Música

Ortiga, el joven lucense que lleva la verbena gallega fuera de Galicia, arrasa en ciudades como Madrid o Bruselas

Lo que para muchos es simplemente una verbena, para Ortiga representa una de las mayores expresiones culturales de Galicia.. Cedida
  • El músico lucense ha conseguido convertir un símbolo de la cultura popular gallega en un fenómeno que conquista salas y festivales de toda España e incluso de Europa

  • Ortiga vive el mejor momento de su carrera, con una gira que agota entradas, increíbles colaboraciones y un discurso que reivindica la verbena como patrimonio cultural gallego

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"¿Quién tuvo la culpa? ¡OR TI GA!". Y es que sí, Ortiga, ya tiene la culpa de que la verbena gallega sea escuchada, cantada y bailada por los más jóvenes en todo el territorio nacional e incluso internacional. Desde hace años, Manuel González, conocido artísticamente como Ortiga, se ha propuesto desmontar prejuicios. Lo que para muchos es simplemente una verbena, para él representa una de las mayores expresiones culturales de Galicia. Y lejos de esconder sus raíces, ha conseguido convertirlas en su principal seña de identidad. El artista lucense ha logrado que un sonido profundamente ligado al rural gallego suene con naturalidad en Madrid, Barcelona, Bruselas o Bilbao, llenando salas y participando en algunos de los festivales más importantes del circuito alternativo. Su propuesta mezcla electrónica, ritmos latinos, pop, música tradicional y esa esencia festiva que durante décadas ha acompañado a las fiestas de los pueblos gallegos, una fórmula que hoy conecta con públicos de todas las edades.

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De soñar con vivir de la música a hacerlo

Aunque hoy su nombre está asociado a la verbena moderna, los inicios de Manuel González poco tenían que ver con este universo. Su sueño adolescente era ser rockero: vivir de la música. De hecho, comenzó a tocar con apenas 13 años en Carballedo (Lugo), donde creó junto a unos amigos su primera banda.

Bandas como Metallica marcaron aquellos primeros años de aprendizaje. En un entorno rural donde el tiempo parecía girar alrededor de la música, la guitarra se convirtió en su compañera inseparable. "En un pueblo del rural gallego, si tienes una guitarra, estás 24/7 horas con ella, o como digo yo, 25/8 horas al día", recuerda entre risas.

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Mientras estudiaba Fisioterapia en Pontevedra siguió actuando con distintos grupos, aunque pronto comprendió que aquella profesión no le hacía feliz. "Me di cuenta de que estaba amargado y que lo único que quería era tocar la guitarra", explica. Aquella decisión cambió por completo su vida. Desde 2017 vive exclusivamente de la música, algo que pocos artistas independientes consiguen mantener durante tanto tiempo.

Antes de emprender su carrera en solitario formó parte de Esteban y Manuel, un proyecto que nació casi como un entretenimiento y que terminó convirtiéndose en un fenómeno dentro de la escena gallega. Sin embargo, las diferencias de rumbo hicieron que se deshiciera el grupo. Lejos de abandonar, Manuel tenía claro que quería hacer de la música su profesión y decidió comenzar una nueva etapa bajo el nombre de Ortiga.

Una reivindicación de la verbena gallega que rompe fronteras

El nacimiento de Ortiga coincidió con una idea muy clara: demostrar que la verbena gallega podía ocupar un lugar protagonista en la música contemporánea. Uno de los momentos que marcó esa evolución fue su colaboración con Pili Pampín, una artista a la que admira profundamente y a la que sitúa al nivel de otras figuras imprescindibles como Ana Kiro. Para muchos aquella unión resultó sorprendente, pero para él siempre tuvo un sentido muy claro.

"Quería juntar dos mundos que parecían muy distintos, pero que en realidad forman parte de la misma cultura", explica. Lejos de plantearlo desde la ironía, Ortiga siempre defendió esa colaboración como un homenaje sincero a una generación de artistas que marcaron la identidad musical gallega.

