Discapacidad

Jorge García lleva más de un año esperando por una rampa para poder salir de su casa en A Coruña: “Es como una cárcel”

Jorge apenas puede salir de casa solo en su silla de ruedas por el escalón que tiene en su portal. CEDIDO
  • Jorge apenas sale de casa solo porque le resulta casi imposible entrar y salir con la silla de ruedas

  • La comunidad aprobó la obra y el presupuesto hace más de un año pero todavía no la han realizado

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A CoruñaUn escalón de 20 centímetros separa a Jorge de la calle, y de la “libertad”. Un pequeño escalón para muchos. Para él, la razón por la que vive prácticamente encerrado en su casa, sin apenas poder salir. 

Jorge García tiene espina bífida y se mueve en silla de ruedas y además tiene un 60% de ceguera provocada por una neuritis óptica. Lleva casi tres años viviendo en un piso propiedad de su familia, ubicado en la calle Buenos Aires de A Coruña, y desde el primer momento en que empezó a residir en él, solicitó a la comunidad de propietarios que se hiciera una pequeña rampa fuera del portal, para poder entrar y salir con su silla de ruedas fácilmente, salvando el escalón. 

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Cuenta que pasaron muchos meses esperando a que se debatiera en la junta y se aprobara. Y por fin se aprobó. Le dijeron que sería algo casi inmediato, pero aunque la obra y el presupuesto para la misma lleva más de un año aprobada, Jorge sigue encerrado en casa. Y la obra no ha empezado. 

Jorge grabó una de sus salidas y acabó cayendo de bruces contra el suelo

La rampa no llega, y desde la gestoría encargada de la comunidad de vecinos solo recibe largas. “Primero fue la licencia de obra, luego una firma del arquitecto, después que el arquitecto está de vacaciones, cada vez que pregunto me cuentan una cosa diferente”, denuncia. Y mientras Jorge, de 49 años, apenas puede salir de casa solo. En uno de sus intentos, que grabó para mostrar la dificultad del acceso, se cayó de bruces contra el suelo y aún se está recuperando de las contusiones del golpe. 

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Al escalón del portal se le une una puerta muy pesada que tiene que mover solo, y todo eso implica que apenas salga lo imprescindible: “Es como una cárcel”, cuenta su pareja Verónica, que por su trabajo no puede visitarlo todos los días. “A veces pasan unos días y cuando llego, veo que le falta comida, pero es que él solo no puede salir, se juega la vida cada vez que sale”. 

“Ellos saben que vive solo, que está encerrado en su piso todo el día, pero no hacen nada”, lamenta Verónica. “Sacar la basura, salir a comprar el pan, todo es una amenaza para él", añade. 

Anuncia que denunciará su caso también en el juzgado

“Yo no aguanto más, esto lo tengo que denunciar”, anuncia Jorge, que les ha mandado varios vídeos a la gestoría encargada de la obra y a la presidenta de la comunidad, sin tener por ahora ninguna respuesta. “Tengo que hacer un equilibrio tremendo para no caerme, esto no es normal”, lamenta Jorge. Su desesperación por conseguir que la obra prometida y aprobada se lleve a cabo los ha llevado a denunciar su caso, “también en el juzgado”, porque ya no pueden más. La situación “le está empezando a afectar psicológicamente”, cuenta la pareja.  

 “Veo que pasa el tiempo y no se mueven, y no es una obra tan compleja”, lamenta Jorge, mientras planea minuciosamente cómo y cuándo hacer las salidas esenciales de casa, para recados o compras, "ya ni pienso en salir a hacer algo más", añade.  “Estamos en mayo y esto no va a estar terminado este año”, predice Verónica. “Si voy solo es prácticamente imposible salir a la calle, esto no es vida”, resume Jorge que se enfrenta a un pequeño escalón y al enorme muro de la burocracia.