Un hostelero de Pontevedra recupera, más de 100 años después, la marca de agua con gas que se sirvió en el Titanic
El agua recupera la marca creada por Casimiro García Cobas, quien la llevó por todo el mundo en los inicios del siglo XX
El objetivo es poner unas 100.000 botellas en el mercado durante este año
Pontevedra La aventura emprendedora de Casimiro García Cobas, un pontevedrés visionario, aventurero y algo adelantado a su tiempo, que fundó hace más de 100 años el Balneario del Lérez, está a punto escribir un nuevo capítulo.
Porque el Agua del Lérez, la del mismo nombre que ese indiano embotellaba a principios del siglo XX a orillas del río que atraviesa Pontevedra y que logró llegar hasta medio mundo, incluido el Titanic, puede volver a beberse ahora. Con el mismo nombre, y con la historia detrás de un legado que Carlos Fontán conoce bien.
Este empresario pontevedrés, con varios locales de hostelería a su cargo, se encontró hace unos años con que la marca “Aguas del Lérez” no estaba registrada, así que decidió hacerlo, a la espera de poder en el futuro “darle vida”. Y paralelamente detectó un destacable aumento del consumo del agua con gas en sus negocios, “ahí había un filón”, recuerda.
Un manantial con agua muy parecida a la original
Y esa vida arrancó por fin hace unos meses, tras varios años de investigación para encontrar un manantial lo más parecido posible al original y una planta embotelladora. En el manantial Sanxinés, ubicado en el corazón del Monte Xiabre y a solo unos kilómetros del antiguo manantial que surtía al desaparecido balneario, encontró Carlos el agua que ahora lleva de nuevo el nombre del Lérez. “Es un agua muy parecida a la original, y que también sale a 14.5 grados” detalla. La bebida, de mineralización muy débil, cuenta con una ligera presencia natural de gas origen que se refuerza con gas carbónico añadido, y como extra, “solo tiene 12 mg/l de sodio, es baja en sodio, ideal para hipertensos”, apunta Carlos.
A este empresario, la aventura internacional de aquel otro gallego que llevó el Agua del Lérez por el mundo hace más de 100 años todavía le queda “algo grande” y por ahora espera poner en el mercado unas 100.000 botellas este año 2026, envasadas en la planta de Disbepo. Fontán está centrado por ahora en el canal Horeca, y también intentando saltar al mercado internacional, “teniendo en cuenta que, en el mercado nacional, la competencia es complicada por la presencia de los grandes grupos empresariales”.
El objetivo es "llevar el nombre de Pontevedra por el mundo", recuerda Carlos Fontán, recordando el mítico lema de la ciudad de Pontevedra: “Pontevedra é boa vila, da de beber a quen pasa”.
Carlos intenta con su renovada Agua del Lérez, seguir los pasos de su predecesor, el empresario gallego Casimiro Gómez Cobas, recuperando el “espíritu del Lérez”, un “visionario cuya historia no se conoce mucho aún”, lamenta.
El Balneario del Lérez funcionó hasta los años 30, siendo un símbolo de modernidad
En 1906, a orillas del río Lérez y en el entorno de Monte Porreiro, el empresario gallego Casimiro García Cobas inauguró el Balneario del Lérez, que pronto se convirtió en símbolo de modernidad y bienestar. Gómez Cobas había emigrado a Argentina, donde hizo una fortuna en el negocio del cuero y a su vuelta a Galicia, en plena época del auge del termalismo, decidió crear un balneario a las afueras de Pontevedra.
El lugar era frecuentado por familias acomodadas e intelectuales, sus aguas mineromedicinales carbónicas, de ligera efervescencia natural, fueron reconocidas por su pureza y propiedades digestivas, marcando una época dorada para Pontevedra.
Visionario para su tiempo, Casimiro Gómez impulsó una de las primeras plantas de embotellado de Galicia. Las aguas se envasaban en botellas de vidrio grueso, selladas para preservar su gas natural con un tapón metálico de plomo o estaño, precinto habitual que garantizaba la pureza y el origen durante el transporte. Gracias a esta innovación, Aguas del Lérez se consolidó como una de las aguas más prestigiosas del noroeste peninsular a comienzos del siglo XX.
Su calidad y elegancia, muy valorada en una época en la que el agua carbonatada era símbolo de clase y estatus, y tenía hasta un protocolo propio para ser servida en la mesa, la llevaron más allá de Galicia.
Y las botellas de agua que salían de la antigua "The Lérez Mineral Water Company" llegaron gracias a este empresario y sus contactos generados por sus otros fructíferos negocios, a lugares como China, India, Inglaterra, Argentina, Egipto o Australia. Aguas del Lérez llegó a ser proveedora de la Casa Real Española, además de ser suministrada a la White Star Line, operadora del legendario y malogrado Titanic, donde se servía en sus salones.
Todo ello supuso un hito excepcional para una marca gallega en una época en la que muy pocas aguas españolas lograban proyección internacional. Pero la Guerra Civil marcó el final del histórico balneario.
Con el tiempo, el paisaje original desapareció, la urbanización de Monte Porreiro alteró la naturaleza de la zona, y contaminó el acuífero original, haciendo imposible recuperar las surgencias que habían dado fama a aquellas aguas legendarias. Ese espíritu del Lérez es el que ahora intenta recuperar Fontán, con una aventura empresarial que tira de nostalgia y burbujas.