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Gaby Pérez, tanatóloga, explica cuándo es el momento adecuado para tener un animal de compañía tras haber perdido a uno recientemente

Gaby Pérez Islas. Cortesía
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Aunque hay muchos animales de compañía sin censar, se calcula que en España hay unos 20 millones, siendo los perros, en primer lugar, y luego los gatos los más numerosos. Y la tendencia es al alza, según asegura la Asociación Nacional de Fabricantes de Alimentos para Animales de Compañía (ANFAAC). Cada vez es más común que en un hogar haya un animal y, para muchos, son como parte de la familia. Su esperanza de vida puede superar los 15 años, llegando en algunos casos, a los 20 años. Que convivamos con ellos significa que en algún momento tendremos que decirles adiós, ya sea por su muerte por enfermedad, por un accidente o por vejez. El éxito de cementerios de animales, como el que se abrió en Málaga, confirman que nos importa mucho también cómo terminen su vida. De ahí que también sea una tendencia creciente que muchas empresas estén otorgando bajas por la muerte de mascotas.

Quien ha vivido la muerte de un animal al que quería mucho sabe que transitar ese duelo no es sencillo, duele igual o más que cuando muere un ser humano. Entonces, ¿por qué nos atrevemos a juzgar el dolor de una persona que ha perdido a su perro o su gato? ¿Por qué no entendemos que ese duelo puede alargarse más de lo que se entiende por lo normal? El sufrimiento por la pérdida de una mascota suele ser minimizado o incomprendido por los demás. Pero si el amor es real, el dolor es real. Así lo asegura una de las tanatólogas más prestigiosas de México, Gaby Pérez Islas. Quizá muchos la conozcan por su trabajo en el duelo entre seres humanos, ya que es autora bestseller 'Cómo curar un corazón roto' (Diana, 2023), que contiene ideas para sanar la tristeza de una pérdida. Sin embargo, ahora da un paso más y, tras su experiencia sobre todo después de la pandemia, se ha especializado en acompañar también a personas que han perdido a un animal de compañía o están en el proceso. En 'Tu huella en mi vida' (Diana, 2026), nos acompaña a transitar y trabajar la ausencia de nuestros mejores amigos, ya sean perros, gatos, peces o animales de otras especies pero desde el cariño y sin culpa.

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Pregunta: ¿Cuándo surge la idea de escribir este libro?

Respuesta: La motivación surgió durante el Covid cuando me di cuenta del dolor tan grande y de cómo de importantes se volvieron entonces los animales de compañía. Cada vez llegaban a mi consulta más personas que habían perdido un animal de compañía y que sentían que era un duelo silente y legítimo, pero un dolor muy grande. Lo primero que me decían es que seguro yo había visto pérdidas peores. Pero, ¿cuál es la peor pérdida de todas? La que te ocurre a ti, la que tú estás viviendo en el momento.

Empecé a avanzar el libro y me mudé a España, y fue entonces cuando terminé de escribirlo.

P: En México tenéis un concepto de la muerte distinto al que podemos tener en España. Ahora tú tienes las dos visiones. En ese sentido, ¿crees que es distinto el duelo a la muerte que tenemos en Europa?

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R: En México tenemos una gran cultura alrededor de la muerte y una celebración que es el Día de los Difuntos o Día de los Muertos, es verdad, pero le tenemos el mismo miedo que vosotros. La muerte nos sigue imponiendo. Cuando la muerte toca a la puerta de nuestra casa y le toca a un ser querido nuestro, lo sufrimos con el mismo dolor, la misma parte de drama. Igual que vosotros...

P: Siempre has estado dedicada al duelo entre humanos, pero ahora hay un nuevo enfoque que es el del duelo por la muerte de un animal querido. ¿Qué diferencia hay para ti? Si es que la hay...

R: Llevo 27 años de ejercicio profesional, los siete libros anteriores hablando sobre la muerte de un padre, la muerte de una madre, de un hijo, etc. Ahora tenía que darle este lugar a la muerte de un animal de compañía. Porque no es lo mismo que fuera el libro escrito por un doliente, alguien que cuenta su historia, que es muy válida y es muy interesante, pero en esta ocasión es un experto en dolor. quien habla. La sociedad trata de hacer pequeño este dolor en lugar de hacer grande a la persona, que eso es lo que debemos hacer cuando alguien está en duelo. Pero, en vez de eso, nos metemos con ese dolor, lo juzgamos, le decimos que no es para tanto, que están exagerando, que el duelo ha durado demasiado o que es solo un perro o un gato. Pero lo que no estamos viendo es que ese perro o ese gato forma parte de la familia de la persona.

Y, respondiendo a la pregunta si es el mismo duelo, sí, son iguales porque pasamos por las mismas etapas pero con diferente intensidad y duración. El proceso pudiera ser el mismo, pero la intensidad y la duración de las etapas en un duelo bien manejado, pues son menores en el duelo por un animal de compañía, por la simple y sencilla razón que sabemos que la vida de los animales de compañía es más corta que la nuestra. 

