Cómo vestir bien con calor en la oficina
Vestir bien para ir a la oficina en verano requiere encontrar el equilibrio ideal entre frescura, comodidad e imagen profesional
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MadridVestir bien para ir a la oficina ya tiene sus propios códigos durante todo el año, pero en verano, la dificultad se multiplica. En la calle hace calor, el trayecto puede resultar incluso sofocante, el transporte público no siempre ayuda y, al llegar al trabajo, llega el frío con el aire acondicionado. El resultado es una combinación de temperaturas que puede hacer muy complejo el vestirse.
El reto no consiste solo en ir fresca. También se trata de mantener una imagen profesional, cómoda y coherente con el entorno laboral. Porque una cosa es adaptar el armario al calor y otra muy diferente convertir la oficina en una prolongación de la playa, la piscina o el fin de semana. Como ocurre con casi todos los códigos de vestimenta, la clave está en el equilibrio.
Los códigos de oficina se han relajado mucho en los últimos años. En muchos entornos ya no se exige traje, tacones, camisa rígida o zapato cerrado todos los días. Las prendas fluidas, los pantalones anchos, las camisas de lino, los vestidos midi, las sandalias elegantes o las zapatillas discretas han ganado espacio en el armario laboral. Sin embargo, esa flexibilidad no significa que todo valga.
Escoger bien los tejidos
Cuando suben las temperaturas, el tejido importa tanto como la prenda. Una camisa puede parecer ideal para la oficina, pero si está hecha de un material poco transpirable, el día puede convertirse en una incomodidad constante. Lo mismo pasa con vestidos, blusas, pantalones o americanas: no es suficiente con que sean bonitos; también tienen que dejar que el cuerpo respire.
Los tejidos naturales y transpirables suelen ser los mejores aliados del verano: algodón, lino, seda, cáñamo, bambú, viscosa o lyocell pueden ayudar a que la piel se sienta más cómoda y a que la prenda no se pegue en exceso al cuerpo. El lino, por ejemplo, se ha convertido en un clásico del verano, porque resulta fresco, ligero y elegante si se escoge un buen corte.
Eso sí, el lino tiene un inconveniente conocido: se arruga. La solución no siempre es descartarlo, sino escoger prendas donde esa arruga forme parte del encanto o buscar mezclas con algodón o viscosa que mantengan mejor la forma. Una camisa de lino demasiado arrugada puede parecer descuidada, sin embargo otra de buen tejido, con caída y bien combinada, puede resultar perfecta.
Los tejidos sintéticos muy cerrados, sin embargo, pueden complicar el día. Aunque algunas fibras técnicas son útiles porque evacuan la humedad, muchas prendas de poliéster poco transpirable favorecen la sudoración y pueden resultar incómodas en trayectos largos o espacios sin ventilación. En verano, lo ideal es tocar la prenda, mirar la composición y pensar más allá de la estética.
Cortes amplios, pero con forma
Vestir con calor no quiere decir que se tenga que llevar ropa enorme ni prendas sin estructura alguna. Los cortes ligeramente holgados permiten que circule mejor el aire y evitan que la ropa se pegue al cuerpo, pero el conjunto debe mantener cierta intención. La diferencia entre “fluido” y “desaliñado” suele estar en el corte.
Los pantalones palazzo, los pantalones rectos de lino, los vestidos camiseros, las faldas midi, las blusas amplias, las camisas masculinas y los tops de tirante ancho pueden funcionar realmente bien en la oficina. Son piezas cómodas, que permiten movilidad, no oprimen y pueden verse elegantes si se combinan con calzado y accesorios adecuados.
Sin embargo, las prendas muy ajustadas suelen resultar incómodas con el calor. Además de favorecer la sudoración, pueden marcar más de lo deseado cuando el tejido es fino. Un pantalón que en primavera parece ideal puede resultar insoportable en julio.
Colores claros: menos absorción del calor
En verano, los colores también son aliados. Los tonos claros reflejan más la luz y suelen transmitir una sensación visual de frescura: blanco, crudo, beige, azul cielo, rosa empolvado, verde suave o tonos pastel pueden hacer que un look parezca más ligero y apropiado para la temporada.
Además, estos colores encajan perfectamente en la oficina porque suavizan la imagen sin perder elegancia. Una camisa azul clara, un pantalón beige, un vestido blanco roto o una blazer de lino en tono arena pueden resultar tan profesionales como cualquier conjunto más oscuro, pero son menos pesados visualmente.
Sin embargo, los tonos claros exigen cuidado. Pueden transparentar, arrugarse demasiado y las manchas se notan más. Por eso se debe comprobar la prenda con luz natural antes de salir, escoger ropa interior adecuada y apostar por tejidos con suficiente cuerpo. Un blanco impecable comunica limpieza y orden, pero uno transparente o mal cuidado produce el efecto contrario.
Pequeños detalles que ayudan a sobrevivir al calor
Vestir bien con calor no solo va a depender de la ropa. También influyen esos pequeños recursos que hacen que la jornada sea más cómoda: llevar desodorante en el bolso, tener un peine, unas toallitas refrescantes, un pañuelo o una botella de agua reutilizable puede marcar la diferencia. No son trucos de moda, pero sí trucos para poder sobrevivir elegantemente a la oficina en verano. Al final, se busca mantener una buena imagen durante esos meses de calor y también tiene mucho que ver con sentirse fresca, cómoda y preparada para el día a día.