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Javier Gil, sobre la crisis de acceso a la vivienda en España: "Tu futuro va a depender de tu capacidad de heredar"

Javier Gil, autor de ‘Generación inquilina’
Javier Gil, autor de ‘Generación inquilina’. Cortesía
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La vivienda quita el sueño. Según datos del CIS, el 42,6% de la ciudadanía reconoce que les preocupa, un porcentaje que ha ido en aumento. Es el principal problema de España y el segundo en sus esferas personales. Los precios de compra se han disparado, haciendo que adquirir una vivienda propia se haya vuelto imposible para una parte importante de la población, que debe vivir alquilada y afrontar su propia escalada de precios. Salvo un paréntesis durante la pandemia, los precios de los alquileres han subido año tras año desde 2015, según cuentas de Fotocasa.

Estas personas son quienes protagonizan ‘Generación inquilina’, el ensayo que acaba de publicar el investigador Javier Gil en Capitán Swing sobre la situación de la vivienda.

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El motivo de la crisis de la vivienda

Aunque ahora protagoniza todos los titulares, este no es un problema ajeno a su contexto. “Hay que entender de dónde viene”, explica a 'Informativos Telecinco' Javier Gil. “Si bien hasta 2008 la financiarización de la vivienda era un proceso ligado a que la población pudiera participar en esos mercados, aunque fuera de manera desigual, en ese año eso se rompe”, apunta el experto. “En el nuevo ciclo, esta generación inquilina ya no puede acceder a la vivienda”.

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La riqueza, escribe en su libro, depende menos ahora del esfuerzo individual y más del momento histórico en el que se nace. ¿Es la vivienda entonces un símbolo de nuestro tiempo? “Claro. Para esta generación inquilina, da igual cuánto trabajen, cuánto se esfuercen o cuánto estudien, porque no van a poder acceder a la vivienda en propiedad por sus propios medios”, responde Gil. “Los precios están desconectados de su salario y de la economía del país. Esto es un problema, porque vivimos en un país donde se nos dice que si trabajas, estudias y te esfuerzas vas a poder prosperar, acceder a un bienestar y poder tener aspiraciones sociales. De repente, esto se rompe. Tu futuro va a depender de tu capacidad de heredar o no”.

Aunque son justamente la generación millennial y la Z las que están afrontando una parte importante de esta situación, Gil no quiere reducir todo a una ‘guerra de generaciones’. Se trata más, señala, de una cuestión de brecha de riqueza. “El nacimiento y consolidación de la generación inquilina y su exclusión de la propiedad de la vivienda va paralelo a una concentración de las propiedades, que conlleva una concentración de la riqueza”. Esto es, la brecha entre quienes son muy ricos y quienes no lo son se ha ido haciendo más amplia.

La cubierta del libro

“Se está acelerando la desigualdad a unos ritmos que hacía mucho que no se veía”, señala. “En el siglo XX en Europa, y no solo en España, se ha redistribuido la riqueza y se había activado la movilidad social. Eso se está rompiendo, pero no en un contexto de escasez sino en uno de concentración de riqueza. Esa es la gran contradicción de nuestra época”, explica. “Esto no tiene que ver con que los jubilados vivan mejor porque pudieron comprar sus propiedades en un momento donde esta más fácil. Esto tiene que ver con que hay gente ganando mucho dinero con esto”. “No es que no haya viviendas para la generación inquilina, es que se las están quedando inversores y especuladores”, acusa.

De hecho, en ‘Generación inquilina’, Gil explica que, con los datos en la mano, la imagen recurrente del casero como una persona que tiene un piso que alquila para redondear sus ingresos es poco realista. “La mayoría son multipropietarios y no están completando su pensión o su salario”, suma. “Estamos hablando, como documento en el libro, de la población de más renta. Si dejaran de percibir lo que reciben por el alquiler de sus propiedades, seguirían duplicando la renta de sus inquilinos”, señala.

¿Es posible solucionar el problema de la vivienda?

¿Es posible solucionar el problema de la vivienda? Otros países y otras ciudades son ejemplos de que otros modelos son posibles. Gil lo muestra con los casos de Suecia o de Viena. En esta ciudad, un proceso activo de políticas públicas en los años 20 y 30 sentó las bases para un mercado con elevada presencia de la vivienda pública.

Este experto defiende “un nuevo paradigma de vivienda, que se basa en una regulación integral desde muchos frentes”. Sería “hacerlo al revés” de la especulación, con una propuesta estatal que “busque garantizar el derecho a la vivienda como lo hace con la sanidad o con la educación”.

Una imagen de Javier Gil

Para ello, Gil propone “hacer un fondo de inversión público que compre vivienda y que intervenga las operaciones especulativas para crear un parque público” y que “la vivienda pública no sea solo para la población más vulnerable y empobrecida, sino para el conjunto de la sociedad”. “De la misma manera que estamos orgullosos de tener una educación y una sanidad públicas, también estarlo de vivir en una vivienda de titularidad pública”, afirma. Una propuesta sólida pública, explica, limitaría la especulación y ofrecería respuestas.

Hace unos meses, el Gobierno lanzó su proyecto Casa 47, que quiere crear un parque público de viviendas. ¿Es suficiente? “Van a destinar 100 millones de euros. Son migajas. Con eso no haces nada”, apunta. “El problema principal es que necesitas presupuesto”, indica. Gil tiene una cifra de referencia. “Tomo la del rescate de los bancos de hace 10 años”, apunta, defendiendo que “gran parte del dinero que se dio a los bancos no se ha recuperado” pero que invertir en vivienda pública sí tendría retornos positivos.

¿Fin de la burbuja?

Si las cosas no cambian, ¿acabará estallando el mercado? “Los precios de la vivienda y el mercado inmobiliario están desconectados de la economía real del país y de las familias. A largo plazo no se pueden sostener”, responde Gil. “No podemos saber cuándo va a pasar y no va a ser a corto plazo, pero lo que sí vemos es que el malestar y la tensión social es cada vez mayor”.