Mil comercios como el de Vicki cerrarán en Bilbao en cinco años si no encuentran nuevos dueños: "Me da pena pero me jubilo y no hay relevo"
El 30 de octubre Vicki Pérez echará el cierre a 12 años al frente de la tienda delicatessen 'El Olivar' ante la falta de relevo
Loli encuentra relevo y logra evitar el cierre de su comercio en Getxo, Vizcaya, tras 21 años: "Lo dejo en buenas manos"
BilbaoHay quien lo ha calificado como una sangría silenciosa, los comercios de toda la vida empiezan por colgar de sus escaparates carteles de ‘Se traspasa’, ante la inminente jubilación de sus propietarios que sueñan con que sus negocios sigan vivos en nuevas manos. Algunos lo logran pero son muchos los que acaban bajando definitivamente la persiana ante la falta de relevo. Una realidad que se repite en las tres capitales vascas. En Bilbao, han calculado que en los próximos cinco años, un millar de comercios podrían cerrar si no encuentran nuevos dueños.
“Yo iba a cerrar el pasado mes de abril, luego lo pospuse a junio y finalmente, lo he alargado hasta ahora con la esperanza de encontrar a alguien que quisiera seguir al frente de esta tienda”, relata Vicki Pérez, al frente desde diciembre de 2014 de la tienda delicatessen El Olivar, en Bilbao.
A sus 67 años y a punto de jubilarse, esta comerciante colgó hace medio año el anuncio de traspaso en su escaparate. Desde entonces, muchos han entrado a interesarse, "hubo una pareja de Bilbao que parecían muy interesados y hasta les facilité un informe de gastos y beneficios, pero después no volví a saber nada de ellos".
Vicki ha ido convenciéndose de que "va a ser difícil traspasarlo" y ha marcado en rojo el 30 de octubre, en el calendario, como su último día en la que “ha sido mi casa”, durante estos 12 años: “Me da pena cerrarla”, admite y es que para Vicki va más allá de ceder su tienda, “es una parte de mi vida”.
"Ni un Ferrari, ni un yate, pero da para vivir"
Lo hace, además, en un buen momento para su negocio, que “funciona muy bien para una persona”, aunque “eso sí, no da para un yate en Getxo o un Ferrari en la puerta”, aclara, entre risas. Como Vicki, otros comerciantes de la Villa llevan tiempo intentando traspasar sus negocios: "Nosotros llevamos tiempo queriendo traspasarlo, pero no ha sido hasta ahora, que hemos conseguido un par de ofertas en firme", explican desde la Carnicería Francisco, en el número 1 de la Alameda San Mamés.
Se calcula que en los próximos cinco años en torno a 1.000 propietarios de comercios de Bilbao llegarán a su edad de jubilación y si nada lo remedia, ese millar de comercios echarán el cierre. Para evitarlo, siete entidades diferentes, entre las que se cuentan el propio Ayuntamiento, la Diputación vizcaína y el Gobierno vasco, han suscrito un 'Protocolo de Colaboración' cuyo objetivo prioritario es mantener y reforzar el comercio de Bilbao mediante el fomento de la transmisión empresarial para hacer frente al relevo generacional.
Los barrios de Abando, Ibaiondo y Deusto concentran más de la mitad de las posibles transmisiones, la mayoría son además comercios de moda o alimentación. Como es El Olivar. Desde 2014, año en el que abrió sus puertas el negocio de Vicki, Vizcaya ha perdido alrededor del 25 por ciento de sus establecimientos minoristas. La falta de relevo generacional, el crecimiento del comercio online, los cambios en los hábitos de consumo y el coste de los alquileres o la energía son algunas de las causas que explicarían esta sangría.
En el paro a los 50, "tuvimos que reinventarnos"
Vicki echa la vista atrás para recordar cómo los inicios de 'El Olivar' no fueron fáciles para su matrimonio, "mi marido se quedó en el paro con 55 años y tuvimos que reinventarnos”. Lo hicieron en este local que, anteriormente ocupaba un locutorio, en la calle Egaña de Bilbao. La crisis de 2014 y un inesperado andamio, que “nos pusieron en la fachada durante dos años nada más abrir”, no ayudaron al despegue, “nos costó, pero no tiramos la toalla”. La calidad de sus conservas, vinos, quesos, vermuts y las casi 30 marcas de aceite que dispensaban aquí, fueron fidelizando a la clientela, para la que Vicki solo tiene buenas palabras: “La gente es maravillosa, me han tratado con muchísimo amor”.
Hace dos años, Vicki enviudó y se refugió en su negocio para superar el duelo. Ahora, aun con la pena del cierre, espera con ilusión la nueva etapa vital que emprenderá tras el 30 de octubre, “me gusta el deporte, la pintura y quiero hacer algún viajecito”, confiesa esta bilbaína que intuye, una vez jubilada, no se va a aburrir, “tengo dos nietos y ya me han hecho un planing de acompañarlos a inglés, a baloncesto y a fútbol”, añade divertida.