Psicología

"Mi hijo adolescente no me habla, ¿qué puedo hacer?": una psicóloga experta en adolescencia explica cómo actuar

Fotograma de la serie 'Sex Education'. Netflix
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Para muchos padres la adolescencia está llena de desafíos, uno de los más importantes es la comunicación. ¿Sientes que tu hijo está dejando de hablar contigo? ¿Estás sufriendo ese distanciamiento que temías que llegase? Esta es una de las preocupaciones frecuentes que se suelen ver en esta etapa evolutiva junto a otras como el sufrimiento emocional y la salud mental, las amistades, el uso de las redes sociales, los estudios, la ansiedad o el consumo de sustancias.

En la adolescencia, que suele abarcar aproximadamente desde los 10 o 12 años (preadolescencia) hasta los 21–23 años se produce una maduración cerebral y emocional. El cerebro, especialmente la corteza prefrontal —responsable de la toma de decisiones, la regulación emocional y la planificación—, continúa desarrollándose hasta alrededor de los 25 años, lo que explica por qué, en esta etapa, también los jóvenes pueden sentir emociones intensas o actuar de manera impulsiva mientras aún están aprendiendo a regularse.

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El periodo que suele considerarse más delicado es la adolescencia media (aproximadamente entre los 14 y los 16 años), porque coinciden varios factores:

  • Cambios hormonales intensos
  • Mayor impulsividad emocional
  • Fuerte necesidad de pertenencia al grupo
  • Menor capacidad para anticipar consecuencias a largo plazo

Sin embargo, también es una etapa de enorme oportunidad para el aprendizaje emocional, la construcción de la identidad y el desarrollo de habilidades sociales. No obstante, la preadolescencia merece una atención especial. "Aunque a veces pasa desapercibida, es un momento de gran vulnerabilidad, el niño comienza a cambiar por dentro antes de que los adultos lo perciban claramente. Es ahí donde se sientan muchas de las bases emocionales y relacionales que influirán en el resto de la adolescencia", nos explica la psicóloga Belén Colomina, con la que hemos contado para realizar este artículo. Desde hace más de 20 años trabaja en la atención individual y grupal formándose en diferentes terapias y ámbitos de intervención en adultos, niños y adolescentes. Es, entre otras cosas, co-directora del área de terapia, psicología y meditación del Centro de psicología y ciencias contemplativas Elephant Plena y colaboradora-formadora en el Instituto de Terapia Gestalt. Y autora de libros sobre psicología y meditación, tales como 'La adolescencia. 7 claves para prevenir los problemas de conducta', 'Mindfulness para familias' y su 'Tu mente, tu refugio. Cómo aliviar el sufrimiento y cultivar el bienestar' (Grijalbo, 2026).

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Por lo tanto, ¿qué es aquello normal que les suele pasar a nivel psicológico y emocional en la adolescencia para que suceda esto?

A nivel psicológico y emocional, hay cambios que son esperables:

  • Cambios de humor
  • Mayor sensibilidad emocional
  • Necesidad de privacidad
  • Búsqueda de pertenencia
  • Dudas sobre su identidad
  • Inseguridad y comparación
  • Deseo de independencia y, a la vez, necesidad de apoyo

No son signos de problema: son señales de crecimiento. Lo importante es que la intensidad y la fluctuación no sean grandes.

La importancia de cuidar el vínculo en la infancia

Durante esta etapa, hay mucho por hacer -también previamente en la infancia-, pero para que sea lo menos conflictiva posible la relación entre padres e hijos, la calidad de su entorno ha de ser buena. Según Belén, hay tres factores clave que marcan una diferencia significativa. La primera de ellas, es cómo se ha trabajado el vínculo en la infancia. Si el niño se ha sentido visto, escuchado y protegido facilitará una adolescencia más estable. "No significa ausencia de conflictos, sino la existencia de una base emocional sólida desde la que el adolescente puede explorar, equivocarse y volver a casa sabiendo que será acogido". En segundo lugar, la capacidad del adulto para adaptarse al cambio. Es decir, y algo nada fácil: pasar de controlar a acompañar, pasar de dirigir a dialogar, de imponer a negociar. "Los adolescentes necesitan autonomía, pero dentro de un marco de seguridad y límites coherentes. La flexibilidad del adulto es un factor protector clave".

