Ilusión, bocadillos y más de 400 tiendas: "Es como el 15-M pero mejor; ojalá salgan medidas reales"
"Maricarmen somos todas" es el lema que aglutina la acampada en la Puerta del Sol por las políticas de vivienda tras el desahucio de la mujer de 87 años
Última hora de la acampada en la Puerta de El Sol en Madrid | El Sindicato de Inquilinas advierte que si no se aprueba el decreto seguirán acampados: "El conflicto se irá elevando"
"Maricarmen somos todas", dice Samantha y Laura y Gonzalo y Juan y Xess. Maricarmen se ha convertido en un símbolo: puede ser tu abuela o tu tía o tu madre. Y los símbolos tienen fuerza. Por eso el país se ha visto zarandeado y, por eso, tras la manifestación del pasado sábado, ya van 400 (y subiendo) las tiendas de campaña que, desde la Puerta del Sol, miran al Congreso esperando respuestas. "¿Qué vais a hacer con el problema de la vivienda? ¿De verdad vais a quedaros todos los partidos con los brazos cruzados?", insisten.
"Esto va más allá de cuatro personas que vamos en chándal y tenemos tatuajes", dice la escritora Laura Chivite (30 años), que ha dormido anoche en la Puerta del Sol y sale de la tienda a por un café. Ha estado en las concentraciones contra el desahucio de Mari Carmen y en la manifestación del sábado. "Hay mucha gente que está haciendo un trabajo increíble, como el Sindicato de Inquilinas, y también se han pasado personas con altavoz, como Juan Diego Boto, Ana Belén, Inés Herranz, Edi Circa, Samantha Hudson; hay que hacer algo porque merece la pena y porque esto ya es insoportable".
"Quería animar a la gente a que venga, a que colabore de la manera que pueda, quedándose una noche o pasándose por la tarde para hacer presión (...) Es muy emocionante, sobre todo para quienes no vivimos el 15-M de una forma personal, es una oportunidad para colectivizarse y moverse hacia un lugar mejor que nos beneficie a la mayoría, no a esa minoría elitista y millonaria que nos quieren hacer creer que es la norma", nos cuenta Samantha Hudson.
El 15-M en el retrovisor
El 15-M es uno más en la concentración de Sol. Se le menciona, se le honra. Cómo si hubiese dormido también aquí. Se ha aprendido mucho de aquellos días del 2011 en los que parecía que muchas cosas iban a cambiar. Por ejemplo que la presión de la calle importa. Y que, organizándose, un grupo es mucho más que la suma de sus individuos. "Yo era pequeña con el 15-M pero recuerdo la sensación de ilusión y el hartazgo. Yo creo que esto puede ser mejor. De aquí pueden salir medidas reales y efectivas", reflexiona Alejandra Oses, periodista y estudiante de Máster de 22 años.
Son las nueve de la mañana, hay gente preparando el desayuno para todos. Es el caso Xess, de 33 años, educadora ambiental, que lleva desde las 8:00 organizando los bocadillos. Los hay de jamón y queso y veganos. Dos compañeros más están con el café soluble y colocando mesas. La fila a las 10 ya tiene unos cuantos metros. "Todo gracias a personas anónimas que han venido con panes, alimentos, neveras y medicamentos. La gente se ha volcado desde que pusimos ayer el cartel de lo que necesitábamos", explica esta madrileña.
"Nos organizamos entre nosotros para todo. También para la limpieza. Nos vamos turnando, yo dormí anoche y ahora vienen unos amigos a relevarme porque me voy unas horas a clase", explica Ángel, andaluz de 20 años. Está sentado junto a otros amigos en sillas plegables de camping. Uno de ellos con una guitarra.
Un poco más allá, varios periodistas preguntan a un grupo sentado en una mini asamblea improvisada. "Sabemos que no podemos comprar una vivienda, es triste, pero vale; pero es que los alquileres tampoco podemos, están a 1.000 o 1.500 euros como mínimo. Me he tenido que ir a vivir a Illescas, a dos horas cada día de mi trabajo. Hoy me he pedido el día para estar aquí; esto no es solo una fiesta, estamos reivindicando cosas importantes. Mi hijo es universitario y su madre murió en la pandemia, que era médica viróloga y dio la vida por este país. La gente está más cerca de verse en esta situación de lo que cree. Este país tiene que hacer cosas por su gente", explica Richard, de 50 años.
Gonzalo Álvarez, uno de los portavoces del sindicato de inquilinas, explica bien lo que piden. Quieren que se apruebe el ya conocido como 'Decreto Maricarmen' y están dispuestos a resistir hasta que suceda. "Son cuatro puntos esenciales. En primer lugar, los contratos indefinidos, que empezarán a hacer que las inquilinas podamos vivir sin miedo a que venga el casero después de 5 o 7 años a echarnos de nuestra casa".
"El segundo punto es la suspensión de los desahucios sin alternativa habitacional, no podemos volver a permitir imágenes como la del desahucio de Mari Carmen con esa brutalidad policial; tercero, medidas antiestafas. Que los contratos de temporada y los contratos de habitación dejen de considerarse fuera de la ley de arrendamientos urbanos y terminemos con ese fraude de ley. Y, por último, en esta emergencia habitacional, donde cada mes los precios del alquiler baten récords, tienen que congelarse los precios del alquiler, la actualización tiene que pasar al 0% del IPC y que podamos respirar", desgrana.
"El conflicto se irá elevando"
Los turistas y curiosos no paran de sacar fotos. Otros viandantes echan un ojo, muchos les dicen algo como apoyo, y desaparecen por las bocas de metro hacia su trabajo. Una japonesa se acerca a una de las tiendas y sube el pulgar. Más de veinte cámaras se posicionan con los trípodes en los márgenes. Los está organizando Lucas Vaquero, otro miembro del Sindicato de Inquilinas, al que acuden los medios para tomar declaraciones 'oficiales'. Un periodista de la televisión de Alicante le pregunta qué tienen previsto para mañana. Las informaciones sobre qué sucederá en el Congreso son difusas. "¿Mañana? Pues estar aquí, vente y te sabremos decir. Con todo lo que está pasando, mañana me suena ahora mismo a 2030".
Ruth Galán, otra portavoz del sindicato, se muestra más tajante: "Si el martes el Congreso de los Diputados decide no apoyar este decreto y no se aprueba, entonces seguiremos aquí, seguiremos resistiendo. El conflicto se va ir elevando. Esto que estamos haciendo lo están empezando a hacer en otras comunidades autónomas, en otras poblaciones, porque la gente no puede más. No puede más en Madrid ni en el resto de España. Si esto no se aprueba habrá respuestas contundentes".