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"Los peces tienen solo tres segundos de memoria": los experimentos que desmontan una creencia popular

Este mito ha influido en la forma en la que se cuidan a los peces
Este mito ha influido en la forma en la que se cuidan a los peces. Pixabay
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MadridMuchas personas piensan que los peces, en especial los de colores, tienen mala memoria y no pueden almacenar recuerdos. De hecho, existe la idea de que solo tienen una memoria de tres segundos. No obstante, esto no es más que un mito que ha conseguido extenderse por todo el mundo.

La ciencia lleva décadas demostrando que esta afirmación es falsa. Los peces no solo recuerdan durante más de unos segundos, sino que pueden aprender, retener información durante semanas o meses e incluso modificar su comportamiento en función de experiencias pasadas.

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¿De dónde surge este mito?

El mito de los “tres segundos de memoria” no tiene un origen científico claro. Todo apunta a que se trata de una simplificación que se popularizó con el tiempo, posiblemente reforzada por la imagen de los peces como animales simples y poco inteligentes.

Durante años, la ciencia ha prestado más atención a la cognición de los peces que a la de otros animales. Esto ayudó a que la idea de que eran animales con capacidades limitadas se consolidara. Sin embargo, algunas investigaciones más recientes han cambiado completamente esta percepción: se sabe que tienen habilidades cognitivas complejas como aprendizaje, memoria y reconocimiento de estímulos.

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¿Qué dicen los experimentos científicos?

Los estudios sobre memoria en peces han sido claros y consistentes afirmando que su memoria dura mucho más de dos segundos. Uno de los ejemplos más conocidos es el de los peces dorados (goldfish), que han sido objeto de numerosos estudios. En distintos experimentos se ha demostrado que pueden aprender tareas mediante esfuerzo, recordar rutas en laberintos y asociar estímulos con recompensas.

En un experimento clásico, los peces fueron entrenados para realizar una acción concreta a cambio de comida. Tras un periodo de tiempo sin entrenamiento, fueron capaces de recordar dicha tarea, lo que demuestra que su memoria no es efímera.

Los peces tienen una notable capacidad de aprendizaje. Se ha observado que pueden aprender mediante ensayo y error, asociar señales con recompensas e imitar comportamientos de otros peces. En algunos experimentos, por ejemplo, los peces han sido capaces de aprender tareas observando a otros individuos, lo que demuestra aprendizaje social.

En un famoso estudio, los peces incluso aprendieron a accionar un mecanismo para obtener alimento y lo hacían solo en determinados momentos del día, lo que sugiere que incluso pueden percibir el paso del tiempo.

Otros estudios han ido aún más lejos. Investigaciones recientes indican que los peces pueden recordar información durante semanas o incluso meses. La memoria puede extenderse más allá dependiendo de la especie. Se han documentado comportamientos que implican recuerdos de varios meses o más, especialmente relacionados con la supervivencia, como evitar depredadores o localizar alimento.

Los peces pueden recordar lugares donde encontraron comida, evitar zonas donde han sufrido un ataque o reconocer patrones o señales durante largos periodos. En algunos experimentos, especies como los cíclidos han demostrado recordar estímulos durante al menos 12 días sin ningún tipo de esfuerzo.

Otros estudios muestran que peces como las carpas o los salmones pueden recordar experiencias durante meses, lo que permite que puedan adaptar su comportamiento a largo plazo. Esto tiene mucho sentido desde un punto de vista evolutivo: en la naturaleza, recordar dónde se encuentra el alimento o evitar peligros puede marcar la diferencia entre sobrevivir o no.

¿Por qué este mito parece tener sentido?

A pesar de que la evidencia científica ha desmontado la idea de que los peces tienen solo unos segundos de memoria, el mito sigue resultando convincente para muchas personas. En parte, esto se debe a cómo percibimos su comportamiento. A diferencia de otros animales, los peces no muestran expresiones faciales ni tampoco respuestas emocionales que los humanos puedan reconocer fácilmente. Su forma de moverse, también, puede dar la impresión de que están desorientados o que olvidan constantemente lo que acaban de hacer.

A esto se suma el contexto en el que solemos observarlos. Muchos peces viven en peceras diminutas y poco estimulantes, donde su entorno apenas cambia. En estas condiciones, es normal que se tengan que repetir movimientos o rutinas. Sin embargo, esto no es una señal de falta de memoria, está causado por un entorno limitado. Este comportamiento ha reforzado la idea de que su mente es simple o poco desarrollada.

La simplicidad del mito también ha jugado un papel importante. Decir que un pez tiene “tres segundos de memoria” es una explicación sencilla y fácil de transmitir, lo que ha favorecido su difusión durante generaciones.

Pero esta creencia ha tenido sus consecuencias en los peces, ya que ha influido en la forma en la que las personas los perciben y tratan. Sin embargo, los estudios muestran que los peces son capaces de aprender, reconocer patrones e incluso aburrirse si su entorno es demasiado pobre.

Hoy en día, cada vez más expertos en comportamiento animal insisten en que los peces necesitan cuidados adecuados, estimulación y espacio suficiente para poder desarrollar comportamientos naturales, por lo que desmontar este mito no solo es importante desde un punto de vista científico, sino también para mejorar su bienestar.