Y, por último, el clima emocional de casa. "Un hogar donde hay respeto, escucha y coherencia emocional facilita la cooperación y la confianza. Las normas funcionan mejor cuando se explican, se sostienen con calma y se aplican desde el vínculo, no desde el miedo o la imposición", añade la psicóloga.

"Es importante entender que el acercamiento no empieza con preguntas, sino con una actitud abierta, disponible y emocionalmente receptiva"

Por qué tu hijo no te habla en la adolescencia

La adolescencia es una de las etapas más complicadas de nuestra vida, en ella se inician más del 50% de los trastornos mentales. Según un informe de UNICEF España de 2024, el 40% de los jóvenes presenta problemas más o menos serios de salud mental, y más del 50% de los trastornos graves en la vida adulta se inician en esta etapa. Y, el último dato actualizado de la OMS sobre salud mental arroja cifras también alarmantes. Porque se estima que una de cada seis personas —aproximadamente 140 millones— en la Región Europea vive con un trastorno de salud mental, con un impacto que puede variar de leve a grave en su vida cotidiana. A esta elevada prevalencia se suma la tragedia del suicidio: más de 120.000 personas mueren cada año por esta causa en la Región Europea, lo que equivale a más de 300 muertes diarias. De forma especialmente alarmante, el suicidio constituye la principal causa de muerte entre jóvenes de 15 a 29 años.

Como señalan los expertos, sí es normal que en esta etapa la comunicación disminuya, es algo natural por la búsqueda de diferenciación y búsqueda de autonomía. Pero eso no significa que no necesiten ayuda y acompañamiento de los padres, sino todo lo contrario, en esta etapa la presencia es muy necesaria. ¿Por qué entonces un adolescente deja de hablar a sus padres en la adolescencia? Las razones más habituales por las que un adolescente se cierra o habla menos suelen estar relacionadas con:

  • La necesidad de intimidad y de tener un espacio propio
  • El miedo a ser juzgado, castigado o incomprendido
  • El deseo de independencia y de tomar decisiones por sí mismo
  • La vergüenza o la inseguridad ante lo que siente o vive
  • La sensación de que los adultos no entienden su mundo
  • Un clima de excesivo control, crítica o presión
  • La falta de tiempo emocional compartido en la familia

"Lo importante es que sepan que pueden hablar cuando lo necesiten"

Fomentar la comunicación con tu hijo adolescente: ¿qué pautas seguir?

La psicoterapeuta Belén Colomina, al igual que el Consejo General de Psicología de España, en un artículo recogen una serie de recomendaciones dirigidas a madres y padres. Pero hay que tener en cuenta que "cuando un adolescente deja de hablar, muchas veces no está rechazando a sus padres, está intentando proteger su vulnerabilidad mientras aprende a construirse a sí mismo. En estos momentos, la clave no es insistir ni retirarse, sino sostener una presencia disponible y emocionalmente segura. No se trata de forzar la conversación, pero tampoco de desaparecer".

Entonces, ¿qué se puede hacer? Pues bien, como ya hemos indicado, mantener tu presencia, estar accesible y disponible para cuando te necesita; saber escuchar antes de dar consejos o buscar soluciones -ser más refugio que otra cosa-; intentar mantener tus emociones a raya, o lo que es lo mismo, saber regularte para mostrar seguridad; crear espacios agradables en los momentos cotidianos y mostrar interés genuino por sus amigos, inquietudes, etc. "Y, sobre todo, recordar que lo importante no es que hablen mucho. Lo importante es que sepan que pueden hablar cuando lo necesiten".

También hay que tener en cuenta que habrá temas que quizá no hay que abordar de forma directa es insistente. ¿Cuáles son esos temas? Sexualidad, amistades, consumo de sustancias, autoestima, redes sociales... La razón es que quizá temen las reacciones de los adultos o el enfado, o todo lo contrario, que sus preocupaciones sean minimizadas. "A veces callan no por desinterés, sino por prudencia emocional: necesitan comprobar que el espacio es seguro antes de mostrarse vulnerables. Por eso es importante entender que el acercamiento no empieza con preguntas, sino con una actitud abierta, disponible y emocionalmente receptiva. Empieza en la forma en que escuchamos, en el tono con el que respondemos y en la capacidad de sostener lo que el adolescente trae sin reaccionar de inmediato", sugiere Belén.