Este término, un anglicismo que en español se traduce como “bofetada feliz”
Los menores y el uso de Internet: el 30% de ellos ha sufrido cyberbullying
La popularización de los teléfonos móviles con cámara trajo consigo un problema que nadie vio venir: el ‘happy slapping’. Este término, un anglicismo que en español se traduce como “bofetada feliz”, es con el que se conoce desde 2005 al acto de grabar en vídeo una agresión física o verbal y compartirla a través de redes sociales. Se trata de convertir la violencia en contenido. Un acto con graves consecuencias para las víctimas y, según informa la Policía, también para quienes graben o compartan este tipo de vídeos.
Aunque la grabación de peleas ya era un problema hace más de quince años, la popularización de las redes sociales ha convertido el ‘happy slapping’ en algo mucho más dañino. Ahora ya no solo se graban enfrentamientos ocasionales que surgen entre personas o grupos, sino que se planifican las agresiones con el objetivo de publicarlas en una plataforma digital. La idea es convertir una pelea o humillación en algo divertido que te puede hacer ganar popularidad en internet.
Un fenómeno surgido del bullying
Este tipo de violencia está muy relacionada con el acoso y el ciberacoso. En muchas ocasiones, un joven que sufre bullying tiene que ver cómo sus compañeros graban las agresiones y las publican en redes sociales para humillarlo todavía más. “El acoso escolar puede llevar al ‘ciberbullying’ y, si el primero es grabado y publicado en internet, se define como ‘happy slapping’”, explican desde Save the Children.
De acuerdo con la ONG, el 61% de los agresores son amigos o compañeros y en 2019 hasta 76.643 españoles aseguraron haberlo sufrido durante su infancia. La cifra es elevada, sobre todo si tenemos en cuenta que las víctimas de ‘happy slapping’ son particularmente susceptibles a sufrir depresión, ansiedad, trastornos del sueño, mal rendimiento académico o problemas de sociabilidad. En algunos casos, víctimas de bullying han asegurado estar lidiando con estos problemas incluso durante su vida adulta.
Con el auge de las redes sociales basadas en vídeo, este problema ha vuelto a cobrar relevancia. Y es por eso que la Policía ha querido hacer un aviso a través de sus propias redes sociales: “Para las víctimas no es una broma. Es una agresión que puede repetirse miles de veces en internet. Si grabas, si compartes, si das like también participas… y puede ser delito”.

No es una exageración. En España compartir vídeos sin consentimiento, especialmente cuando afectan gravemente a la intimidad o el honor de los que aparecen en él, puede llegar a pagarse con años de prisión. Además, algunos abogados argumentan que los likes o los comentarios en videos publicados en redes sociales que tienen como objetivo humillar a alguien, sobre todo si se repite a lo largo del tiempo, también pueden ser considerados como ‘ciberbullying’.
Los psicólogos recomiendan a los padres estar atentos a posibles señales de que un hijo puede estar sufriendo ‘happy slapping’. Cambios en la rutina, sobre todo relacionados con el rendimiento académico o el apetito, pueden ser indicadores de que algo no va bien. También es importante observar cómo se relaciona un niño con sus compañeros y si evita hablar del colegio o de sus amigos. En caso de sospecha es conveniente investigar el asunto más a fondo, hablando con él en un contexto tranquilo y asegurándonos de no culparlo de la situación.
En cuanto al resto de los jóvenes, hay que asumir que las redes sociales forman parte de la realidad actual. Es conveniente educarlos para que hagan un uso responsable de las mismas y no participen en este tipo de prácticas de ninguna forma. Al final, los espectadores juegan un rol fundamental en este tipo de agresiones y pueden ser partícipes de ellas sin siquiera pensar que están haciendo algo realmente malo.
La Policía colabora actualmente con la fundaciónSOL, centrada en proteger a la infancia en internet, y tiene varias recomendaciones. Insisten en que lo mejor es educar en empatía y responsabilidad, abordando el problema directamente y hablando con los menores sobre la violencia que circula en redes. Hay que ayudarles a darse cuenta de que tras cada vídeo hay una persona real, que grabar una agresión también es participar en ella y no difundir es una forma de proteger y situarse del lado del agredido. Se puede ir mucho más lejos, denunciando estas situaciones, pero cortando la cadena de difusión y reportando el contenido a las plataformas ya estamos haciendo la diferencia.

