líneas y la cohesión entre las letras. Cada uno de estos aspectos aporta información y nos ofrece una pequeña pieza del conjunto.

Las dos letras clave que aportan mucha información nuestra

"Lo interesante es que ningún gesto gráfico, por sí solo, define a una persona. Es cuando relacionamos todos los elementos, los contrastamos y observamos cómo encajan entre sí cuando empezamos a construir una visión más completa de la persona, de sus tendencias y de su manera de funcionar". Hay dos letras que aportan mucha más información de lo que pensamos, son la t y la g. Y son especialmente interesantes porque, dentro del análisis grafológico, nos permiten explorar aspectos más íntimos y particulares de una persona. Según la zona de la letra y la manera en que está construida, podemos observar tendencias relacionadas con el pensamiento, la emoción o la acción. ¿Cómo interpretarlas?

  • La letra "t" está relacionada con la capacidad de afirmarnos ante la vida, con nuestra voluntad y con la manera en que expresamos nuestra determinación. En particular, la barra horizontal nos aporta información sobre cómo ejercemos esa voluntad, cómo nos reafirmamos y cuál es nuestro estilo comunicativo.
  • La letra "g" se vincula, dentro de la interpretación grafológica, con la esfera sexoafectiva. Nos permite explorar aspectos relacionados con la vivencia de la sexualidad, la capacidad de expresar el afecto y la manera de establecer vínculos íntimos con los demás.

En cualquier caso, ninguna letra se interpreta de forma aislada ni permite extraer conclusiones definitivas sobre una persona. Es necesario observar cómo se integra cada gesto gráfico en el conjunto de la escritura y tener en cuenta el contexto individual.

Según nos explica Montse, la forma en la que juntamos una letra con otra también aporta información. Por ejemplo, una letra tocando con otra sin ningún espacio puede significar que la persona, cuando analiza una situación, lo hace de forma ansiosa. En su interior, vive con preocupación y "adosando" pensamientos sin aire. Esto se puede explicar en personas que han vivido una educación más controladora por parte de sus progenitores, especialmente, con la madre. Una manera de trabajar esos sentimientos de agobio y control es dando espacios en las letras y aportando aire entre ellas. Porque, como dice, el mero hecho de escribir ya es sanador.

Lo que refleja nuestra firma: de los nombres a los apellidos

Por supuesto, la firma es otra área de trabajo para la grafoterapia. ¿Qué nos cuenta en este sentido? "La firma representa nuestro yo social: cómo nos comportamos con los demás, cómo nos presentamos ante el mundo y qué imagen proyectamos. Es como nuestra marca personal, una manera de mostrarnos que, aunque muchas veces hacemos de forma inconsciente, también puede estar condicionada por lo que los demás esperan de nosotros o por lo que hemos aprendido a lo largo de la vida".

A través de la firma, desde el análisis grafológico, exploramos aspectos como nuestra ambición, la necesidad de reconocimiento, el compromiso con lo que expresamos y la relación entre nuestra identidad personal y nuestra imagen social. También podemos observar indicadores que nos ayudan a explorar cómo hemos vivido nuestra infancia, la influencia de nuestros progenitores y cómo nos posicionamos en el ámbito profesional. Y, especialmente, podemos identificar posibles miedos, bloqueos, limitaciones y creencias que influyen en nuestra manera de relacionarnos con nosotros mismos y con los demás, tanto a nivel emocional como social y relacional. Y añade: "Eso sí, la firma no se interpreta nunca de forma aislada ni permite sacar conclusiones definitivas por sí sola. Lo interesante es analizarla en conjunto con el resto de la escritura y con la historia de la persona, para abrir una puerta al autoconocimiento".

"Aún hoy, mi firma sigue siendo un faro. Cuando me disperso, cuando dudo, cuando me descentro; la miro y me reubica"

Cuando analiza la firma, visualiza cómo escribimos el nombre y los apellidos. En grafología cada uno tiene un significado:

  • El nombre de pila representa nuestro yo más íntimo. Es el reflejo de cómo hemos transitado la infancia, de las emociones que quedaron grabadas en nuestro cuerpo y en nuestra memoria. Allí habita la raíz de nuestra identidad: cómo fuimos mirados, sostenidos o, a veces, invisibilizados en nuestros primeros años.
  • El primer apellido guarda la energía de lo social, de cómo nos vinculamos con el mundo exterior, especialmente en el ámbito profesional. Pero, más profundamente, conecta con la figura del padre. Este apellido lleva consigo la huella emocional de la forma en que hemos vivido la relación paternal y qué espacio ocupa en nuestra estructura interna.
  • El segundo apellido está vinculado a lo íntimo, al hogar, al lugar que ocupamos dentro del sistema familiar. Aquí es donde suele manifestarse la relación con la madre, donde se desvela lo que no nos sostuvo, lo que nos faltó, lo que nos moldeó. En él se encuentra la carga emocional que llevamos del vínculo materno.

Montse lo puso en marcha a través de su propia firma. Años antes de que falleciera su madre, era un garabato que prácticamente no se entendía. "Recuerdo claramente cómo era entonces. Ilegible, angulosa, con una tensión interna que hablaba por sí sola. Tenía algo de rigidez, incluso de prepotencia, y la tachaba con una presión que parecía querer borrarme a mí misma. Separaba "Montse" de "Perelló", marcando una distancia simbólica con mi linaje paterno y tachándome, sin saberlo, de forma literal y profunda. Cuando en el año 2000 tomé la importante decisión de iniciar un proceso de grafoterapia conmigo misma, quise darle forma". Tardó dos años pero por fin consiguió que su firma representara su proceso personal: más transparencia y coherencia en cada trazo. "Aún hoy, mi firma sigue siendo un faro. Cuando me disperso, cuando dudo, cuando me descentro; la miro y me reubica", añade.