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Acompañar a hermanos de pacientes con cáncer: "Si hay recuperación puede persistir la ansiedad o la sensación de desigualdad"

Dos chicas, una de ellas con cáncer
Dos chicas, una de ellas con cáncer. KAROLINA GRABOWSKAKABOOMPICS/Pexels
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Cuando Anabé Tarrou recibió su diagnóstico de cáncer -un osteosarcoma de tercer grado, localizado en el maxilar superior derecho- nadie se lo esperaba. Tenía 26 años y vivía con su hermana, de 22, y sus padres. Para ella fue duro porque tuvo que vivir con la enfermedad, hacerle frente con un diagnóstico devastador, estar ingresada en el hospital mucho tiempo, pero para su hermana también porque vivió ese proceso con mucha soledad. "Se quedó sin su hermana mayor durante un tiempo, yo al final era su figura de referencia, la que abría camino, y también sin su figuras paternas. Su lucha era diaria, le tocó madurar muy rápido. Con el tiempo lo hemos podido paliar, pero sé que se ha sentido muy sola y que le afectó a su autoestima". Aunque los padres no la dejaron sola, sí se encontraba que después del trabajo no había nadie en casa para recibirla: su padre estaba trabajando y su madre en el hospital con su hermana.

"En un inicio, al ser más tímida y no expresas sus emociones, parecía que podía con todo, pero un día se derrumbó y no paraba de llorar", explica Anabé a la web de 'Informativos Telecinco'. La joven acaba de escribir un libro, 'La última planta' (Plaza Janés, 2026), un relato literario donde habla de su experiencia oncológica. A todo ello, se unió que tras la dura noticia, la madre de Anabé sufre una parálisis facial y eso aumenta la incertidumbre en su familia. "Yo me sentía aislada porque no tenía forma de expresar cómo estaba viviendo la enfermedad -pero sí que estaba más acompañada-, y ella al contrario, no era la que padecía la enfermedad, pero recibía de forma directa los efectos de cómo el cáncer afecta al entorno: de repente, todos se movilizan, su vida no paraba porque seguía trabajando, pero ni sus padres ni su hermana estaban cuando llegaba a casa".

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En medio de la tormenta, eso sí, encontraron un punto de unión. Cuando Anabé volvía a casa durante el tratamiento, ellas aprovechaban para hablar. El cáncer las unió, algo que como explica la propia Anabé a veces no es posible. "Fue fundamental para nosotras hablar de todo el proceso, estar muy unidas -porque el cáncer separa a muchas familias-". Anabé logró salir de la enfermedad o, por lo menos, mantenerla controlada y su hermana se quedó embarazada. "Justo cuando terminé la quimio, nació mi sobrino. Así que nos pudimos volcar en ella y en su bebé. Ha sido muy gratificante para todos la llegada del pequeño Hugo a casa".  

Anabé Tarrou y su padre el día que le dan el alta.
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El cáncer y su impacto emocional en los hermanos

Cuando el cáncer llega a una familia supone una crisis para todos, mucho más si se trata de un niño o un adolescente con toda la vida por delante. Generalmente, todos los esfuerzos se centran en acompañarles de la manera más adecuada posible, y si tienen hermanos o hermanos, estos suelen pasar a un segundo plano. ¿Qué les ocurre a ellos y cómo viven esa etapa? Un nuevo estudio arroja algo de luz sobre cómo acompañarles a ellos también y qué secuelas les quedan. Las autoras de 'Impacto psicoemocional en los hermanos de pacientes pediátricos oncológicos: Una revisión sistemática', publicado en la revista Psicooncología, y realizado por la Universidad Complutense de Madrid en 2025, ofrecen una visión integral sobre el impacto psicológico y emocional que viven los niños, niñas y adolescentes cuando un hermano o hermana es diagnosticado de cáncer. A través del análisis de diez estudios empíricos publicados entre 2014 y 2024, se examinaron métodos utilizados, intervenciones aplicadas y hallazgos más relevantes. ¿Qué mostraron?

Pues bien, los estudios señalaron que los hermanos experimentan un amplio espectro de emociones intensas desde el diagnóstico, que existe una percepción frecuente de desplazamiento o pérdida de atención parental, que aparecen cambios significativos en la dinámica familiar y en sus rutinas, y que hay una necesidad clara de información adaptada a su edad. Por ello, la inclusión o exclusión en el proceso influye directamente en su bienestar emocional. Además, se repite la idea de que, aunque muchos desarrollan resiliencia, una parte significativa presenta síntomas ansiosos, depresivos o incluso de estrés postraumático.

¿Cuál es el impacto psicoemocional en los hermanos de pacientes pediátricos oncológicos?

