Bárbara Soroa vacía su tienda en Bilbao para recrear el restaurante del desaparecido Hotel Torrontegui: "Les esperaré con cofia y delantal originales"
La exposición 'Trucada e imperfecta' de Rut Olabarri inspiró a Barbara para dar forma a esta experiencia inmersiva en su tienda
Presos de cárceles vascas logran 'escapar' de su realidad con unas gafas virtuales que les llevan a la playa
BilbaoLa fascinación del ser humano por viajar en el tiempo puede verse resuelta este fin de semana en Bilbao. Un anhelo que ocho personas, elegidas en un sorteo, van a poder ver cumplido. ¿Se imaginan poder retroceder varias décadas y poder cenar en el restaurante del desaparecido Hotel Torrontegui? Otra experiencia inmersiva es la que propone Javier Aranburu con una exposición que propone un juego visual para adivinar lo que es real y lo que es inteligencia artificial.
La cápsula para hacer ese viaje no es el DeLorean de ‘Regreso al futuro’ ni agujeros negros ni campos gravitatorios, sino una tienda en pleno corazón de Bilbao que se transforma por unos días en el restaurante desaparecido hace 50 años y que ofrece una experiencia única a ocho afortunados.
Tras la puerta acristalada del número 46 de la calle Juan de Ajuriaguerra, la coleccionista Bárbara Soroa ha creado una tienda difícil de clasificar. Ella la llama “mi gabinete de curiosidades” y en su interior se pueden encontrar desde obras de arte a piezas vintage. ‘Deco for Curious’ se ha convertido desde que abriera sus puertas en 2023 en una prolongación de su propietaria, “y al igual que yo, la tienda siempre está abierta al cambio”, señala. Como el que ella mismo experimentó cuando, tras sufrir un accidente de tráfico, decidió dar un giro a su vida y cambiar de profesión.
Tras el mostrador de esta tienda vende antigüedades pero, sobre todo, “doy rienda suelta a mi esencia súpertransformadora”. La tienda se ha convertido en su corta historia en un dormitorio con una cama vasca antigua y ahora será un restaurante desaparecido.
Mantelería de encaje y vajilla de Christian Dior
Con estos mimbres, no resulta tan extraño que Bárbara se haya animado a vaciar su comercio, de la noche a la mañana, dejando “solo el mostrador”, para convertirlo en un restaurante efímero. Sí, porque sus puertas solo estarán abiertas dos noches y solo acogerán a dos parejas de afortunados comensales por noche, que podrán degustar un cuidado menú en “una vajilla de los años 40 de Christian Dior, con cristalería de Baccarat y sobre unos delicadísimos manteles bordados a mano, de Los Encajeros”. Todo cuidado, hasta el último detalle, para recrear el restaurante del desaparecido Hotel Torrontegui de Bilbao o “al menos su esencia”.
La idea le surgió a Barbara mientras disfrutaba de la exposición ‘Trucada e imperfecta’ de la artista Rut Olabarri en la Sala Rekalde de Bilbao y que gira en torno al sofisticado hotel Torrontegui, fundado por Canuto Torrontegui y su mujer Isidora Ibarra, antepasados de la artista, en 1893, en la Plaza Nueva de Bilbao y que años después se trasladaría a El Arenal. Sus mullidas alfombras las pisaron personajes como Alfonso XIII, Unamuno o García Lorca. Un viaje al imaginario de la artista en el que reúne pinturas, dibujos, grabados, vídeos y fotografías.
Con la cofia y el delantal originales del hotel
Barbara sintió que la muestra, “de un gusto exquisito”, le permitía adentrarse en la memoria de la Rut Olabarri niña, aquella “que creció en ese hotel”. Así, entabló relación con la artista y nació una idea “que me chifla”.
Su tienda se ha transformado por obra y gracia de Rut Olabarri y Eduardo Sorrouille en el restaurante desaparecido del lujoso Hotel Torrontegui (1893 y 1973). El arte textil y las cerámicas de ella, junto con las fotografías de él han vestido la estancia, “para que sientan que están cenando allí”. Una experiencia inmersiva en la que ningún detalle se ha dejado a la improvisación: “Llegarán en Rolls Royce, una soprano amenizará su estancia y yo les esperaré con una cofia y un delantal de los que se usaron de verdad en el hotel”.
La propia Bárbara reconoce que es todo “un poco surrealista”, pero que la instalación le “chifla” y que ya imagina otros proyectos como “transformar de nuevo mi tienda para recrear un dormitorio y me imagino desayunando en el escaparate con un camisón y un gorro antiguos”.