El accidente de Adamuz se produjo el mismo día y a la misma hora que uno de Pontevedra hace seis décadas
Corría el año 1969 cuando un corrimiento de tierras causó un accidente ferroviario en la parroquia pontevedresa de Alba
La última hora del accidente de trenes en Adamuz, en directo
El siniestro registrado el pasado domingo en Adamuz (Córdoba) tras el descarrilamiento de un tren Iryo y un Alvia, en el que fallecieron 42 personas y otras muchas fueron ingresadas con heridas de gravedad en diferentes hospitales, ha levantado heridas abiertas en la población gallega. Especialmente, entre los vecinos del área de Compostela, donde todavía tienen muy presente el descarrilamiento de Angrois, la mayor tragedia ferroviaria registrada en España hasta la fecha, que provocó 80 muertes en 2013 y dejó graves secuelas físicas y emocionales a demasiadas personas.
Sin embargo, también remite a otro episodio ferroviario especialmente doloroso en la historia de Pontevedra. En enero de 1969, en la parroquia de Alba, a orillas del río Lérez, un tren sufrió un grave accidente que presenta la fatídica casualidad de haber sucedido exactamente el mismo día y prácticamente a la misma hora que el de Adamuz. Aquel 18 de enero, cuando el reloj marcaba las 19:39 horas, el descarrilamiento causó la muerte de cinco personas y dejó 41 heridos.
18 de enero de 1969
Según cuenta La Voz de Galicia, precisamente el diario que hace casi seis décadas dio a conocer el fatídico suceso, el convoy siniestrado "era el rápido 702”, y había partido de A Coruña con destino a Vigo un frío 18 de enero, el mismo día que en Córdoba se paró el reloj de 42 personas.
El tren gallego se encontraba a apenas cuatro kilómetros de la estación de Pontevedra cuando se produjo el accidente, cuyas causas achacan a un deslizamiento de tierra provocado por las intensas lluvias que habían caído durante semanas y que habían reblandecido el terreno, algo que afectó directamente a la vía. La locomotora Alco-Diésel se hundió en el punto más inestable y los tres coches que la seguían acabaron desplomándose sobre ella, quedando reducidos a un amasijo de metal.
Se estimaba que en el tren viajaban alrededor de un centenar de pasajeros, aunque el recuento fue complicado por el mal tiempo y el barro que anegaba la zona. La crónica publicada al día siguiente por La Voz de Galicia guarda un notable paralelismo con los relatos que se están difundiendo ahora sobre lo ocurrido en Adamuz.
La cabecera señala que “una vez conocida la noticia del suceso en la capital (refiriéndose a Pontevedra), salieron para aquel lugar las ambulancias de todos los establecimientos sanitarios pontevedreses, así como numerosos taxis y vehículos particulares para prestar la necesaria asistencia a los posibles heridos”, detalla, lo que denota que también por aquel entonces la colaboración ciudadana fue imprescindible.
Fatales paralelismos entre los dos accidentes
Más de cincuenta años separan ambos accidentes, pero las escenas que los rodean (el barro, la noche, la ayuda improvisada y la respuesta solidaria de los vecinos y vecinas) se repiten casi sin cambios, como si la escena fuese el remake de una película de terror que ningún director desea rodar.
Las imágenes del accidente ferroviario ocurrido el pasado domingo en Adamuz evocan escenas que Pontevedra vivió aquel 18 de enero de 1969. También en Alba, el descarrilamiento del tren dejó un paisaje de barro, oscuridad y vías destrozadas, muy similar al que estos días estamos viendo en la campiña cordobesa.
Entonces como ahora (y también en Angrois), la solidaridad vecinal fue clave en las primeras horas tras el siniestro. En aquella madrugada del 19 de enero, los heridos fueron evacuados al Hospital Provincial y a varios centros sanitarios privados de la ciudad gallega (Santa María, Santa Rita y el Hospital Domínguez) “en condiciones extremadamente precarias”, detalla da cabecera gallega.
La lluvia, el frío y la falta de luz obligaron a sanitarios y vecinos a cruzar fincas anegadas de barro cargando a los heridos para poder trasladarlos en ambulancias o incluso en vehículos particulares. Una escena que se ha repetido 57 años después en Adamuz, donde los vecinos acudieron al tren con mantas, ropa de abrigo y alimentos, y llegaron a trasladar a algunos afectados en un quad ante la dificultad de acceso de los servicios de emergencia.
Refuerzo del transporte por carretera, también en 1969
También el desarrollo de los trabajos de rescate guarda algunos paralelismos evidentes. En Pontevedra, el mal tiempo obligó a suspender las labores durante la noche, que se retomaron al amanecer. Fue entonces cuando se localizaron nuevas víctimas y se confirmó el balance definitivo de cinco fallecidos y 41 heridos. Las primeras muertes correspondieron a dos trabajadores de Renfe, el jefe del tren y el mozo de furgón, mientras que el maquinista y el interventor, a quienes inicialmente se dio por desaparecidos, lograron sobrevivir.
La retirada del material siniestrado fue lenta y compleja. Según relataba La Voz de Galicia, fue necesario solicitar grúas de gran tonelaje a los parques de Madrid y Valladolid para mover la locomotora Alco-Diésel, de 110 toneladas, que había quedado hundida en un gran socavón. Incluso entonces surgieron nuevos obstáculos, ya que una de las grúas tuvo que detenerse en Ourense por otro desprendimiento de tierras. Como ocurre ahora en Córdoba, la línea ferroviaria quedó inutilizada durante días y el transporte por carretera tuvo que reforzarse para dar servicio a los viajeros entre Vigo y A Coruña.