Jota Manifiesto, referente en regetaniarismo, una nueva tendencia de alimentación: "No pretende crear otra tribu alimentaria"

Jota Manifiesto
Jota Manifiesto. Threads @jotamanifesto
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Alrededor del 9% de la población mundial es vegetariana, o apuesta por una alimentación basada en plantas y vegetales, mucho más desde que organizaciones como la OMS afirmara hace ya algunos años que este tipo de alimentación reduce el impacto global en el cambio climático. Aunque no sabemos el impacto de este tipo de dietas a largo plazo, organizaciones como Greenpeace sí que han demostrado que la ganadería -a gran escala- es la responsable del 14,5% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, tantas como emiten todos los coches, trenes, barcos y aviones juntos. En concreto, la ganadería industrial contamina con amoníaconitratos antibióticos. Además de con plaguicidas y con contaminación genética generada por los cultivos transgénicos que se utilizan para alimentar ganado. Además, es gran demandante de agua, que, como sabemos, es escasa a nivel mundial. Por no hablar del sufrimiento animal que genera este tipo de industria y su enfoque, como ha quedado plasmado en investigaciones de los últimos años.

De ahí, que la apuesta vegana y vegetariana sea cada vez más apoyada, no solo por activistas, sino por personas de a pie. En este sentido, ha surgido una nueva ola de personas que se declaran 'regetarianas'. Para entenderlo hablamos con uno de sus referentes en España, Jota Carracedo, más conocido como Jota Manifesto, que lleva divulgando en redes sociales desde hace más de diez años en el área de los hábitos de salud y desmontando mitos en torno a la ganadería regenerativa y el impacto en el medio ambiente. Es redactor de un blog donde escribe sobre su compromiso con el Regetarianismo, un proyecto que surge tras años de análisis, experimentación y trabajo donde la alimentación evolutiva. En junio ha publicado, para Alienta Editorial, 'Regetarianos. La filosofía para restaurar tu salud y la del medioambiente'. Según explica a la web de 'Informativos Telecinco', los regetarianos son personas que han decidido salir de la guerra ideológica entre dietas para volver a poner el foco donde realmente importa: la comida real.

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"El término nace de la idea de recuperar, de volver a aquello que durante la mayor parte de la historia humana entendíamos como alimentación: alimentos mínimamente procesados, nutricionalmente densos y obtenidos de sistemas más conectados con la naturaleza. Llevamos años discutiendo si debemos ser carnívoros, veganos, vegetarianos, paleo o cetogénicos, mientras pasamos por alto que gran parte de la población consume más del 50% de sus productos alimentarios en formato ultraprocesado. El regetarianismo no pretende crear otra tribu alimentaria ni otra etiqueta más, sino cuestionar esa falsa dicotomía entre plantas y animales".

Es decir, que un regetariano puede consumir alimentos de origen animal y vegetal pero prioriza alimentos reales frente a productos industriales. "En el fondo, el concepto nace de una pregunta muy sencilla: ¿estamos comiendo comida o estamos comiendo formulaciones industriales diseñadas para parecer comida? Porque quizás el problema nunca fue elegir entre una zanahoria y un filete, sino haber sustituido ambos por productos que nuestros abuelos ni siquiera reconocerían como alimento", añade.

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Una de las partes más interesantes de su libro y de su enfoque es en la que habla de la creación de los productos veganos. Ya en muchos lineales de supermercados podemos ver hamburguesas veganas y otros productos hechos a base de ingredientes vegetales que, precisamente, son los que ponen en duda los regetarianos. ¿Son realmente saludables? Muchos nutricionistas alertan de que hay que leer bien las etiquetas, porque podemos estar frente a otros ultraprocesados.

"Nadie puede afirmar seriamente que la carne cultivada sea peligrosa ni tampoco que sea completamente inocua a largo plazo. Simplemente no tenemos décadas de experiencia de consumo humano para saberlo. Cuando hablamos de carne convencional, hablamos de un alimento que nuestra especie consume desde hace cientos de miles de años. Cuando hablamos de carne cultivada, hablamos de una tecnología extremadamente reciente. Es más, te diría algo, si para conseguir sabor, textura, color y estabilidad es necesario añadir múltiples ingredientes, nutrientes, saborizantes o agentes tecnológicos, ¿seguiremos hablando de un alimento comparable a la carne tradicional o estaremos hablando de un nuevo producto alimentario diseñado industrialmente?", subraya Jota Manifiesto.

¿Comer como nuestros ancestros es posible?

