Las mariscadoras compaginan su trabajo con esta actividad como complemento de un sector que está sufriendo la falta de producto debido a la alta mortalidad de los moluscos en las costas gallegas
La actividad se inició el pasado mes de junio y cuenta con la participación de gente de todas las edades y procedencias
Muros, A CoruñaLas mariscadoras son una de las estampas que forman parte del paisaje de las rías gallegas desde hace muchas generaciones. Cuando la marea baja y deja al descubierto la arena, aparecen para realizar una labor que se ha convertido en tradición.
En Muros, el punto más septentrional de las Rías Baixas, combinan lo tradicional y la innovación con la iniciativa Senda Salgada, un proyecto en el que invitan a conocer cómo es ser mariscadora por un día. Son un grupo de nueve profesionales que comenzaron en mayo a impartir esta actividad a colegios de la zona y con el fin del curso lectivo, han decidido ir más allá y ofrecer estos talleres a los turistas por un precio de entre 5 y 10 euros.
Adela Lestón, es la presidenta de la Agrupación de marisqueo a pie de Muros y una de las que imparte esta actividad, lleva más de 20 años como profesional. Responde con ilusión las preguntas de Informativos Telecinco sobre esta nueva aventura pero comparte la preocupación de los profesionales del sector “vivimos una situación complicada en el marisqueo y es un importante tener un complemento económico.”
Pertenece a una cofradía de 71 mujeres, una pequeña parte de ellas forma de este proyecto financiado con Fondos Europeos. Nombres como Divina y Loli, son las encargadas de “dar a conocer nuestro trabajo, nuestra forma de vida, que no solo es nuestro trabajo.”
Durante una ruta de una hora y media, los visitantes pueden convertirse en profesionales y explorar las distintas zonas habilitadas “lo que más le gusta a la gente es bajar a la playa, conocer todas las especies, el poder rastrillar y quitarlas de la arena.”

Entre las instrucciones que se dan en la experiencia, destacan las herramientas se usan, bajo qué normas y en qué consiste la extracción de molusco. Posteriormente, si lo desean, se les prestamaterial para coger bivalvo a pie de playa, siempre bajo la supervisión de los productores.
El perfil de los que acuden es variado, hay gente que de forma individual quiere vivir la experiencia aunque también familias. Los casos más especiales, “antes de ayer vinieron una pareja de Alemania” y “el otro día vino un chico de O Grove que su abuela fue mariscadora y vino exclusivamente para hacer la bajada a la playa.”
La crisis en el sector, uno de los desencadenantes
El sector del marisqueo es uno de los principales motores económicos de la autonomía y en los últimos años el descenso en la producción de moluscos como el mejillón o la almeja están causando dificultades económicas en los profesionales. En el año 2001 Galicia tenía 6.551 permisos de mariscadoras mientras que 20 años después apenas supera los 3.000.
“Los recursos están sufriendo mucho, hay cambios de salinidad y temperatura, muy bruscos. Hay especies como la almeja babosa o la fina están en mínimos vitales y en el mercado optan por productos de otros lugares” reconoce con preocupación Adela, que se siente “muy orgullosa de su trabajo, cada día en el marisqueo es diferente, no me vería en otra profesión, pero sé que es duro para la gente que empieza.”
Desde la organización no temen que esto sea una manera para incentivar a los furtivos sino todo lo contrario “hay biotoxinas paralizantes que se acoplan a nuestro cuerpo, antes la gente lo comía pero ahora al mar llegan todos los residuos. También antes lavábamos la ropa con jabón de trozo y ahora utilizamos mil detergentes.”
Adela mira al futuro con esperanza pero tiene claro que “las organizaciones tienen que involucrarse más, sobre todo en situaciones de este calibre de alta mortalidad. El marisqueo no puede ser un complemento a las economías familiares, hay mucha gente que vive solo de esto. Es un oficio artesanal que no puede dar un paso atrás", concluye.