P: ¿Cuál es el trabajo de una tanatóloga en este camino?

R: Tenemos dos campos de acción, y yo trabajo en ambos. Trabajo con enfermos terminales, soy dula de muerte, acompaño a alguien en los momentos finales de su vida, a quitarle los miedos y a mover la esperanza. Y también, acompaño a las personas que han perdido a alguien. Les doy ese empujón cariñoso para que retomen su vida después de haber tenido una pérdida.

No es una terapia larga, no somos psicólogos ni somos psiquiatras, hacemos una intervención en crisis y un acompañamiento. Es una terapia corta, muy sanadora, porque cuando nos quedamos con nuestras propias ideas con respecto al duelo, podemos caer en culpas y en deberías.

P: ¿Qué es aquello que has visto en el duelo de animales de compañía que has visto que ayuda más a la persona?

R: Lo que más ayuda es hablarlo, pero no hablarlo con cualquiera, porque no todo el mundo merece nuestra historia. Ir por ahí contando tu dolor cuando alguien lo va a minimizar, se va a burlar... Eso lo que hace es revictimizar y aislar a la persona, una cosa cosa que es muy peligrosa en un duelo. Entonces, conviene hablarlo con las personas adecuadas, personas que quieran a los animales también, personas que sepan sobre el proceso de duelo y personas que te quieran bien a ti. Te ayuda también no tratar de reponer o sustituir. Por ejemplo, cogiendo otro cachorro o regalártelo como para quitarte la tristeza. Eso es objetivizar tu afecto y no es sustituible. Para eso hay que esperar...

Lo que sí ayuda es hacer un pequeño homenaje: hacer una placa, imprimir sus mejores fotografías, escribir... Es decir, honrar el lugar que ha ocupado en la familia, creo que ese es el camino que tenemos que seguir.

P: Imagino que cada vez más personas que te piden ayuda para este tipo de duelo en consulta... 

R: Sí, es una tendencia creciente desde la pandemia sobre todo. Ahí fue donde empezaron a llegar a mis consultas. ¿Por qué? Porque la sociedad actualmente nos permite la convivencia con los animales y, además, la fomenta. Te permiten llevarlos a bordo en un avión, te permiten que coman contigo en un restaurante, hay cada vez más tiendas que son 'pet friendly', etc. Lo que pasa es que a la hora de sufrir por ellos, entonces, hay que pasar página rápida. Hay mucha prisa porque no haya dolor. Y cuando el amor es real, el dolor también lo es. Y hay que atravesarlo y darle su espacio.

P: Quizá también ayude que los grandes mandatarios expresen el amor a sus animales. Me viene a la cabeza la Reina de Inglaterra, Isabel II, que tenía casi una corte de perros que la acompañaban siempre.

R: Sí, en el Museo del Prado se puede ver cómo desde hace siglos los perros acompañaban a la realeza. Era parte de su poder y del estatus que tenían. Y sí, en efecto, hasta para ser perro se tiene que tener suerte porque los perros en Buckingham, mira qué bien vivían. Hoy hay una tienda dedicada a artículos para perros dentro del palacio. En muchas culturas los animales han tenido otra función, por ejemplo, para los egipcios son animales sagrados. En la cultura en México, el xoloitzcuintle, es el perro que te va a guiar por el camino del inframundo. Siempre han tenido un lugar, pero lo que no ha tenido un lugar ha sido el dolor al perderlos.

Hoy hay cementerios de mascotas. Hoy hay servicios funerarios para las mascotas. Hemos avanzado porque ya se les da días libres a los trabajadores cuando han perdido a un animal de compañía y antes esto era impensable. Pero seguimos llevando su dolor muy en silencio sin querer incomodar con nuestra pena...

P: Lo has comentado anteriormente, pero ¿por qué no recomiendas tener otro animal de compañía al poco tiempo del fallecimiento?

R: Cada animal que llega a nuestra vida tiene derechos, y tiene derecho a recibir una buena vida. Si tú lo vas a adoptar, es para darle lo mejor. Cuando tú tienes el corazón roto, estás más en una situación de pedir que de dar. Los animales son de una generosidad impresionante y ellos siempre darán, pero merecen recibir. Me parece que los animales no deben de ser un regalo, porque no son un objeto, no es algo para consolarte. Debemos de escogerlos nosotros, porque son relaciones a largo plazo, son vínculos que se tienen que generar. Como dice una frase, "cuando el alumno está listo, el maestro aparece". Hay que vivir el duelo y cerrarlo, y cuando estés preparado para el gran compromiso que supone tener un animal, entonces sí.

P: ¿Y qué hacemos con las cosas cuando se van? Es uno de los momentos más difíciles...

