Fukushima, lejos de la normalidad 10 años después de un desastre que puso en tela de juicio la energía nuclear
Hasta 20.000 personas murieron en el accidente nuclear de Fukushima
Ni el 3% de la población de la zona ha podido regresar a sus hogares
Los expertos aseguran que la seguridad nuclear ha mejorado mucho
Hoy Japón ha guardado silencio a la misma hora en la que se produjo el tsunami. Una tragedia que provocó el devastador accidente en su central nuclear. Cerca de 20.000 personas perdieron la vida. Ocurrió hace justo una década y ni el 3% de sus habitantes ha podido regresar a sus hogares.
El de la central nuclear Daiichi de Fukushima es uno de los peores accidentes nucleares de la historia.
La cadena de acontecimientos que se produjo aquel 11 de marzo al mediodía a raíz de un intenso terremoto de magnitud 9 en la escala Richter dejó cerca de 18.000 muertos y un panorama desolador que pondría en tela de juicio la seguridad de la energía nuclear en todo el mundo.
A pesar de que el sistema de seguridad de la planta respondió adecuadamente tras el seísmo --al contrario de lo que sucedió en Chernóbil en 1986--, las olas de unos quince metros de altura golpearon la central y provocaron inundaciones que llevaron a tres fusiones nucleares y a la liberación de grandes cantidades de contaminación radiactiva.
Ahora, una década después, los científicos siguen hallando nuevas partículas que podrían revestir una alta peligrosidad para la población y que habrían sido liberadas por uno de los reactores de la planta de Daiichi, que colapsó ante el accidente.
Según un nuevo estudio publicado por la revista científica 'Science of the Total Environment', el hallazgo de estas nuevas partículas ayudará a conocer mejor el escenario de la catástrofe para obtener información sobre las condiciones atmosféricas en el momento en que explotaron los reactores. El objetivo es determinar así las posibles consecuencias a largo plazo sobre la salud.
Los pescadores esperan poder volver a faenar
A diferencia del accidente de Chernóbil, las partículas liberadas en Fukushima fueron vertidas principalmente al mar y no a la atmósfera, lo que podría disminuir considerablemente el riesgo sanitario. No obstante, esto ha hecho del sector pesquero una de las principales víctimas de la catástrofe en términos económicos y laborales.
El primer año tras el seísmo más de la mitad de los ejemplares pescados presentaban altos niveles de un isótopo radiactivo del cesio y excedían el baremo fijado a nivel nacional.