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La realidad de una escuela rural de Ourense que tiene cuatro alumnos por aula: “Es un error pensar que no está al nivel, todo lo contrario”

La ratio de referencia en los colegios rurales se sitúa en 18 alumnos por aula
La ratio establecida en los colegios rurales se sitúa en 18 alumnos por aula. EUROPA PRESS
  • El colegio Os Blancos, en Ourense, tiene 26 estudiantes, agrupa hasta tres cursos en una misma aula y en algunas asignaturas troncales son solo 4 alumnos por aula

  • Sus docentes defienden que este modelo permite una atención más personalizada y reclaman que las escuelas rurales sigan siendo una pieza esencial frente a la despoblación

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Cuatro alumnos pueden parecer pocos para llenar un aula pero en el colegio rural Os Blancos, en Ourense, son suficientes para que las clases funcionen y, según sus profesores, también para ofrecer una atención que sería difícil de mantener en un grupo mucho más numeroso.

El centro cuenta este curso con 26 alumnos y organiza parte de sus clases agrupando estudiantes de diferentes edades. En una misma aula conviven niños de 1º, 2º y 3º de Primaria, mientras que en otra comparten espacio los de 4º, 5º y 6º. Lejos de considerar esta organización un problema, sus docentes defienden que puede convertirse en una oportunidad: “La realidad es que todo son ventajas”, explica Dunia Damota, tutora y profesora de inglés del colegio Os Blancos.

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Grupos pequeños y más atención

La reducida matrícula permite además realizar desdobles en materias troncales, como Lengua, Matemáticas o Lingua Galega. En determinados momentos, explica Damota, llegan a trabajar con grupos de apenas cuatro alumnos.

El resultado es una enseñanza mucho más individualizada: “La atención es muy personalizada, como si fuese una clase con un profesor particular”, señala la docente.

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Una de las particularidades del modelo es que los alumnos más pequeños comparten parte de su aprendizaje con compañeros que tienen varios años más. Para Damota, esto no supone un lastre, sino todo lo contrario: los niños que avanzan con mayor rapidez pueden familiarizarse con contenidos de cursos superiores al escuchar las explicaciones dirigidas a sus compañeros.

También se aprecia en el desarrollo de la autonomía. “En Infantil y los primeros cursos de Primaria se nota mucho más la autonomía que van ganando los niños que comparten aulas con niños de cursos superiores; es como tener en casa hermanos mayores”, explica la docente

La profesora destaca además el papel que puede desempeñar este tipo de escuela para los estudiantes que necesitan una atención educativa más específica. Según explica, los alumnos con necesidades especiales pueden beneficiarse especialmente de trabajar en grupos reducidos y recibir un seguimiento más cercano. “Acaban superándola mucho más rápido debido a esa atención personalizada que en un aula con 25 alumnos es inviable”, sostiene. La experiencia posterior de los estudiantes también es una de las referencias que utilizan los docentes para valorar el modelo: “El feedback que recibimos de los profesores del instituto suele ser muy bueno”, apunta Damota.

La cara educativa de la despoblación

El ejemplo de Os Blancos se enmarca en un momento en el que la pérdida de población infantil está poniendo en dificultades a algunas escuelas rurales gallegas. La baja matrícula ha llevado a la Xunta a anunciar recientemente el cierre de cuatro escuelas unitarias por falta de alumnos y sin previsión de que la situación vaya a cambiar.

La situación es especialmente visible en el interior de Ourense, donde algunos centros afrontan cada curso con grupos muy reducidos. Pero para quienes trabajan en estas escuelas, las cifras de matrícula no cuentan toda la historia. “Es un error pensar que las escuelas rurales no están al nivel de otras escuelas, es justo al revés”, defiende Damota.

El propio tamaño del centro permite además establecer una relación más estrecha con las familias. “El trato que tienes con las familias es muchísimo más personal”, explica la profesora. Una cercanía que, en su opinión, termina convirtiendo al colegio en algo más que un lugar al que acudir cada mañana: “Somos como una gran familia”.

Mantener abiertas las escuelas para mantener vivos los pueblos

La enseñanza rural también tiene sus limitaciones. Damota reconoce que algunas actividades pueden resultar más complicadas cuando no hay suficientes alumnos para formar equipos, por ejemplo, en Educación Física. Pero, más allá de esas dificultades, desde Os Blancos reivindican que el número de niños de un colegio no debería ser el único indicador para valorar su utilidad. Mantener estos centros supone garantizar que los niños puedan escolarizarse cerca de sus casas y contribuir a mantener servicios básicos en localidades con una población cada vez más envejecida.

La ratio de referencia en los colegios rurales se sitúa en 18 alumnos por aula, aunque en centros como Os Blancos los grupos son inferiores a esa cifra.

En un territorio marcado por la caída de la natalidad, la escuela rural afronta así una doble realidad: necesita alumnos para garantizar su continuidad, pero precisamente sus grupos reducidos permiten ofrecer un modelo educativo que sus docentes consideran una de sus principales fortalezas. Para Damota, la conclusión es clara: la escuela rural no es una versión reducida de la educación urbana, sino un modelo con características propias que puede ofrecer ventajas precisamente gracias a su pequeño tamaño.