La neurociencia detrás de la ansiedad que puede generar la visita de la suegra: "El miedo no es a ella, es a lo que representa"
Tania García, educadora social e investigadora, desgrana la explicación científica que puede esconderse tras la visita de la suegra según la neurociencia
Cuando la relación con tu suegra se convierte en un problema: "Es algo más profundo que un choque de personalidades"
No se puede negar: las figura de la suegra tiene mala fama. Protagonizan refranes, son un tropo recurrente de la literatura, el cine y las series y se han asentado con el estereotipo de 'la mala' a nivel social. Da igual que se conozca a suegras concretas que sean bellísimas personas, a nivel general se sigue asumiendo que, de entrada, su presencia implicará conflicto. Tanto es así que una visita de la suegra, en algunos casos, puede generar estrés y ansiedad.
Pero ¿por qué se acelera el corazón cuando se va a recibir la visita de la suegra? ¿Por qué se quiere que la casa esté perfecta para recibirla? “Porque, en realidad, no estamos enseñando una casa. Estamos exponiendo una parte de nuestra identidad”, explica a la web de 'Informativos Telecinco' la educadora social e investigadora en neurociencia Tania García, fundadora de Educación Real. “Con la suegra suele existir un componente añadido: representa una figura de evaluación dentro del sistema familiar. No es una visita cualquiera”, apunta. En cierto modo, se siente que se está pasando un examen y que, de lo que transmita el hogar, se valorará cómo se es como pareja, padre, madre o cuidador. “No nos preocupa únicamente si hay juguetes en el suelo o platos sin recoger. Lo que realmente tememos es el juicio que creemos que puede esconderse detrás de esos detalles”, asegura.
Por eso también limpiamos corriendo cuando van a venir visitas (incluso cuando no son la suegra) y nos agobiamos justificando razones si sentimos que todo está demasiado sucio o desordenado para enseñarlo al mundo. “El hogar es una extensión de quienes somos”, destaca la experta. “Cuando alguien entra en nuestra casa, sentimos que también está entrando en nuestro mundo más íntimo. Y eso nos vuelve vulnerables”.
Y sí, García confirma que nos hemos olvidado de que la vida real es imperfecta. “Hemos normalizado mostrar versiones muy editadas de la realidad y hemos empezado a percibir la imperfección como un fallo, cuando en realidad es una característica inevitable de la vida humana”. Si vives en tu casa, inevitablemente existirán signos de que ese es un lugar vivido.
Las redes sociales han ayudado a que todo esto se magnifique. “Han creado una comparación permanente que antes no existía a esta escala”, apunta García. “Nuestro cerebro compara de forma natural, pero ahora lo hace frente a miles de imágenes, vídeos y vidas, cuidadosamente seleccionadas y editadas”, señala. Como recuerda la terapeuta, en redes sociales vemos una realidad editada, en la que el agotamiento, las discusiones y los problemas del día a día han desaparecido. Existen, pero no se muestran.
“El problema es que terminamos comparando nuestro día a día completo con los mejores momentos de otras personas, o con momentos preparados”, asegura.
Lo que cuenta la neurociencia de la visita de la suegra
Pero, volviendo a la suegra y sus visitas, el modo en el que reaccionamos cuenta mucho de cómo opera el cerebro humano y sus mecanismos, o eso explica esta experta. “En realidad, el miedo no suele ser a la suegra en sí misma. Lo que genera ansiedad es lo que esa persona representa para nosotros”, recuerda. “La cuestión no es tanto quién mira, sino qué significado le damos a esa mirada”.
Eso activa ciertos mecanismos en nuestro cerebro. “La neurociencia nos muestra que nuestro cerebro está especialmente preparado para detectar señales de rechazo o desaprobación social, porque durante miles de años la pertenencia al grupo fue una cuestión de supervivencia”, asegura. Buscamos señales que nos adviertan de que algo peor puede pasar. Y si bien la suegra no te va a expulsar del grupo social, eso se ha quedado ahí.
La visita activa tres niveles de respuesta, cuenta García. El primero es el fisiológico, ese que prepara para un potencial peligro y que activa otras emociones previas. Si se está a la defensiva, es por esto. “El segundo nivel es el psicológico. Es el nivel del juicio, de la interpretación y de la necesidad de aprobación”, señala. Es ese momento en el que piensas sobre todo lo que puede pensar de ti.
También interviene el nivel motor, el tercero. “Cuando nuestro cerebro percibe una amenaza social, como sentirnos observados o evaluados, no solo pensamos diferente, sino que también cambia nuestro cuerpo”, señala la experta. Te mueves más deprisa o acumulas tensión muscular. En este caso, “limpias compulsivamente”. “Por eso muchas personas acaban agotadas antes incluso de que llegue la visita. Están respondiendo a una activación emocional que afecta a sus pensamientos, a su sistema nervioso y también a su conducta”, concluye la experta.
Cómo gestionar este estrés
Parece y es, por tanto, agotador, pero se puede gestionar este estrés. “El primer paso es comprender que no toda ansiedad habla del presente”, recomienda García. “Muchas veces nuestro sistema nervioso está reaccionando a una amenaza emocional percibida, no a un peligro real”.
García invita a preguntarse qué tememos que pase para entender qué causa ese miedo. Esto es, que seguramente no te preocupe que vean un salón desordenado, sino ser juzgado o rechazado. Y, sobre todo, invita a replantearse cosas. “Aprender a vivir sin sentirnos constantemente examinados implica dejar de construir nuestra identidad alrededor de la aprobación externa y establecer límites a los demás”, asegura. Nuestro valor no decae porque alguien rechace nuestra casa. “Y cuando entendemos eso, la suegra deja de ser un examen. Y vuelve a ser simplemente una persona que viene a visitarnos”.