La avería silenciosa que puede multiplicar el consumo de combustible sin que el conductor lo note
Cuando falla la sonda lambda, también llamado sensor de oxígeno, el motor puede empezar a quemar mucho más combustible del necesario
Muchos coches están fallando más con el calor extremo por una misma razón, según los mecánicos
Hay una pequeña pieza metálica, de aspecto similar a una bujía, roscada en el tubo de escape del coche, que el conductor medio nunca ha visto y probablemente no sabría identificar si la tuviera delante. Se llama sonda lambda, el sensor de oxígeno, y cuando falla en silencio, el motor puede empezar a quemar mucho más combustible del necesario sin emitir ninguna señal evidente de que algo va mal. No hay humos que den la señal de alarma, ni tampoco hay ruidos inusuales o pérdida de potencia perceptible. Solo un depósito que se vacía más rápido, y un conductor que lo atribuye al precio del combustible, al calor, al tráfico o a cualquier otra explicación que suponga no pasar por el taller.
Qué hace exactamente y por qué su fallo pasa desapercibido
La sonda lambda es un sensor que mide la cantidad de oxígeno presente en los gases de escape y transmite esa información a la centralita electrónica del motor (ECU). Con esos datos, la ECU ajusta en tiempo real la mezcla de aire y combustible para conseguir una combustión eficiente. Es, en términos prácticos, el termómetro que regula cuánta gasolina o diésel inyecta el motor en cada instante.
Los vehículos modernos incorporan habitualmente dos sondas: una antes del catalizador, que ajusta la mezcla en tiempo real, y otra después, que verifica si el catalizador está funcionando correctamente. Cuando la primera de ellas empieza a fallar o a enviar lecturas erróneas a la centralita, el motor no recibe la información correcta para regular la mezcla. Cuando pasa, lo habitual es que la ECU inyecte más combustible del necesario, generando lo que los mecánicos llaman una mezcla rica, con exceso de gasolina, una combustión incompleta y unos niveles de consumo disparados.
Lo que hace especialmente traicionero a este fallo es que la ECU no siempre detecta el problema como un error crítico. Cuando uno de estos componentes electrónicos falla o envía datos erróneos, la ECU entra en pánico o en modo de emergencia, y su solución por defecto suele ser inyectar más combustible para proteger el motor. Para los expertos, muchas de estas averías no muestran síntomas evidentes como tirones o humos, pero están costándote dinero en cada viaje que realizas.
Los síntomas que sí aparecen
Cuando la sonda lambda comienza a deteriorarse, los síntomas que el conductor nota —si es que los nota— no parecen vinculados entre sí. Entre ellos podemos encontrar que se encienda el testigo de avería del motor, que aumente el consumo de combustible, que el motor de tirones o tenga un ralentí inestable. Lo mismo ocurre si hay dificultad para arrancar, o si se percibe una leve pérdida de fuerza al acelerar. El problema es que cualquiera de estos síntomas, aislado, se suele interpretar como otra cosa.
Además, este problema puede acabar siendo grave. Una sonda lambda averiada puede provocar daños en el catalizador o en otros sistemas del motor, generando un gasto en reparaciones mucho mayor si no se actúa a tiempo. El catalizador de un coche moderno puede costar varios cientos o incluso miles de euros. La sonda que lo protege, comparativamente, es una pieza barata.
Esto ocurre porque, cuando la mezcla es demasiado rica y no se corrige, el calor generado puede producir una falla térmica en el catalizador, fundiéndolo. En este caso, el sistema de escape puede quedar bloqueado parcialmente y la potencia del motor reducirse de forma significativa. La reparación derivada es aquí mucho más costosa que lo que habría costado haber sustituido el sensor a tiempo.
Cuándo se degrada y cómo detectarlo
La sonda lambda se deteriora principalmente por desgaste: el componente está expuesto de forma permanente a altas temperaturas, restos de combustible sin quemar, aceite contaminado e incluso refrigerante. Se recomienda revisar la sonda cada 30.000 a 50.000 kilómetros en vehículos más antiguos. RACE, por su parte, sitúa la vida útil habitual de este sensor en torno a los 100.000 kilómetros. El diagnóstico se realiza con un escáner OBD conectado al puerto de diagnóstico del vehículo, que lee los códigos de error almacenados en la centralita.
La DGT, en su portal de conducción eficiente, lo incluye entre las revisiones que cualquier conductor debería hacer con periodicidad: "Diagnosis del motor: detecta averías ocultas que producen aumentos en el consumo y emisiones contaminantes" . El mensaje es el mismo que el de los mecánicos, afirmando que hay averías que llegan sin llamar la atención, pero que vacían el depósito igualmente y deterioran el motor con la misma eficacia que las que sí se oyen.