Su discurso va mucho más allá de la música. Considera que la verbena es una de las grandes señas de identidad de Galicia y lamenta que muchas veces no se valore lo suficiente dentro de la propia comunidad. "Si la gente supiera el potencial que tiene la verbena gallega y que prácticamente no existe nada igual fuera de Galicia, alucinaría", asegura.

Precisamente esa filosofía ha sido una de las claves de su éxito. Mientras algunos espectadores se sorprenden por escuchar canciones en gallego fuera de Galicia, él defiende que la música trasciende cualquier idioma. "Escuchamos música en inglés sin entender todas las letras. Con el gallego debería ocurrir exactamente lo mismo; solo hace falta tener la mente abierta", sostiene.

El mejor momento de una carrera en constante crecimiento

La apuesta por una música sin complejos ha encontrado respuesta en el público. Ortiga atraviesa el mejor momento de su trayectoria y encadena conciertos con entradas agotadas en salas tan icónicas como la sala Sol en ciudades como Madrid, donde el fenómeno de la verbena gallega ha conquistado incluso a quienes nunca habían pisado una fiesta popular en Galicia.

Su gira de los dos últimos años ha confirmado que el proyecto ha dejado de ser una propuesta de nicho para convertirse en uno de los nombres imprescindibles del nuevo panorama musical gallego. El músico ha llevado su espectáculo a festivales de toda España e incluso al extranjero, participando en citas como EmigraSON en Bruselas, donde la comunidad gallega respondió con una auténtica celebración colectiva en torno a la música y la identidad gallega.

Uno de los momentos que impulsó definitivamente su popularidad llegó de la mano de Estrella Galicia. La campaña "A nosa verbena" permitió al artista reivindicar el universo de las orquestas y las fiestas populares a través de una gira que multiplicó su visibilidad. "Mucha gente me conoce por esa canción", reconoce, aunque asegura haber recibido ese éxito con ilusión, pero también con prudencia.

El proyecto sigue creciendo. En los últimos meses ha publicado colaboraciones junto a Joe Crepúsculo, Parque Sur o 9Louro, al tiempo que desarrolla una faceta menos conocida como productor musical. También reconoce que le ilusionaría colaborar en el futuro con artistas como Carlangas o Baiuca, dos referentes de la renovación de la música gallega contemporánea.

Una banda de amigos y un futuro sin límites

Detrás del escenario también existe una historia de amistad. Ortiga comparte escenario con músicos que conoció gracias a la histórica orquesta Los Satélites y con Xavi, amigo suyo desde la infancia, convertido hoy en uno de los grandes animadores del espectáculo. Lo que comenzó como una relación profesional ha terminado transformándose en una familia sobre los escenarios.

El artista considera que el momento que vive la música hecha en Galicia es excepcional. "Ahora hacer música en gallego mola", afirma con convencimiento, aunque recuerda que esa realidad no habría sido posible sin las generaciones anteriores que rompieron barreras cuando cantar en gallego apenas tenía espacio en la industria musical, con bandas que lucharon contra tantos prejuicios como la mítica y aclamada Dios Ke te crew".

Para Manuel González, el éxito no consiste únicamente en llenar salas o acumular reproducciones. Su verdadera victoria es comprobar que la verbena gallega ha dejado de entenderse como un fenómeno exclusivamente local para convertirse en una propuesta cultural capaz de emocionar a cualquier público, independientemente del idioma o del lugar donde se escuche. Esa es, precisamente, la revolución que Ortiga lleva años construyendo sobre los escenarios y que hoy lo sitúa como uno de los artistas gallegos con mayor proyección nacional. Ortiga ya forma parte y formará parte siempre de la historia musical gallega como un referente y abanderado orgulloso de su cultura que no ha tenido miedo a arriesgar fusionando estilos muy diferentes, creando sonidos únicos hasta hace poco inimaginables, desde una mirada de respeto absoluto hacia la idiosincrasia de su tierra.