R: Correcto, porque es un recordatorio tangible de que no va a volver. Conservar el plato, la camita, fomenta la negación, que es la primera etapa en el proceso de duelo. Mi recomendación es ser generoso con todos esos objetos, podemos donarlos, regalarlos o dárselos a alguien que los necesite más. Eso sí, siempre recomiendo guardar "objetos tesoro", que pueden ser su plaquita, su collar, a lo mejor el jersey favorito... Son objetos de gran valor, pero necesitamos avanzar en el duelo y salir de la negación, por lo tanto, lo mejor es quitar las cosas.

P: ¿Lo recomiendas hacer al poco tiempo, cuando han pasado unos días, meses... o cuándo crees que es lo ideal?

R: Es verdad que lo tienes que hacer cuando estés listo, pero también hay que darles un empujón a las personas, la experiencia me dice que si se quedan ahí más de seis meses se convierte en un altar de las cosas, estás convirtiendo las cosas en tótems, en lugares sagrados, que ya no quieres mover. Si no lo haces pronto, después vas a sentir terriblemente culpable al hacerlo. Hay que hacer las cosas sin prisa pero sin pausa. Eso es lo sano, transitar todas las etapas del duelo y no quedarte detenido en ellas.

"En un acto de correspondencia al amor incondicional que hemos recibido de ellos, nos toca ser la voz del que no puede hablar y acompañarlos en esos últimos momentos"

P: También se alargan procesos de eutanasia, no es fácil decirle adiós a un animal que tanto hemos querido y cuidado...

R: Yo creo que hay que seguir la voz del veterinario, porque son ellos los que te dicen y te indican. La resistencia y el aguante que tienen para el dolor los animales, especialmente los perros, es enorme. Pero eso no significa que no haya dolor. No porque carguen el peso bien y sepan cómo llevar la carga significa que no duela. Nosotros, en un acto de correspondencia al amor incondicional que hemos recibido de ellos, nos toca ser la voz del que no puede hablar y acompañarlos en esos últimos momentos.

En el libro explico cómo llevar a cabo esto bien para que no te quede culpa, para que no te quede el sentimiento de que acortaste una vida, sino de que no prolongaste una agonía.

P: Claro, hay mucha gente que no se queda en la misma sala en la que se practica la eutanasia. ¿Cuál es tu opinión al respecto?

R: Creo que es bastante recomendable estar. Es muy doloroso, porque les amamos muchos, pero nuestra presencia les da paz. Las personas que les acompañan hasta el final lo recuerdan con satisfacción por haber cumplido, por pensar "yo estuve ahí para él", tuve ese privilegio. Hay personas que hasta incluso les han visto nacer, ¿cómo no les van a acompañar en su muerte? Ellos sienten nuestra tristeza y también el agradecimiento. El amor le gana el dolor y uno sobrevive la muerte de un ser querido. Si tuviéramos esa certeza absoluta, viviríamos con menos miedo. 

P: Qué pasa cuando es la persona la que fallece. ¿Cómo hace el duelo el animal? ¿Cómo podemos ayudarle?

R: Los animales también necesitan hacer un cierre. Por instinto, ellos entienden la muerte. Pero si les dejas olerla, si les dejas estar ahí presentes, la entienden. Como tanatóloga que acompaña a enfermos terminales, te diré que para la persona que está muriendo, su gato o su perro son muy importantes. Ese vínculo les hace bien a ambos. Y, cuando ha fallecido, hay que dejar al animal entrar, estar encima del cuerpo, olerlo, porque así llevarán el duelo mucho mejor. Sino

Cuando no les permites esto, puede pasar como el clásico caso que conocemos de Hachi, del perro Hachiko en Japón, que se quedó en la estación de Shibuya esperando a su teniente años, porque nunca, nunca pudo cerrar ese ciclo. También ellos se pueden quedar con una huella de abandono si no les permites cerrar eso. Es posible que durante un tiempo quizá no van a comer bien, van a estar buscando, van a ir a donde están las cosas de la persona que falleció, pero merecen también una explicación y cuidar, en ese sentido, sus necesidades.

P: ¿Qué ocurre cuando hay varios animales en casa y uno de ellos fallece?

R: En este caso también atraviesan su propio duelo. Si no pueden estar u oler el cadáver porque lo cremamos, después hay que llevar esa urna con las cenizas a que el resto de la manada las huela. Es la manera de que entiendan que no va a volver. La comprensión que tienen los animales de la muerte es increíble. Ellos no tienen conciencia de que ellos van a morir, pero entienden cuando algo se acabó. Y claro, lo van a buscar y se entristecen y requieren muchos cuidados amorosos. La afectividad y el contacto físico con los animales es muy sanador. Es sanador para los dos lados. Son terapeutas natos, son maestros de mindfulness. Son tan sabios que no necesitan hablar.