El consumo de platos preparados crece en España: ¿es realmente más barato que comer en un bar?
El consumo de platos preparados en España ya supone un gasto de 4.424 millones de euros. Un experto financiero analiza este fenómeno
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No tenemos tiempo. El estrés nos gana la partida en el día a día. Y una de las señales más evidentes es que la comida preparada ocupa cada vez más espacio en los supermercados españoles.
Y no, no hablamos únicamente de una tortilla envasada o una ensalada: arroces, carnes, pastas y recetas tradicionales han convertido algunas tiendas en auténticos competidores de bares y restaurantes.
El consumo de platos preparados en los hogares superó los 806 millones de kilos en 2024, un 5,1% más, mientras el gasto alcanzó 4.424 millones de euros, con un crecimiento del 8,9%, según el Ministerio de Agricultura. Detrás del fenómeno no existe únicamente una cuestión económica.
Roberto Sánchez Ortín, asesor financiero, considera que “responde a nuestra falta de prioridad por cocinar”. Las cadenas, explica el experto, saben que muchos consumidores “no podemos permitirnos un menú diario”, pero estamos dispuestos a comprar una alternativa más barata para evitar cocinar, “aunque suponga un 100% más de coste”.
El supermercado compite cada vez más con los restaurantes
Worldpanel by Numerator calcula que el negocio del listo para comer creció un 55% entre 2022 y 2025. Además, 6,9 millones de personas habían comprado alguna vez comida lista para llevar del supermercado para consumir fuera del hogar y 1,3 millones habían comido directamente en estos establecimientos.
“El listo para comer ofrece oportunidades tanto a los distribuidores como a la restauración y, por supuesto, a los fabricantes, pero hay que entender que ya no se compite en campos diferentes, sino en el mismo terreno de juego”, explica Veronika Khurshudyan, directora de Clientes de Gran Consumo en Worldpanel.
Y más datos: en 2024, el 17% del gasto en restauración se destinó a supermercados y tiendas de conveniencia para adquirir platos preparados. Paralelamente, la cuota de los restaurantes comerciales descendió del 79% en 2021 al 77% en 2024, mientras los canales alternativos avanzaron del 21% al 23%.
¿Es realmente más barato que comer en un bar?
La comparación no es solo cosa del precio de un plato. “En un bar nos condicionamos a consumir una cantidad marcada por el negocio, una bebida y un postre que quizás en nuestra casa no tomaríamos necesariamente”, señala el experto.
También depende de qué se compre. “Los alimentos básicos siempre son más económicos por sus materias primas. Pero cuando acudimos a carnes no hay una diferencia grande con un restaurante”, explica.
La ventaja económica del supermercado puede existir frente a la restauración, pero cambia radicalmente cuando la comparación se realiza con cocinar en casa.
Una ensalada de 5 euros frente a cuatro hechas en casa
“Es más saludable para el bolsillo y para nosotros. La comodidad de no tener que cocinar genera que se vendan ensaladas a 5 euros cuando por el mismo precio tienes ingredientes para hacer cuatro ensaladas”, comenta.
Por eso el experto recomienda establecer un límite específico: “Deberíamos marcarnos un presupuesto doméstico de cuánto destinamos a comer fuera de casa”.
En su opinión, los platos preparados deberían contabilizarse precisamente en ese apartado: “Estos productos entran dentro de ‘ocio’, porque todo lo que suponga pagar por comodidad cuando puedes hacértelo tú es un capricho”.
Las promociones pueden acabar en la basura
Los descuentos y formatos grandes tampoco garantizan un ahorro. Aquí entra en juego la corta vida útil de muchos platos.
“La comida preparada tiene una caducidad de un día o dos. Comprar más por ahorrar es comprar más para tirarla a la basura”, advierte. Por ello, recomienda evitar las decisiones provocadas por el impulso y por el FOMO: “No quiero perder esta oportunidad”.
Según datos del Ministerio de Agricultura, los hogares desperdician 1.125 millones de kilos o litros de alimentos y bebidas al año.
¿Compensa para una persona que vive sola?
La respuesta del experto no deja lugar a dudas: “Para nadie”. Desde un punto de vista estrictamente financiero, argumenta que “nadie puede encontrar rentabilidad en pagar un producto más caro que la suma del precio de sus ingredientes con su elaboración”.
La excepción aparece cuando entra en la ecuación un recurso que también tiene valor: el tiempo. En ese caso, el listo para comer puede tener sentido para una persona que no dispone de tiempo suficiente para cocinar.
Por tanto, el auge de estos productos no significa necesariamente que los consumidores hayan encontrado una forma más barata de alimentarse. En muchos casos están pagando por eliminar varios pasos: comprar ingredientes, preparar la receta, cocinar y limpiar. Y claro, de todo ello los supermercados se aprovechan.