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Gas o electricidad: qué sistema resulta más eficiente para calentar agua en una vivienda media

Una caldera de gas
Una caldera de gas. Nedgia
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Hay decisiones que, si se toman apresuradamente cuando se compra una vivienda o se sustituye un aparato averiado, condicionan durante mucho tiempo una parte significativa de nuestro gasto energético mensual. La elección del sistema para producir agua caliente sanitaria es probablemente la más subestimada

Según los datos que maneja el IDAE, entre el 20% y el 40% de la energía que consume una vivienda española se destina a producir agua caliente para la ducha, fregadero, lavavajillas y lavadora, un porcentaje que sube en invierno cuando la temperatura del agua de la red cae por debajo de los diez grados. Ese peso convierte la disyuntiva histórica entre gas y electricidad en algo mucho más relevante que una preferencia de instalación, al tratarse de una decisión objetiva.

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Dos maneras opuestas de calentar el agua

Antes de ir a las cifras conviene deshacer una simplificación frecuente. Los calentadores de gas, en cualquiera de sus variantes: butano, propano o natural, funcionan por producción instantánea: una llama calienta el agua justo cuando abrimos el grifo, sin acumulación intermedia. Los termos eléctricos, en cambio, calientan un depósito de agua mediante una resistencia y lo mantienen a temperatura durante horas, listo para ser consumido. 

La primera consecuencia es que con gas no hay límite de litros de agua caliente disponibles, pero un termo eléctrico necesita entre una y tres horas para recuperar el depósito una vez agotado. La segunda es normativa, ya que cualquier intervención en instalaciones térmicas debe realizarla un técnico autorizado por el Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios, y una instalación defectuosa puede anular el seguro del hogar y generar riesgos por fugas o mala evacuación de gases.

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Por qué el gas suele ganar en el euro por kilovatio

En términos estrictamente energéticos, el termo eléctrico convierte prácticamente todo el kilovatio eléctrico que consume en calor útil, con un rendimiento que supera el 95%, pero paga cada uno de esos kilovatios al precio del PVPC. El gas natural, aunque presenta un rendimiento estacional algo menor (85-94% en un calentador estanco modulante, según los cálculos técnicos que publica SATCalentadores), tiene un coste significativamente inferior. 

El gas suele ser más barato que la electricidad por unidad de calor producida, y esa diferencia se sostiene incluso considerando la parte fija del contrato de suministro gasístico. Para una vivienda de cuatro personas con un consumo diario en torno a 120 litros de agua mezclada a 40 grados el termo eléctrico por resistencia demanda entre 3,8 y 5 kWh eléctricos diarios, mientras que el calentador de gas estanco consume el equivalente a entre 3,7 y 4,9 kWh de gas al día. La diferencia real la marca el precio de la unidad energética contratada, no el rendimiento del aparato.

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Si el termo es antiguo

El desnivel es especialmente pronunciado cuando la comparación se realiza entre un termo eléctrico convencional y una caldera moderna. En dos viviendas con la misma demanda de ACS, la calificación energética puede diferir radicalmente según el equipo. Un termo eléctrico antiguo se mueve en rendimientos del 75-85%, mientras que una caldera de condensación supera el 95%. El certificado, que es documento obligatorio en cualquier operación inmobiliaria, penaliza sensiblemente la primera opción y bonifica la segunda.

El comodín que cambia la ecuación

La tercera vía, probablemente la más eficiente disponible hoy en el mercado, es el termo con bomba de calor o aerotermia. Este sistema extrae del aire exterior entre el 65% y el 75% del calor que finalmente entrega al agua, de modo que por cada kilovatio eléctrico consumido produce entre tres y cuatro kilovatios de calor útil. 

Así, para la misma demanda diaria de agua caliente, un termo por resistencia consume entre 3,8 y 5 kWh eléctricos, mientras que un termo con bomba de calor consume entre 1 y 1,7 kWh. El sobrecoste inicial del equipo se amortiza en un plazo de seis a nueve años, dependiendo del uso y del precio de la electricidad.

Cuándo conviene cada opción

El termo eléctrico resulta la opción más adecuada en viviendas urbanas de tamaño reducido, en inmuebles de uso ocasional donde asumir un contrato fijo de gas no compensa, en pisos sin acceso a la red de gas natural y, sobre todo, en hogares con instalación fotovoltaica que pueden aprovechar los excedentes de generación solar para calentar el depósito prácticamente sin coste. 

El calentador de gas, en cambio, sigue siendo la opción óptima para viviendas grandes con varios baños y demanda intensiva de agua caliente continua, especialmente si ya se dispone de contrato de gas para calefacción. 

La aerotermia, con la etiqueta energética A que hoy exige el Código Técnico de la Edificación en obra nueva, se está imponiendo en las rehabilitaciones profundas y en las promociones de vivienda nueva, favorecida además por su elegibilidad para las ayudas de los fondos Next Generation y por su compatibilidad con placas fotovoltaicas.