Irati, la joven violinista vasca que administra su música "como medicina" en el Hospital de Galdakao: "Lo mismo toco una de Coldplay que el himno del Athletic"

Cada viernes desde agosto Irati hace un 'tour' musical por distintas áreas del hospital.
Cada viernes desde el pasado mes de agosto Irati hace un 'tour' musical por distintas unidades hospitalarias.. Hospital Galdakao
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BilbaoCada viernes, desde el pasado verano, la vizcaína Irati Gañan Rodríguez, de 18 años, desenfunda su viola en el Hospital Galdakao-Usansolo, coloca el atril, lo mismo en el área de Psiquiatría, en la UCI o en Oncología, y comienza a tocar su recital. Ante ella, un público, “menos entusiasta”, de lo que se había encontrado hasta ahora, pero “mucho más humano”. El efecto sanador de la música.

La primera vez que tocó “fue un choque de realidad”, porque no hubo aplausos, ni sonrisas, reacciones que Irati había imaginado despertar en su audiencia hospitalaria, sin embargo, ha aprendido a apreciar el silencio y la calma que deja su música como el mejor baremo de que lo que hace, gusta. Eso y “verles tararear” o incluso, “que me pidan canciones que, a veces no me sé, pero las preparo para la semana siguiente”.

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A Irati no se le olvida el viernes de octubre en el que al llegar a la unidad, en la que iba a tocar ese día, se encontró a 30 personas esperándola en el pasillo, entre pacientes, familiares y sanitarios. Fue “emocionante que me estuvieran esperando”, aunque a Irati también le agrada cuando ella y su viola se camuflan entre el trajín diario del hospital, “casi como si fuera una más”. La joven recuerda, entre risas, como al empezar con este proyecto, hasta pidió una bata blanca, “que no me dieron”, aclara.

Irati sueña con irse a EE.UU y compaginar sus dos pasiones: la música y la ciencia
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Consciente de que su audiencia de los viernes “no pasa por un buen momento”, que hay sufrimiento, dolor y miedo en el ambiente, esta joven está convencida del efecto sanador de la música, de su impacto balsámico en lo emocional y su reto es lograr integrarla en el sistema sanitario: “La música como medicina”. Con esta idea en mente, el pasado verano puso en marcha su proyecto particular de la mano de la Comisión de Humanización del Hospital de Galdakao ‘Bihotz doinutan’.

Menos música clásica y más canciones vascas

“Llegué con una idea y me choqué de frente con la realidad”, recuerda de su primer día. Las “caras de sufrimiento” de las personas que se encontraban recibiendo su tratamiento y que iban a ser su público, le impactaron, pero convencida del poder terapéutico de la música, Irati comenzó a tocar y no ha dejado de hacerlo desde entonces, cada semana. Su música “hace que el hospital que, en sí mismo, es un espacio hostil y al que uno llega nervioso” adquiera “un clima más agradable”, puntualiza Marisa Oreja Vázquez, subdirectora de Enfermería y presidenta de la Comisión de Humanización.

Ni Irati es hoy la misma que empezó en agosto a tocar en el hospital, ni tampoco su música. El repertorio ha ido cambiando, a lo largo de estos meses, y han ganado peso las canciones tradicionales vascas frente a la música clásica más purista: “Algunos pacientes me contaban cómo les hacía revivir recuerdos la canción de ‘Txoria txori’ de Mikel Laboa, otros tarareaban el popular tema de Itoiz ‘Lau Teilatu’ o me pedían una de Coldplay”. Sí, porque cada viernes es diferente y lo mismo que cambian las áreas hospitalarias que visita, “desde Neurología, a Respiratorio o Cardiología”, cambia su público, la edad y sus gustos: “Me adapto y he llegado a tocar hasta el himno del Athletic”, relata con humor.

Irati empezó a tener contacto con la música desde antes de nacer, “cuando estando mi madre embarazada ya me ponían música clásica”, con solo un añito ya tarareaba canciones, así no es de extrañar que con tres ya estuviera en la Coral de Bilbao y que a los ocho años eligiera como instrumento, la viola. Ella, a la que le gusta salirse del camino marcado, lo escogió frente al más popular violín, porque “es más dulce”. Así es ella también, dulce y entusiasta, dispuesta a ponerse el mundo por montera y presentarse a una audición para la Orquesta Internacional en Suiza, donde la seleccionaron para 2024 y la han vuelto a invitar en 2025 y 2026; o a poner la vista en Estados Unidos para cumplir su sueño de compaginar sus dos grandes pasiones: la música y la ciencia. "Me gusta la Neurociencia", añade.

Cada viernes visita áreas distintas del hospital, desde Psiquiatría a Oncología o el Hospital de Día

Mientras tanto, el sonido profundo y cálido de su viola seguirá llenando los rincones del hospital vizcaíno cada semana. "Cada vez veo más sonrisas al terminar, aunque algunos sigan serios al irme”, admite. Olvidar la situación por la que están pasando no es fácil, pero a veces “logro crear ese momento de calma, que la ‘vibra’ de tensión del ambiente se afloje” y que incluso, “el personal sanitario pare en mitad de un trabajo emocionalmente super estresante”.

Marisa Oreja, presidenta de la Comisión de Humanización, ha sido testigo del “reposo que queda tras la música de Irati” en unidades como el Hospital de Día Médico, donde los pacientes reciben su tratamiento de quimioterapia y donde frecuentemente hay mucho ruido ambiental. Tanto que “hay un semáforo de ruido y lo habitual es que esté encendido”, hasta que llega Irati y “ese mismo semáforo permanece apagado hasta un buen rato después" de que Irati enfunde su viola y se despida hasta el próximo viernes.