Multas

Cientos de radares invisibles están disparando las multas: camuflados, drones y helicópteros

Helicopteros Pegasus de la DGT
Helicopteros Pegasus de la DGT. Europa Press
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Estamos familiarizados con los radares que están colocados a lo largo y ancho de nuestras carreteras para detectar infracciones con respecto a lo regulado en la legislación de tráfico vigente en España, especialmente en las prohibiciones relativas a excesos de velocidad, una de las principales causas de siniestralidad. Sin embargo, los radares fijos son solamente la punta del iceberg de un complejo entramado de herramientas de medición más escondidas para asegurarse de que todos los conductores conducen acorde a la Ley y quien no lo haga, sufrirá las consecuencias en forma de sanción económica.

Radar Veloláser, prácticamente indetectable

El radar móvil tipo Veloláser se ha convertido en los últimos años en un gran aliado de la Dirección General de Tráfico debido a un rendimiento de detección excepcional y un tamaño compacto que lo hace indetectable para la gran mayoría de automovilistas, especialmente si se coloca bastante camuflado. Cuenta con un tamaño realmente reducido de apenas unos 50 centímetros de altura, por lo que sus dimensiones compactas hacen que sea fácil ponerlo en lugares escondidos como detrás de señales o árboles.

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Además de sus reducidas dimensiones, se puede colocar sobre un soporte tipo trípode, lo que da mayor versatilidad a las autoridades de tráfico y su instalación y desmontaje no requiere de grandes obras de ingeniería, pues pesa apenas un par de kilos y cuenta con hasta 8 horas de batería. De esta forma, se considera una herramienta realmente fiable y versátil para controlar la velocidad de los usuarios de la vía en tres carriles, en ambos sentidos de circulación, pudiendo registrar hasta tres infracciones por segundo y detectar excesos de velocidad hasta a 1.500 metros de su posición gracias a su tecnología láser. Además, puede controlarse de forma remota.

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Un lugar polémico de colocación de estos dispositivos de medición de velocidad ha sido en guardarraíles de las carreteras. Diferentes asociaciones han puesto denuncias a este comportamiento, asegurando que contraviene los artículos 4 y 139 del RD 1428/03 (Reglamento General de Circulación) al suponer un peligro en caso de alcance y aumentar los daños o lesiones en caso de accidente. Teóricamente, esto fue aprobado por la DGT y se prohíbe colocar los radares Veloláser sobre las protecciones, pero como se puede ver en el vídeo sobre estas líneas, no siempre se cumple con lo pactado. Asociaciones como Automovilistas Europeos Asociados (AEA) consideran que la sanción puede ser recurrible fácilmente porque carece de la autorización del titular de la vía, principio recogido en el artículo 4 del Reglamento General de Circulación.

La potencia de la Unidad de Medios Aéreos de la DGT

La Dirección General de Tráfico también cuenta con un gran número de medios aéreos para la detección de infracciones. En primer lugar, han vuelto hace unos meses a estar operativos los helicópteros Pegasus. Tras una fase de un par de meses en la que se reportaron problemas de mantenimiento y con la licitación del contrato, finalmente volvieron a surcar los cielos a finales de 2025.

Según la Dirección General de Tráfico, sus helicópteros dan cobertura a toda la red viaria en la que tiene competencia y cuentan con siete bases en Santiago (A Coruña), Valladolid, Sevilla, Málaga, Madrid, Valencia y Zaragoza. En los territorios insulares se da apoyo puntual. Estas patrullan vuelan todos los días mañana y tarde (antes lo hacían también de noche) y realizan unas 5.544 horas de vuelo anuales combinadas entre todas las bases.

Como resulta difícil percatarse de que hay un helicóptero a varios cientos de metros sobre nuestras cabezas, es una de las herramientas más efectivas para detectar infracciones que tiene la DGT. Los helicópteros en la vigilancia del tráfico permiten observar vehículos que se encuentren hasta a 1 kilómetro de distancia y poder detectar comportamientos que sean constitutivos de infracción. En algunas ocasiones, las pruebas gráficas que aportan son de una nitidez extraordinaria y no habría sido posible visualizar estos comportamientos de riesgo desde tierra.

“Nosotros detectamos comportamientos que resultan llamativos, normalmente porque llevan una velocidad demasiado lenta o excesivamente rápida. El cinemómetro realiza tres mediciones y luego nos da la media de la velocidad. Si van muy lentos normalmente es porque están desarrollando otra actividad dentro del habitáculo. Entonces se enfoca y podemos ver qué está haciendo el conductor y si lleva las manos adecuadamente sobre el volante, por ejemplo”, explica Juan Manuel Gamo, operador de vigilancia aérea de la unidad de Madrid.

Aprovechándose de las nuevas tecnologías, la Unidad de Medios Aéreos (UMA) de la Dirección General de Tráfico también ha implementado, desde 2019, el uso de drones, pequeñas aeronaves no tripuladas. Estos actúan no como un reemplazo de los helicópteros, sino como una alternativa con sus propias limitaciones. Por ejemplo, suelen contar con una autonomía reducida de una media hora (frente a las tres horas ininterrumpidas de los helicópteros) y al final también requieren de un operador humano que los controle a distancia, los Operadores de Vigilancia Aérea (OVA).

La UMA tiene actualmente dos tipos principales de drones (aunque tienen varios modelos) El primero se dedica en exclusiva a regulación -control e información- del tráfico y su objetivo es transmitir imágenes y no multar al no contar con certificación del Centro Español de Metrología. Se espera que en breve se incorporen a la plantilla nuevas unidades que sí estén certificadas y tengan cinemómetro para captar velocidad.