Motor

Un fallo de mantenimiento que muchos pasan por alto puede terminar arruinando el motor del coche

Motor de un coche abierto en un taller
Motor de un coche abierto en un taller. Guardia civil
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Una pieza en el interior del motor de casi todos los coches modernos que ni se ve ni hace ruido ni da avisos, pero es responsable de que tu coche se acabe convirtiendo en un montón de chatarra de lo más cara. Nos referimos a la correa de distribución

Su función es tan trivial como demoledora en sus consecuencias, ya que se encarga de sincronizar el movimiento del cigüeñal con el del árbol de levas para que los pistones y las válvulas del motor se muevan en el instante preciso y no se golpeen entre sí. Cuando cumple su trabajo, nadie repara en ella. Cuando falla, la mayoría de los motores quedan destruidos en fracciones de segundo.

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La principal avería de la correa de distribución

La principal avería de la correa es su propia rotura, tanto por desgaste como por tiempo, y este componente no tiene ningún mantenimiento más allá de observar su estado. Y ese estado es difícil de comprobar. La correa se encuentra dentro del bloque motor, cubierta por una tapa protectora que la aísla del polvo y de la suciedad. Verla exige desmontar piezas. 

No se inspecciona en las revisiones rutinarias. No aparece en el cuadro de instrumentos. No enciende ninguna luz de advertencia cuando su goma empieza a agrietarse o sus dientes se desgastan. En la práctica, la única forma fiable de anticipar el problema es sustituirla antes de la estimación del fabricante de que va a romperse. Por kilometraje o por tiempo. Lo que se cumpla primero.

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Los intervalos de reemplazo varían según la marca, el tipo de motor y la generación tecnológica del vehículo. La mayoría de fabricantes recomienda cambiar la correa entre los sesenta mil y los ciento veinte mil kilómetros, y en algunos modelos recientes con materiales mejorados el intervalo se alarga hasta los ciento cincuenta o ciento sesenta mil kilómetros. 

En términos temporales, la horquilla habitual va de los cinco a los siete años, y en modelos más recientes puede alcanzar los diez. En general, se debe consultar el manual del vehículo y respetar el intervalo que el fabricante estipula para cada modelo concreto, sin extrapolar el criterio del coche del cuñado ni del anterior propietario.

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El error crítico a evitar

El error más frecuente no es olvidar el kilometraje. Es olvidar el tiempo. La correa está fabricada con una mezcla de caucho, fibra y materiales sintéticos que se degradan por envejecimiento aunque el coche apenas circule. Un vehículo que se utiliza solo los fines de semana y que en siete años no ha alcanzado los sesenta mil kilómetros necesita la sustitución igualmente, porque la goma se reseca y pierde flexibilidad. 

No es raro encontrar correas rotas en coches con muy poco recorrido pero muchos años de antigüedad, y esos casos son los que producen las facturas más dolorosas, con los propietarios intentando alargar años de uso del coche, pero encontrándose con un motor destruido antes de llegar a los cien mil kilómetros.

Consecuencias de la rotura de la correa

En los propulsores más antiguos, de baja relación de compresión y con un único árbol de levas en la culata, la rotura de la correa provoca únicamente la desincronización de las válvulas, la detención inmediata del motor y ningún daño estructural. Con remolcar el coche al taller y cambiar la correa, el motor recupera su funcionamiento habitual. La factura es asumible. 

En los propulsores modernos, sin embargo, con cuatro válvulas por cilindro, doble árbol de levas en la culata, altas relaciones de compresión y márgenes de tolerancia diseñados al milímetro, la ecuación cambia por completo. Cuando la correa cede, los pistones continúan su movimiento ascendente y golpean las válvulas que la desincronización ha dejado abiertas. El resultado es un catálogo de daños que pasa por válvulas dobladas, pistones agujereados, guías y asientos deformados, en muchos casos también la culata dañada. 

La reparación integral, con desmontaje completo del motor y sustitución de piezas mayores, alcanza con facilidad los tres mil o cuatro mil euros. En vehículos con más de diez años de antigüedad, ese importe suele superar el valor real del coche, y la salida más razonable acaba siendo el sacrificio del vehículo entero.

La operación preventiva, en comparación, es más barata. La sustitución de la correa de distribución oscila entre los trescientos y los ochocientos euros en la mayoría de los turismos, dependiendo del modelo, del taller y del país. 

Los mecánicos profesionales recomiendan aprovechar el desmontaje para cambiar el kit completo, no solo la correa: los tensores, las poleas y, cuando la propia correa acciona la bomba de agua, también esa pieza. Poner una correa nueva sobre un tensor viejo o una polea desgastada es una economía falsa que puede terminar con la correa nueva rota a los pocos meses por culpa de una pieza contigua que sí había cumplido su ciclo de vida. La diferencia de coste entre cambiar la correa sola o el kit completo suele ser modesta, mientras que el ahorro potencial en caso de fallo posterior es de miles.