Psicología

Los beneficios reales de hacer la cama al levantarse, un hábito sencillo que los especialistas vinculan al orden mental

Es como una señal de inicio del día
Es como una señal de inicio del día. Freepik
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MadridHacer la cama ocupa apenas uno o dos minutos, pero alrededor de este gasto se han construido promesas enormes. Se dice que vuelve a las personas más disciplinadas, aumenta la productividad, mejora el ánimo e incluso ayuda a dormir mejor.

La realidad es menos espectacular. La investigación dedicada específicamente a los efectos psicológicos de hacer la cama sigue siendo limitada. Sí que existen razones para pensar que puede actuar como una pequeña señal de orden y comienzo, pero sus posibles beneficios proceden de la rutina que crea y de cómo modifica el entorno.

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Una tarea pequeña que señala que el día ha comenzado

El beneficio más plausible aparece antes de salir del dormitorio. Completar una acción breve y visible puede generar una sensación inmediata de tarea terminada. La cama deja de representar la noche y la habitación adquiere el aspecto de un espacio preparado para el día.

La psicología de los hábitos explica que una conducta repetida en un contexto estable puede volverse automática. Cuando una acción se vincula siempre al mismo momento como por ejemplo, levantarse, abrir la ventana y estirar la ropa de cama, requiere cada vez menos deliberación. No desencadena mágicamente una cadena de éxitos, pero reduce una decisión cotidiana y aporta estructura a la mañana.

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Las rutinas también se han relacionado con sensaciones de seguridad, confianza y bienestar. En varios experimentos, las situaciones rutinarias se percibieron como más predecibles. Hacer la cama puede ofrecer un primer punto estableantes de que empiecen las obligaciones y los imprevistos.

El orden visual no es igual que “mente ordenada”

Una cama hecha no puede reorganizar directamente los pensamientos ni tampoco mejorar por sí misma las funciones ejecutivas. Lo que sí puede cambiar es la percepción del espacio. Un estudio experimental encontró que los espacios ordenados favorecían conductas más convencionales y algunas decisiones más creativas. El resultado recuerda que el orden no es siempre superior: puede facilitar la concentración, pero cierto desorden también puede favorecer otras formas de pensamiento.

Otra investigación observó que las mujeres que describían su casa como más estresante o inacabada mostraban patrones diarios de cortisol menos favorables y peor estado de ánimo. El trabajo no analizaba específicamente la cama y tampoco demuestra que ordenar reduce el estrés. Sí que sugiere que la manera en que se vive el hogar puede relacionarse con el bienestar.

Un dormitorio preparado puede resultar más agradable al volver

Hacer la cama también modifica la experiencia de regresar al dormitorio por la noche. Entrar en una habitación recogida puede ayudar a percibirla como un lugar de descanso y no como una prolongación de las tareas pendientes. Un estudio presentado en la revista ‘Sleep’ analizó a 1.052 personas suscritas a un programa de organización doméstica. Los hábitos de despejar el dormitorio y de autocuidado se asociaron con una mejor calidad subjetiva del sueño y menos problemas nocturnos.

La comodidad de la cama, la oscuridad, el ruido y la temperatura tienen un respaldo más sólido que el aspecto de las sábanas. Una cama hecha puede resultar acogedora, pero no compensa dormir pocas horas, acostarse cada día a una hora diferente o mantener el dormitorio demasiado caliente.

No tiene que hacerse en el mismo instante

Muchas personas prefieren abrir la ventana y retirar el edredón durante un rato para que se pueda disipar el calor y la humedad acumulada durante la noche y no hacer la cama en el mismo momento que se despiertan.

Ventilar puede ser razonable en habitaciones húmedas o después de una noche calurosa. Para la higiene es más importante lavar regularmente las sábanas, controlar la humedad y mantener el dormitorio ventilado que conseguir que la cama quede perfecta desde el primer momento.

La rutina puede consistir en levantarse, abrir la ventana, desayunar o ducharse y hacer la cama después. El posible beneficio psicológico probablemente dependa más de completar el gesto y disfrutar del resultado que de realizarlo durante los primeros segundos del día.

De todos modos, no hacer la cama no quiere decir que se sea perezoso, desorganizado ni tampoco que se tenga una peor salud mental. Hay personas a las que el aspecto de la habitación no les afecta o que en rutinas donde hay niños, turnos de trabajo, cansancio o falta de tiempo, esta tarea ocupa el último lugar.

Convertirla en una obligación rígida puede anular el beneficio. Si la imposición de dejar todo perfecto provoca ansiedad o hace perder demasiado tiempo, el hábito ya no tiene el beneficio que se buscaba. La versión útil solo busca estirar la sábana, colocar el edredón y las almohadas.

Lo que representa es la verdadera ventaja ya que hacer la cama es un gesto valioso porque es sencillo, visible y fácil de repetir cada día. Da una sensación de cierre o de comienzo de día, reduce el ruido visual y permite volver por la noche a un espacio que está preparado para descansar.