Motor

Conducir de una determinada forma durante el verano puede hacer que el coche consuma bastante más combustible

Con el depósito en reserva. Telecinco.es
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Los datos que maneja la DGT coloca en un rango notablemente amplio el incremento de consumo que se puede experimentar durante los meses veraniegos respecto al mismo trayecto realizado en primavera u otoño. La horquilla que reflejan los estudios oscila entre un 10 y un 40% en escenarios extremos, y la mayor parte de ese coste adicional no responde a una subida de la temperatura ambiente, sino a un puñado de decisiones del propio conductor. Algunas son inevitables. Otras, sin embargo, admiten correcciones sencillas a través de pequeños ajustes en los hábitos.

La suma que multiplica

El primer factor es la carga adicional que el vehículo transporta durante la temporada de vacaciones. Cada cien kilos extra de peso se incrementa el consumo aproximadamente en un dos por ciento. De esta forma, un coche familiar cargado con maletas, sillas de playa, hielera, bicicletas plegables y equipaje de cuatro personas puede llevar con facilidad ciento 300 kilos por encima de su peso habitual. 

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El motor tiene que compensar ese sobrepeso en cada arranque, en cada aceleración y en cada pendiente, con la penalización proporcional en litros por cada cien kilómetros. Lo que se puede hacer para minimizar este gasto extra es planificar el equipaje con antelación, seleccionar solo lo imprescindible, distribuir el peso de forma homogénea entre maletero y espacio inferior y no cargar por inercia objetos que quedaron guardados durante todo el año.

El segundo factor sería la resistencia aerodinámica que llega por culpa de la baca, cofres y portaequipajes. Un estudio cifró en aproximadamente un 0,8% el sobreconsumo asociado a unas barras de techo simples sin carga, y en hasta un 25% cuando se instala un cofre cerrado. Con esto, un vehículo que consumía ocho litros cada cien kilómetros pasa a consumir diez en las mismas condiciones. En un viaje de mil kilómetros, la diferencia se cifra en veinte litros adicionales de combustible. 

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Esta penalización no depende del peso transportado, sino del arrastre generado. Un cofre vacío, montado durante todo el verano por comodidad, consume prácticamente lo mismo que uno cargado.

La velocidad y su efecto multiplicador

La velocidad de circulación es la tercera variable de este consumo extra durante el verano, y su efecto interactúa directamente con la presencia de accesorios exteriores. Por debajo de los cincuenta kilómetros por hora, la penalización aerodinámica de un cofre o de una baca es marginal. Por encima de los noventa o cien kilómetros por hora, la resistencia del aire crece exponencialmente y el motor tiene que compensar cada aumento con un incremento desproporcionado de combustible. Conducir a ciento treinta kilómetros por hora consume aproximadamente un veinticinco por ciento más que hacerlo a cien. 

La combinación de un cofre cargado circulando a velocidad de autovía es la peor configuración posible para la eficiencia. Se recomienda moderar la velocidad a ciento diez o ciento veinte kilómetros por hora en trayectos largos y activar el control de velocidad para mantener el régimen del motor lo más estable posible.

Hábitos que hacen que salga más caro

A los tres factores principales se suman varios hábitos veraniegos cuya influencia individual es modesta pero cuya suma se contabiliza en la factura. Circular con la presión de neumáticos por debajo del valor recomendado por el fabricante incrementa el rozamiento con el asfalto y penaliza el consumo entre un tres y un cinco por ciento; el calor estival, al elevar la temperatura del aire interior de la rueda, altera la presión respecto al valor comprobado por el conductor en invierno, por lo que conviene verificarla en frío antes de cualquier trayecto largo. 

La conducción brusca, con aceleraciones intensas y frenazos innecesarios propios de la impaciencia veraniega ante los atascos de las rutas turísticas, puede añadir hasta un 15% adicional al consumo.

El uso del aire acondicionado, aunque compatible con una circulación eficiente cuando se mantiene entre los veintidós y los veinticuatro grados, se convierte en un multiplicador significativo cuando se fija por debajo de los dieciocho.