Cuando la familia recibe una noticia de esa magnitud el impacto es profundo. En este sentido, los hermanos suelen experimentar:

  • Shock y miedo tras el diagnóstico.
  • Tristeza, ira, celos y culpa.
  • Soledad e incomprensión.
  • Ansiedad persistente ante la posibilidad de recaída o empeoramiento.

"En algunos casos se observan síntomas de ansiedad, depresión, rumiación e incluso trastorno de estrés postraumático. También pueden aparecer manifestaciones somáticas como dolor abdominal, cefaleas o alteraciones del sueño. A nivel identitario y relacional, muchos refieren sentirse “el hermano del niño con cáncer”, lo que puede afectar su autoconcepto y su desarrollo evolutivo. No obstante, también identificamos aspectos positivos en algunos casos, como mayor empatía, madurez precoz y fortalecimiento del vínculo fraternal", señalan las autoras del estudio consultadas por la web de 'Informativos Telecinco'. Es normal, los hermanos tienen que adaptarse a los nuevos cambios, quizá disponen de menos tiempo con los padres y deben ocupar tareas y responsabilidades que antes no tenían.

Lo que explican las investigadoras es que las consecuencias y la gestión emocional no es la misma según la edad. "Sí, existen diferencias evolutivas importantes. Por ejemplo, en niños más pequeños, suele haber mayor confusión, miedo y fantasías distorsionadas sobre la enfermedad. Pueden aparecer regresiones conductuales o dificultades para comprender la gravedad de la situación. Mientras que en adolescentes, predominan la ansiedad, la tristeza, la culpa y el aislamiento. Además, esta etapa implica retos propios del desarrollo (identidad, autonomía, grupo de iguales), que pueden verse interferidos por las nuevas responsabilidades familiares". En los adolescentes es especialmente relevante el sentimiento de desplazamiento, la sobrecarga de responsabilidades y el impacto en su vida social y escolar.

¿En qué muestran más dificultades?

Las principales áreas de dificultad son:

  • Regulación emocional: dificultad para expresar lo que sienten por miedo a preocupar más a sus padres.
  • Comunicación familiar: muchos evitan hablar de sus propias necesidades.
  • Ámbito escolar: problemas de concentración y descenso en el rendimiento académico.
  • Vida social: aislamiento o distanciamiento de amistades.
  • Sobrecarga de responsabilidades, especialmente en hermanos mayores.

Un aspecto especialmente delicado es el sentimiento de ser una “carga” para la familia, lo que les lleva a silenciar su propio malestar. Las secuelas, en este aspecto, se pueden ver a corto y a largo plazo. Aunque suelen ser intensas al recibir el diagnóstico. Así lo explican las autoras del estudio a 'Informativos Telecinco': "A largo plazo, la mayoría logra adaptarse, pero un subgrupo puede mantener síntomas significativos. En algunos estudios, alrededor de un tercio presentaba síntomas moderados a severos de estrés postraumático al año del diagnóstico. Además, incluso tras la recuperación del hermano enfermo, puede persistir la ansiedad, la sensación de desigualdad y los cambios en la autopercepción o en la forma de vincularse emocionalmente. Esto demuestra que el impacto no termina necesariamente cuando finaliza el tratamiento".

"En el caso de fallecimiento, los hermanos necesitan poder despedirse si así lo desean"

El mejor acompañamiento para los hermanos de pacientes con cáncer

El acompañamiento a los hermanos debe comenzar desde el mismo momento del diagnóstico, no solo cuando aparecen dificultades visibles. Es fundamental entender que ellos también están atravesando el proceso, aunque no siempre lo expresen. Este acompañamiento, según las expertas, tiene que ser:

  • Incluyente, haciéndolos partícipes de lo que está ocurriendo con información clara, honesta y adaptada a su edad.
  • Validante, reconociendo que emociones como los celos, la rabia o la culpa son normales en una situación tan compleja.
  • Preventivo, ofreciendo espacios de escucha antes de que el malestar se cronifique.
  • Respetuoso con su etapa evolutiva, ya que no vive igual esta experiencia un niño pequeño que un adolescente.

También es clave ayudar a las familias a generar momentos de conexión individual con cada hijo, para que los hermanos no sientan que han quedado en un segundo plano. "En el caso de fallecimiento, los hermanos necesitan poder despedirse si así lo desean, participar en los rituales familiares y, sobre todo, tener permiso para hablar de su hermano sin que el tema se convierta en algo silenciado por el dolor". Después empezará para todos la fase de duelo que, obviamente, influirá en su vida adulta. Por eso, siempre se recomienda acompañamiento psicológico también para ellos durante el tratamiento del hermano y posteriormente, sea cual sea el resultado. No solamente si se ha producido una pérdida.