Una experta financiera alerta de los gastos por los que perdemos hasta 400 euros al mes: "Es algo insostenible"
Los conocidos como gastos vampiro se van acumulando y se normalizan dentro de la economía familiar
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La presión económica que afrontan los hogares españoles se ha intensificado en los últimos años. Y ojo, existe un elemento que contribuye especialmente a la pérdida silenciosa de liquidez: los llamados gastos vampiro.
Son pagos recurrentes que pasan desapercibidos, pero que mes a mes van absorbiendo una parte importante del presupuesto familiar sin que muchos consumidores sean plenamente conscientes de ello.
En un entorno marcado por el consumo digital, las suscripciones automáticas, los micropagos en aplicaciones y la falta de educación financiera forman un cóctel que, según especialistas, deteriora la capacidad de ahorro incluso de quienes cuentan con ingresos estables.
Elisabet Ruiz-Dotras, profesora de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC y experta en educación financiera, advierte de que este fenómeno ya es “un problema estructural en la economía doméstica”.
Por qué se han convertido los gastos vampiro en un problema creciente
Para entender la magnitud del fenómeno, Ruiz-Dotras lo explica con claridad. “Suponen un gasto proporcionalmente grande en las economías domésticas, que es recurrente cada mes, y que a menudo corresponde a servicios o productos que no se necesitan y cuesta renunciar a ellos”.
La experta señala que la naturaleza repetitiva de estos pagos los convierte en un drenaje continuo que no siempre se detecta a tiempo.
Este tipo de cargos se consolida por inercia, porque muchos consumidores los ven como montantes pequeños que no afectan al total. Sin embargo, cuando se suman a lo largo del año, el impacto es notable y limita de manera directa la capacidad de ahorro.
En qué se diferencian de otros gastos invisibles
Ruiz-Dotras explica que los gastos vampiro se distinguen de los hormiga y los fantasma por su volumen y su uso. Según detalla, “un gasto vampiro suele ser mayor que los hormiga”.
La diferencia con los fantasma es todavía más llamativa: “En los gastos fantasma ni te acuerdas de que existen; no haces uso del servicio y son una especie de sorpresa”. En el caso de los vampiro, sí se utilizan, aunque muchas veces de manera mínima o esporádica.
Esa combinación de recurrencia y falta de análisis hace que se integren en el presupuesto sin que el consumidor se cuestione su verdadera necesidad.
Cómo pueden llegar a absorber el 30% del presupuesto mensual
Una de las cifras que más alarma genera es la estimación de que estos cargos pueden llegar a consumir hasta un 30% del presupuesto mensual.
La especialista confirma que no es una exageración. “Es fácil llegar a este porcentaje porque la gente solo valora la ilusión inicial de tener un servicio y no piensa en el medio o largo plazo”.
Sin planificación financiera, los pagos se van acumulando y se normalizan dentro de la economía familiar.
Por qué no se detectan con facilidad
El problema no es solo que los hogares asuman estos pagos como algo habitual, sino que no existe un hábito de revisión periódica.
Ruiz-Dotras lo resume de forma contundente: “Se van sumando poco a poco y normalmente la gente no tiene ni planificación ni presupuesto”.
La percepción de que se trata de pequeñas cantidades hace que se ignoren, hasta que la falta de liquidez aparece y obliga a revisar las cuentas.
La influencia del consumo digital y las suscripciones
Las plataformas audiovisuales, los servicios premium y los micropagos son un reflejo de los nuevos hábitos de consumo. La experta destaca el papel de la cultura digital: “Las redes sociales y la sociedad actual promueven tener de todo”.
La facilidad para contratar servicios, unida a la ausencia de educación financiera y al acceso inmediato al crédito, incrementa el riesgo de acumular más gastos vampiro de los que una renta media puede asumir.
Las suscripciones audiovisuales representan uno de los ejemplos más claros. Ruiz-Dotras lo explica: “Son servicios que no necesitamos; sigue habiendo televisión pública y gratuita”.
El desembolso anual en plataformas puede superar los 400 euros cuando se suman contenidos audiovisuales, música y videojuegos, una cifra difícil de asumir si se combina con otros gastos de ocio.
En cuanto a su sostenibilidad: “Si las plataformas ya suponen un 15% o 20% del salario, es evidente que no es sostenible”.
El efecto de los pequeños pagos automáticos
Los micropagos y cargos vinculados a apps también desempeñan un papel relevante.
Ruiz-Dotras insiste en que estos importes, aunque reducidos, se convierten en una carga real con el paso del tiempo. “Cada gasto que añadimos en la cuenta bancaria, por más pequeño que sea, al final del año es dinero”.
La falta de revisión es el problema central; cuando los usuarios toman conciencia del total, suelen cancelar parte de estas suscripciones.