El proyecto "Siete Vidas" arrancó en 2015 en El Carmen y más de una década después los gatos negros se han extendido a otros barrios como Benimaclet o El Cabanyal
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Se han convertido en una imagen reconocible del paisaje urbano de Valencia. Son pequeñas siluetas de gatos negros presentes en numerosas calles que nos acompañan en los paseos por la ciudad. Detrás de estas imágenes está la artista local Julia Lorenzo, conocida como Julia Lool. "Empecé en 2015 como un proyecto de arte urbano en el que yo quería llenar un espacio de la noche a la mañana de un elemento que se repitiese. Elegí el gato negro porque es un animal callejero y el Carmen porque antes se conocía como el barrio de los gatos. Además, es un animal que llama la atención y tiene ese componente de superstición de tentar a la suerte", explica.
Desde entonces, ha perdido la cuenta de las siluetas que ha pegado en las paredes de la ciudad. "Me gustaría saberlo, pero son miles", asegura. Una cifra que como su arte es efímera porque las imágenes están sujetas a variables como el paso del tiempo. "Su duración depende de las condiciones meteorológicas, pero también de la acción humana porque hay ciudadanos que las arrancan porque les gustan para llevárselas o porque sencillamente no les gustan. Entonces aparecen y desaparecen, que eso también me parece interesante porque muchas veces si está siempre algo en un mismo lugar, de repente se hace invisible".
Lo cierto, es que más de una década después, el proyecto "Siete vidas" se ha extendido a otros barrios como Benimaclet o El Cabanyal, también con la participación activa de los propios ciudadanos. "Tengo siete siluetas diferentes. A veces vienen vecinos a decirme que ponga un gato en su calle o un comerciante que quiere que lo ponga junto a su tienda", asegura Julia, a la que hace especial ilusión un juego que han creado los más pequeños. "Las niñas y los niños juegan en la calle a buscar las figuras y a contarlas. Me parece muy chulo".
"Despertar a la gente"
Los gatos de Julia no son una simple imagen decorativa, la artista busca la interacción con los vecinos y llamar su atención. "Las personas vamos en nuestro camino diario por la ciudad en modo automático, ensimismados mirando las pantallas y de repente aparece un gato que llama tu atención sobre una calle en la que nunca te has fijado, te despierta. Esa es la esencia del proyecto, llevarte al presente, al ahora", explica.
Una iniciativa que ha saltado de las calles a las casas. "En mi trabajo final de carrera hice una línea de diseño de productos en la que pasaba este proyecto urbano a productos. Entonces, hago esculturas hechas en madera y las diferentes siluetas de los gatos las puedes encontrar en camisetas, en bolsas, en chapas o en imanes".
Unos gatos negros que también han llegado a las fiestas de las fallas, en las que Julia ha colaborado con una comisión del barrio de El Carmen. "La falla de San Miguel hizo un monumento en el que trataba la situación de la vivienda, de cómo los vecinos están siendo expulsados del barrio por la especulación inmobiliaria y los gatos también son vecinos, son parte de esa comunidad que se ve obligada a dejar sus calles".