Por lo tanto, una de las premisas de los regetarianos es volver a una alimentación ancestral, pero de qué hablamos cuando nos referimos a ello y cómo se debería entender hoy en día porque ya no vivimos en las cavernas ni tampoco (o por lo menos la mayoría) salimos a cazar para sobrevivir. Así lo explica él mismo: "Creo que la mayor confusión es precisamente pensar que la alimentación ancestral consiste en disfrazarse de cavernícola o intentar copiar literalmente cómo vivía una persona hace 20.000 años. En apenas unas décadas hemos pasado de consumir alimentos reconocibles a consumir productos diseñados por la industria alimentaria, optimizados para ser baratos, hiperpalatables y difíciles de dejar de consumir. Y curiosamente, ese experimento coincide con niveles históricos de obesidad, diabetes tipo 2, síndrome metabólico, hígado graso y otras enfermedades crónicas. Lo polémico es que mucha gente considera extrema la idea de comer huevos, carne, pescado, fruta, tubérculos o alimentos que han acompañado a nuestra especie durante milenios, pero considera completamente normal desayunar cereales extrusionados, comer barritas enriquecidas, beber productos con veinte ingredientes o sustituir alimentos tradicionales por formulaciones industriales creadas hace apenas unos años".

Así pues, este tipo de filosofía lo que tiene presente es que el consumo de alimentos sin procesar son los más saludables. Ganaderías locales que apuestan por regenerar la economía local con buenas prácticas y métodos más sostenibles son compatibles con una agricultura ecológica. Es decir, buscar el equilibrio. Pero, también, protegiendo prácticas ancestrales tan necesarias como el pastoreo que prioriza la libertad del ganado.

"El ganado no evolucionó para vivir encerrado en instalaciones industriales consumiendo piensos formulados, sino para desplazarse, pastar y formar parte activa de ecosistemas complejos. Durante cientos de miles de años, grandes herbívoros como bisontes, uros, antílopes y otros rumiantes actuaron como auténticos ingenieros ecológicos, reciclando nutrientes, fertilizando los suelos mediante estiércol y orina, estimulando el crecimiento vegetal y contribuyendo al mantenimiento de la biodiversidad. Cuando el ganado pasta de forma adecuada, que es lo que defendemos como regetarianos, no solo se alimenta, sino que también participa en procesos ecológicos fundamentales que pueden mejorar la salud del suelo, favorecer el ciclo del agua y aumentar la materia orgánica del terreno. Desde el punto de vista del animal, además, pueden expresar comportamientos naturales, caminar, exponerse a la luz solar e interactuar con el entorno para el que evolucionó". En este sentido, para los regetarianos el sistema más beneficioso tanto para animales como para seres humanos es el sistema basado en pastoreo y manejo regenerativo.

Los mitos 'plant-based' según los regetarianos

En el libro de Jota Manifiesto habla de los numerosos mitos de la alimentación plant-based. Algunos de ellos para él son peligrosos. ¿Cuáles? En primer lugar, "haber conseguido que millones de personas confundan “vegetal” con “saludable” y “vegetal” con “sostenible”, como si el origen de un alimento determinase automáticamente el impacto que pueda tener sobre la salud o sobre el planeta. Hoy encontramos miles de productos elaborados exclusivamente a partir de ingredientes vegetales que siguen siendo formulaciones industriales compuestas por almidones refinados, aceites de semillas, azúcares, aislados proteicos, emulgentes, estabilizantes, colorantes y largas listas de ingredientes que ningún ser humano habría consumido de forma habitual durante la inmensa mayoría de su historia evolutiva". Así pues, una de sus recomendaciones es leer bien los ingredientes de estos alimentos y no dejarnos guiar por el marketing y las etiquetas cuando veamos sostenible, natural o saludable.

Para él, otro de los grandes mitos es el de la huella ambiental de la carne. "Durante años se ha repetido hasta la saciedad que producir un kilo de carne requiere 15.000 litros de agua, pero pocas veces se explica que esa cifra incluye la llamada “agua verde”, es decir, la lluvia que caería sobre los pastos independientemente de que hubiera ganado o animales o no los hubiera. Cuando se analiza únicamente el agua realmente extraída de acuíferos y sistemas de riego, la comparación cambia radicalmente y algunos productos vegetales industriales presentan huellas hídricas iguales o incluso superiores. Resulta llamativo que mientras se demoniza a la ganadería, cultivos como la almendra hayan llegado a consumir enormes cantidades de agua en regiones sometidas a estrés hídrico, y que numerosos acuíferos agrícolas se encuentren hoy sobreexplotados debido a la agricultura intensiva".

Varios mitos en los que se ha centrado son el de la contaminación de la industria cárnica y también de la calidad de la proteína animal. "Otro mito muy extendido consiste en equiparar automáticamente el metano emitido por los rumiantes con el CO₂ procedente de combustibles fósiles. Y, en el ámbito de la salud, también se han popularizado afirmaciones extraordinarias que rara vez se someten al mismo nivel de escrutinio que las dirigidas contra los alimentos animales. La realidad es que las proteínas animales presentan niveles de digestibilidad superiores al 95%, mientras muchas fuentes vegetales muestran una biodisponibilidad menor debido a factores antinutricionales y limitaciones en determinados aminoácidos".