El pequeño Iker alertó a una médica que estaba en un bar cercano y permitió que comenzase una reanimación de urgencia
La rápida intervención de la sanitaria y un policía fuera de servicio permitió reanimar a su padre tras dos paradas cardiorrespiratorias
La reacción de Iker, un niño de ocho años, fue decisiva para salvar la vida de su padre, Luis, después de que sufriera un infarto en el bar que regenta junto a su mujer en Vigo. El menor salió corriendo en busca de ayuda mientras su madre se encargaba de atender al marido, que en la caída se había hecho un corte y sangraba. El niño tuvo la fortuna de encontrar a una médica que estaba en un establecimiento próximo viendo un partido de fútbol y que además conocía de antemano. Su rápida actuación permitió que comenzasen las maniobras de reanimación y que el hombre recibiese asistencia hasta la llegada de una ambulancia.
Según expone La Voz de Galicia, todo ocurrió el pasado 20 de octubre, poco antes de las nueve de la noche, en el bar La Esquinita, situado en la calle Regueiro de Vigo. Mientras el pequeño jugaba en el local, su padre se desplomó. Rosy, su madre, trató de auxiliarlo y le pidió al niño que buscase ayuda.
Iker no dudó. Salió a la calle, intentó llamar la atención de los conductores y se dirigió a otro bar del barrio, donde sabía que se encontraba Pilar Rúa, una médica de familia del centro de salud Pintor Colmeiro.
El grito de auxilio que puso en marcha el rescate
La facultativa estaba viendo por televisión el partido de fútbol entre el Barcelona y el PSG cuando el niño irrumpió en el establecimiento. Su reacción fue inmediata al escuchar la desesperada petición del pequeño: “Por favor, mi papá está muerto en el suelo”.
Pilar Rúa corrió hasta La Esquinita para atender al hombre. En el mismo local había dos clientas que trabajaban como enfermeras en el cercano Hospital Povisa y que se sumaron a las maniobras de reanimación.
La situación era crítica. Luis había entrado en parada cardiorrespiratoria y presentaba signos de falta de oxígeno. La médica consiguió reanimarlo, pero poco después sufrió una segunda parada, por lo que fue necesario continuar con las maniobras de emergencia.
La ayuda también llegó de dos policías que se encontraban fuera de servicio. Uno de ellos se desplazó hasta la comisaría, situada a unos 300 metros, para recoger un desfibrilador externo automático (DEA). El dispositivo permitió a la médica actuar de nuevo y, tras las descargas, el paciente comenzó a respirar.
Pilar Rúa continuó atendiéndolo hasta que llegó la ambulancia, que trasladó al hombre al hospital. Durante esos minutos, la coordinación entre la facultativa, las enfermeras y los agentes resultó fundamental para mantenerlo con vida.
Los médicos destacan la reacción de Iker
La mujer de Luis recuerda aquellos instantes como momentos de enorme angustia. “Mi marido volvió en sí. Fueron momentos muy difíciles porque él se iba y volvía. Con el desfibrilador, consiguieron estabilizarlo”, ha explicado Rosy a la cabecera local.
La médica también ha destacado la rapidez con la que actuó el pequeño. Para Pilar Rúa, Iker fue una pieza clave en el rescate, al comprender que su padre necesitaba ayuda urgente y salir a buscarla sin perder tiempo.
La facultativa considera, además, que enseñar primeros auxilios y reanimación cardiopulmonar en los colegios puede ayudar a que los niños sepan cómo reaccionar ante una emergencia y pierdan el miedo a pedir ayuda o intervenir dentro de sus posibilidades.
Luis permanece ingresado en el Hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo. Según ha contado su mujer, los médicos le trasladaron que la actuación de su hijo había sido muy importante para evitar que sufriese daño cerebral por la falta prolongada de oxígeno.
La rápida reacción del niño permitió activar una cadena de ayuda que, en cuestión de minutos, reunió a una médica, dos enfermeras y dos policías. Una intervención conjunta que dio a Luis una oportunidad de sobrevivir y que ha convertido a Iker, con solo ocho años, en el héroe de su colegio de Vigo.
