Leyla Kazim sobre el trabajo de oficina: “Las actividades que son significativas para ti quedan relegadas a los márgenes de tu vida"
Kazim ha detallado cómo dejó de cumplir con sus tareas sin que nadie percibiera su dejación de funciones
“Trabajar duro te mantiene pobre en todo lo que de verdad importa. Pasas la mayor parte del día encorvado frente a un escritorio, enviando correos y asistiendo a reuniones sobre reuniones”. Con esta dura descripción de una parte de lo que significa un trabajo de oficina en 2026 comienza el ensayo de la escritora Leyla Kazim en Substack.
Bajo el título 'No trabajé durante un año y nadie se dio cuenta', Kazim ha detallado cómo dejó de cumplir con sus tareas sin que nadie percibiera su dejación de funciones. Su ensayo ha tenido tanto éxito que también ha publicado una versión en el periódico británico 'The Telegraph'.
Jornadas interminables y falta de interés
Con un sencillo método esta mujer se pasó 12 meses trabajando aproximadamente 15 minutos a la semana, los mismos en los que preparaba las reuniones en las que convencía sus jefes de que iba avanzando en sus proyectos, el resto de la jornadas se abría un Excel en la pantalla en la que preparaba minuciosamente sus viajes personales, aunque a ojos del resto trabajaba a conciencia por los objetivos de la empresa de software con oficina en Londres en la que estaba contratada. “No trabajé absolutamente nada durante un año entero. El experimento no terminó porque alguien descubriera mi inactividad, sino porque finalmente me fui yo del trabajo”, explica en este ensayo.
Leyla Kazim ha justificado su experimento analizando lo duro que es, existencialmente hablando, el compromiso con un trabajo de oficina en el que no existe una vocación clara. “Las actividades que son significativas para ti, las cosas que te da alegría crear y hacer o pasar tiempo con tus seres queridos, quedan relegadas a los márgenes de tu vida. Es decir, aproximadamente antes de las siete de la mañana y después de las ocho de la tarde entre semana, más las migajas que quedan del fin de semana", escribe.
Para ella, cuyos primeros años trabajando en esta oficina de Londres fueron más o menos felices, todo cambió al darse cuenta de que no podía soportar la monotonía de un trabajo que no le hacía sentirse útil: “Los minutos se estiran hasta convertirse en horas y te preguntas cómo es posible que solo sean las tres y media de la tarde cuando llevas sentado en esa silla lo que parece una eternidad”, explica.
Finalmente, y tras meses sin trabajar, concluyó que “el trabajo moderno es un juego, una representación teatral. Una vez que entiendes la regla principal, que la apariencia de esfuerzo importa más que el resultado real, todo cambia".
El "juego de las oficinas"
El caso de Leyla Kazim es real, aunque se parece mucho al de Marisa, la protagonista de la exitosa novela 'El desencanto'. En esta obra, Beatriz Serrano, su autora, describió a la perfección lo que es “jugar a las oficinas si sabes cómo”. En este caso el juego se desarrollaba en una agencia de publicidad. “Hay trabajos donde no se puede performar. Por ejemplo, el de un cajero de supermercado o el de una enfermera... Pero cuando hablamos de algunos trabajos de oficina las tareas son menos tangibles y no es tan fácil medirlas. Ahí es donde entra lo que en el libro llamé ‘jugar a las oficinas’: ir de un lado para otro, asistir a reuniones, petardear mucho para que parezca que trabajas”, explica.
¿Son nuestros trabajos las grandes obras de teatro de nuestras vidas? Para contar cómo Marisa se mete en la espiral de trabajar cada vez menos, Serrano, que también es finalista del Premio Planeta con su segunda novela 'Fuego en la garganta', se inspiró en una teoría del sociólogo Erving Goffman. “Él elaboró una teoría sociológica sobre nuestra manera de relacionarnos en la que decía que funcionamos en el mundo como si fuéramos actores, como si siempre estuviéramos actuando. Creía que solo en la intimidad de nuestras casas éramos nosotros mismos. Pienso que quizá con nuestros amigos, nuestra pareja o con los suegros el personaje y la persona son prácticamente lo mismo. Sin embargo, en el trabajo interpretamos personajes que se alejan mucho de nosotros. Las oficinas puede que sean los lugares donde las personas se alejan más de su verdadero ser”.
Para Serrano este fenómeno se aplica incluso a la manera en la que nos comunicamos. “Hay un lenguaje al que yo llamo ‘hablar empresa’ que es cuando hablamos en plural de los logros de la compañía: ‘Hemos perdido una cuenta’, ‘hemos ganado un millón de dólares’. Bueno, en realidad sigues siendo mileurista. Pero esta parte en la que la empresa está contaminando la identidad de una persona me llamaba mucho la atención”.
Juegos de poder y apariencia de esfuerzo
Cuando Beatriz Serrano escribió 'El Descontento' quiso reflejar el comportamiento de algunos individuos con los que había trabajado en distintas empresas y todas las ‘performances’ que había presenciado. “El libro empieza con una escena en la que Marisa está a punto de entrar en una reunión por Zoom. Ella se está preparando para esa reunión como un actor antes de salir al escenario. Cuando trabajaba en la novela, como decía antes, volvía mucho a la teoría de Erving Goffman y puse en la boca de Marisa frases como: "El trabajo es solo un papel que hay que saber interpretar".
Lena Ruiz Pérez es Cultural Strategist en una agencia de publicidad y a través de su cuenta de Instagram publica vídeos en los que habla sobre la cultura laboral actual y la infelicidad que provoca en muchas personas, sobre todo jóvenes, tener un trabajo de oficina. “En el mundo corporativo sucede un fenómeno en el que el trabajo se convierte en una especie de trampantojo. Cuando entras te dicen que tus tareas van a ser estas, que tus funciones van ser estas otras y que tu impacto será este, pero luego te das cuenta que la mayoría de las tareas están destinadas a cosas que no tienen nada que ver con el trabajo productivo en sí”, sostiene.
Para Ruiz Pérez hay que jugar a un juego de poder muy desgastante dentro de las empresas para poder ganar y ascender. “Hay personas que vuelcan todo su ego y toda su necesidad de ser vistos en el entorno corporativo. Parece que el éxito se mide más en juegos de poder y apariencia de esfuerzo que en trabajo real”.
Pero, ¿Cómo afecta a la salud mental de una persona tener un trabajo performativo de oficina?. “Hay un libro que se llama 'Trabajos de mierda' que analiza que tener a gran parte de la población en trabajos repetitivos, y encima estresantes, haciendo tareas que saben que son tremendamente inútiles hace un daño enorme en el espíritu. Es un libro que me gusta mucho“, explica Ruiz Pérez.
Volviendo al ensayo de Leyla Kazim, su conclusión es que el experimento que ella llevó a cabo no es para todo el mundo. “Un trabajo de mierda con margen para vaguear es una cosa. Un trabajo de mierda que te roba la vida y la salud es insostenible. Este ensayo es para quienes tienen horas que llenar frente a un escritorio, no para quienes están ahogándose. Si te estás ahogando, esa es otra conversación completamente distinta. Tu prioridad debería ser una estrategia de salida”.

