Negocios

El secreto de una tienda de Santiago para sobrevivir 136 años: "Lo hizo nuestro abuelo, nuestro padre y ahora nosotros"

Este pequeño comercio de Santiago lleva 136 años adaptándose a los nuevos tiempos. CEDIDA
  • Deportes Toribio, fundada en 1890, se ha ido transformando con cada generación y, la de Antonio y Modesto, es ya la cuarta que la gestiona

  • Hoy compite con las grandes superficies y con Internet gracias a “la especialización, el asesoramiento y el trato personal”

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Hay negocios que sobreviven al paso del tiempo cambiando de piel, y hay otros que, además, consiguen adelantarse varias décadas a su tiempo. Es el caso de una tienda histórica de Santiago de Compostela que lleva 136 años atendiendo a clientes y que, mucho antes de que existieran internet, las redes sociales o las compras online, ya vendía sus productos a distancia.

La historia la recuperaba recientemente la cabecera local, El Correo Gallego, que contaba cómo los conductores de autobús se convirtieron durante décadas en una suerte de repartidores improvisados. Llegaban a la tienda con las listas de la compra que les entregaban vecinos de distintos pueblos de Galicia y regresaban con los encargos: "El Internet de antes eran los buses”, resume Modesto en ese artículo; una frase que Antonio, su hermano, completa a Informativos Telecinco de esta manera: “…y las redes sociales, los bares". Ambos son la cuarta generación al frente de la Armería Toribio, que con el paso del tiempo se ha ido reinventando hasta lo que es hoy: una tienda de deportes especializada en la montaña.

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La frase explica mejor que ninguna otra cómo funcionaba aquel comercio antes de la era digital. Quien vivía lejos de Santiago no necesitaba desplazarse hasta la ciudad para comprar; bastaba con conocer a un conductor de autobús que hiciera la ruta y llevara sus encargos hasta el pueblo, cual repartidor de esas grandes superficies comerciales actuales.

Una tienda que ha cambiado con cada generación

El negocio nació en 1890, cuando el bisabuelo de Antonio y Modesto Toribio abrió una armería. Desde 1954, la tienda ocupa su actual ubicación en la céntrica Rúa do Hórreo, una zona que por aquel entonces todavía era considerada prácticamente las afueras de Compostela.

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Su abuelo había llegado a Santiago desde Ventoselo, en Ribadavia, en 1893. Era, según recuerda Antonio, "extremadamente habilidoso" y terminó convirtiéndose en agente oficial de Singer, lo que llevó al negocio a incorporar máquinas de coser. Armas, munición, máquinas de coser, maletas... La especialización no siempre fue el camino. La familia asegura que el negocio fue evolucionando según cambiaban las necesidades de sus clientes. "Con los tiempos vas evolucionando, especializando y adaptándote. Lo hizo nuestro abuelo, nuestro padre y ahora nosotros", explica Antonio.

La tienda solo echó el cierre durante la guerra. Incluso en los años posteriores a la Guerra Civil, cuando la venta de armas y munición quedó prácticamente paralizada, la familia buscó fórmulas para mantenerse a flote. Una de ellas fue aprovechar sus vínculos con la zona del Ribeiro para servir vino en una parte del establecimiento mientras en la otra seguían con la actividad comercial.

De las tiendas deportivas al auge de la montaña

En los años 60 fueron además de los primeros comercios de Santiago en vender mobiliario de camping. Después llegaron otras etapas: ping-pong, esquí, pesca... Pero en los años 80 tomaron una decisión que marcaría el futuro de la tienda. Santiago tenía ya infinidad de establecimientos deportivos y el sector estaba, en palabras de Antonio, "muy pisado". La familia decidió entonces darle una vuelta al negocio y apostar por el deporte de montaña, manteniendo al mismo tiempo la esencia de la antigua armería.

Hoy, aquella tienda que nació vendiendo armas y munición está centrada principalmente en montaña, senderismo y actividades al aire libre, con el tiro deportivo como recuerdo de su origen. La pandemia volvió a demostrarles que adaptarse sigue siendo imprescindible. Tras unos años especialmente complicados antes de la covid, el propietario recuerda un repunte posterior: con las restricciones y el confinamiento recién superados, mucha gente se lanzó a disfrutar de la naturaleza.

"A las grandes superficies las come Internet"

La competencia también ha cambiado. Primero fueron las grandes superficies. Ahora, internet: "Al final siempre viene uno más grande que te come: a las grandes superficies las come Internet, nos tenemos que adaptar todos", apunta Antonio.

¿Cómo puede entonces competir una pequeña tienda de barrio frente a gigantes comerciales y plataformas digitales? Su respuesta es clara: producto, especialización y personas. "Nosotros con las grandes superficies comerciales competimos con presencia de producto y buen asesoramiento", explica Antonio con contundencia. Y ahí está, según él, la clave de la supervivencia del comercio tradicional: "Lo que nos salva al pequeño comercio es la especialización, sumado al trato personal y al asesoramiento".

Una experiencia reciente le confirmó esa impresión. Antonio cuenta que atendieron a una pareja joven que se sorprendió por la atención recibida: "Estaban tan acostumbrados a internet que les sorprendió que les asesorásemos con el producto que necesitaban", cuenta.

La paradoja está servida: una tienda que llegó a vender a distancia cuando los pedidos viajaban en autobús encuentra ahora su principal ventaja competitiva precisamente en aquello que no puede ofrecer una compra online: el trato personal.

Una cuarta generación que puede ser la última

Pese a haber superado guerras, cambios económicos, transformaciones del comercio, una pandemia y la llegada de internet, el futuro del negocio no está garantizado. Modesto ya advertía en El Correo Gallego de que, salvo cambios de última hora, su generación será la última al frente de la tienda.

La continuidad familiar parece, por tanto, tener fecha de caducidad. Pero queda una historia que resume más de un siglo de comercio en Santiago: una armería que se convirtió en tienda de deportes, que vendió máquinas de coser, maletas, material de pesca y camping, que llegó a servir vino y que durante décadas utilizó los autobuses como una primitiva red de distribución.